POR FREDDY FERNÁNDEZ • @FILOYBORDE / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

ÉPALE 235 FILO Y BORDEMi tío fue a Estados Unidos y regresó muy contento. Me contó que había visto gente que dormía en la calle, “pero eso sí, cada uno con una buena chaqueta” y, aunque no lo pregunté, me aclaró que no era que estaban en situación de calle. Me dijo que se trataba de trabajadores que vivían relativamente lejos y que les salía más barato dormir allí que pagar el transporte hasta sus casas.

Algo similar observé en Brasilia. A una cuadra del hotel donde me alojaba, en los alrededores de una estación de gasolina, vi unas 15 personas que dormían allí, bajo las estrellas, por decirlo con cierto tono romántico, para que no se note que estoy contando una realidad trágica. Pregunté a un amigo brasilero, a Phidias Barbosa, el porqué de esa situación. Su explicación fue sencilla, parecida al cuento de mi tío sobre los trabajadores cuyo sueldo no les alcanzaba para pagar el transporte. Phidias agregó que algunos carecían de vivienda porque venían de otras ciudades a probar suerte en la capital. Allá en Brasil descubrí que esa explicación, esa manera distante de mirar la miseria de los demás, se nos había borrado en Venezuela a partir de 1998. Antes de ese año, la percepción que teníamos los venezolanos sobre la situación de calle, sobre la pobreza, era similar a la de la mayoría de los ciudadanos del mundo. Es decir, no era nuestro problema.

En Francia es otro nivel, allí la miseria se puede vender. A la gente en situación de calle se les denomina clochard, palabra que puede sonar elegante para quienes no conocemos ese idioma. Uno de los souvenirs que usted podría comprar en París, para recordar ese viaje, es una imagen “graciosa” de un clochard. En la ideología de hoy, en la visión neoliberal que hemos permitido que nos impongan, casi todos nos entendemos como si fuéramos no una persona sino una empresa. Desde esa perspectiva, quien está en la pobreza o en situación de calle es simplemente un fracasado. Lo más curioso de las ideas en torno a la miseria es que cuando gobierna la derecha cada quien es responsable de su situación. Mi tío asume que nadie más tiene responsabilidad en el hecho de que unos trabajadores tengan que dormir en la calle. Otra cuestión sería si allí gobernara la izquierda. Estoy completamente seguro de que en el caso de que mi tío hubiese visto esa situación en Cuba habría dicho que eso demostraba el fracaso del gobierno, y le concedo razón. Con Chávez aprendimos eso y apuesto porque nunca se nos olvide. Quiero que cultivemos ese sentimiento de que, en efecto, es responsabilidad gubernamental la situación de miseria o de calle de todas las personas que lo padezcan. Ojalá que nuestra visión se convirtiera en universal. Sería interesante que en Estados Unidos, en Brasil y en Francia también se percibiera como fracaso de sus gobiernos el hecho de que cualquier persona padezca una situación de calle.

 

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