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EL ARQUEÓLOGO DE LOS DISCOS, MARCEL MÁRQUEZ, TAMBIÉN CONOCIDO COMO AFRORAIZZ HI FI, HABLA DE SU PASIÓN POR LA INVESTIGACIÓN MUSICAL. CON SOLO VER EL ENTUSIASMO QUE EXHALA, SABEMOS QUE EL CAMINO ES INFINITO

POR NATHALI GÓMEZ @LAESPERGESIA / FOTOGRAFÍAS HENRIETTA SALTES ZAMORA

I

Llego al encuentro con Marcel Márquez y está rodeado de sus tesoros: su chamo, Selva (la perra más aguerrida y dulce de la ciudad) y sus discos. Nos sentamos a la mesa: él, su computadora y yo. No hace falta más. Los discos de pasta, en el piso, están en fila a la espera de ese momento mágico de salir del estuche y entregarse a las sensaciones del ojo, del oído y del tacto de quien los toca. Aunque a Marcel lo conozco desde hace tiempo, descubro la faceta que más lo apasiona, desde hace unos 20 años: es un arqueólogo y antropólogo de viniles, un digger, como se conoce en inglés a los escavadores, según él mismo cuenta en su blog fuerzacosmicacaricari.blogspot.com.

Mientras hablamos me lo imagino hurgando en una de las pirámides de Teotihuacán, pero conformada de discos. De entre las ruinas de esa música que se niega a desaparecer, y que queda registrada en un círculo tan negro como un eclipse solar, emerge Marcel lleno del polvo y el hollín del puente de las Fuerzas Armadas, en el centro de Caracas. Aunque sus manos y su ropa están negras, encontró eso que tanto estaba buscando.

Recuerda su faceta de DJ y dice que ese oficio ya quedó en “otro plano” para darle paso al “coleccionismo, a la melomanía y la investigación”. Al irnos años atrás podemos ver a Afroraizz en alguna tarima de La Ruta Nocturna, de una fiesta, de la noche.

Llegar ahí le llevó tiempo. Cuenta que la movida de DJ en Caracas era sumamente cerrada y quien pinchaba un género no tenía la posibilidad de experimentar con otros. Hace unos 15 años comenzó a armar su equipo tras conocer el trabajo de unas chicas europeas que “mixturaban” distintos tipos de música en un mismo set, y que saltaban del punk al drum and bass, al rock psicodélico y al reggae. “Ahí dije, coño, esto es. Así sí”. Luego de esa experiencia viajó, se compró los platos, los discos y “ahí comienza mi real colección, en 2001”. Ese año se armó con trabajos de reggae y dub y “de ahí en adelante no paré”.

A partir de su descubrimiento Marcel trabajó en su propuesta, que al principio no fue entendida en la pista: nadie esperaba que en medio de una rumba pusiera dub, un tipo de género surgido del reggae en los 60, “muy lento, con mucho efecto y mucho deley”.

“Igual me traje de Estados Unidos discos de dance hall, que era el raggamuffin, un ritmo muy rápido como ‘de hacer el amor con la ropa’”. Desde ese momento comenzó a formar parte del nicho de los DJ de este género y fue uno de los pioneros de esa corriente en Caracas, mezclada con la salsa, que es su “influencia principal”.

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Escavador y escarbador

II

Como todo escarbador, no estaba satisfecho con lo hallado, quería ir por más. Esos años de dance hall y salsa no hablaban del “universo musical multicultural con ritmos de todos lados en mi cabeza. Me estaba aburriendo de mí mismo”. En ese tiempo fue a Argentina y allá sonaba el tropical bass y el global bass. “Ahí empecé a coquetear con la cumbia, con el merengue ripiao”. Al regresar a Venezuela, luego de cuatro años fuera, “me doy cuenta que aquí está pasando lo mismo”. Después de un tiempo pinchando ese tipo de música volvió al estado previo, a la búsqueda: el aburrimiento de la rutina. “Fui honesto conmigo y me dije: ‘¿Qué estás haciendo? Te estás quemando porque  no sirves siendo creativo ni inventando mucho y al público no siempre le gusta la apertura en medio de una rumba’”.

Tras pensarlo, dejó las multitudes y la adrenalina de los cuerpos en calor para entrar en los terrenos de la “arqueología musical”.

“Toda la energía la enfoqué en investigar, en escribir, en generar mixtapes (recopilación de canciones)”, que pueden escucharse en este link: mixcloud.com/afroraizzselektah; o leerse en facebook.com/caricarifuerzacosmica.

“Los mixtapes no son música de rumba, son más conceptuales”, afirma tras cinco años de creación en esta área, donde se puede encontrar rock de los 70 de Venezuela, música tradicional, jazz criollo, rock psicodélico, por solo hablar de una muy pequeña parcela de la música que gravita en la mente de Marcel.

“Me siento más satisfecho con esta propuesta surgida de la investigación que con poner en medio de una rumba la misma canción que van a poner todos”, explica.

“No creas que con esto me niego al disfrute y a la rumba, somos Caribe. No es que quiera ‘intelectualizar la música’, pero quiero abrir más el campo para podernos ver hacia adentro”.

La conversación no termina aquí ni la búsqueda de Marcel. Seguimos hablando de discos, viéndolos, recordando a su padre, quien lo inició por este camino, donde la certeza tiene el mismo peso que el aire. Ya sabremos pronto qué está por venir.

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