Teniente de milicia Pedro Luis Pérez: “Esto es la guerra”

Este larense, quien es docente agrotécnico de profesión y miliciano por vocación patria, está consciente de lo que enfrentamos: un escenario bélico con ribetes biológicos y psicológicos

Por Marlon Zambrano@marlonzambrano / Fotografía Marlon Zambrano

Pedro Luis Pérez Flores, comandante del Agrupamiento Popular de Defensa Integral (APDI) 4342 de Guatire, a 33 kilómetros de la capital, es un guaro como de 1,80 metros de estatura y 55 años de edad que le tiene miedo a unos bichitos tan chiquitos que ni se ven y que, universalmente, llaman coronavirus.

No es un temor infundado. Él, como los 7.000 millones de habitantes del planeta, sufre del mismo recelo ante un microorganismo que se coló en el planeta para ponerlo en estado de sitio, de una manera tan rápida, letal y decisiva, que todos los Gobiernos permanecen en alerta frente al contagio y la eventual fatalidad.

Como buen soldado, y por estrategia de guerra, sabe ver al enemigo con respeto y precaución, pero lo tiene en la mira y teme que, posiblemente, sea otro capítulo de la guerra bacteriológica que ha puesto a rodar los laboratorios imperiales, como hicieron con el ébola, la gripe aviar, el AH1N1, la muerte de Chávez, de Kirchner y la afectación casi mortal de Lula da Silva, etcétera.

Es uno de los 4.000.000 de milicianos y milicianas que están en la calle implorándole a la gente que se mantenga en su casa para cortar la cadena de contagios, a la vez que controla la distancia social y el adecuado uso de tapabocas de las personas que, necesariamente, deben echarse a la calle en procura de alimentos o trasladarse a laborar en las áreas esenciales; además de prestar la colaboración adecuada al engranaje cívico-militar en las tareas que asistencia, supervisión, prevención y seguridad cuando la circunstancia lo amerita en medio de la cuarentena.

El estado Miranda es la primera entidad regional en número de contagiados. Las estadísticas han generado alarma y obligaron a la activación de un inmenso despliegue de seguridad, con los milicianos en la primera línea.

Su trabajo en la comunidad denota que está ahí, que está con la gente

—¿Cómo los está recibiendo la gente?

—Creo que la Milicia es vista como un fenómeno. Antes de que se declarara la cuarentena veníamos haciendo nuestra labor. En la actualidad acatamos de manera disciplinada la cuarentena porque somos pueblo, pero también aportamos de manera voluntaria, sin esperar nada a cambio, nuestra labor por el país, acercándonos al vecino y la vecina. Entonces, empezamos a ser aceptados y nosotros comprendemos que estamos haciendo algo diferente, positivo para nuestro territorio.

—¿Los respetan?

—¡Sí, cómo no! De hecho, a la comunidad donde vamos le hacemos censo, abordaje, acompañamiento de seguridad. La misma gente solicita nuestra presencia para organizar y ayudar, los consejos comunales nos piden más información y nosotros estamos ahí, sin arma, con nuestra presencia, nuestra actitud, nuestro uniforme.

Es agrotécnico docente, con dos hijos ya profesionales, que decidió —luego de fungir de gerente de Formación Profesional del Inces Miranda— dedicarse única y exclusivamente a la Milicia, a la que pertenece desde hace 15 años, desde los días en que se le llamaba simplemente Reserva Nacional.

—¿Usted le tiene miedo a la pandemia?

—¡Claro que me da miedo! Precisamente, uno de los principios del combatiente es reconocer el peligro, y el miedo es una señal de que debes cuidarte, prevenir, cuidar a tus subalternos y al personal que tienes al lado. En este caso, debes saber que puedes contaminar, así como te pueden contaminar a ti. Pero el miedo es la base de la valentía. Asumir el riesgo y saber que si mueres ganas la gloria, porque lo estás haciendo por tu patria. En cualquier guerra la gloria del soldado es una muerte honrosa.

—¿Siente que esto es una guerra?

—No somos expertos en virología ni mucho menos creemos que tenemos el remedio a la mano, pero esto es la guerra biológica, multidimensional, con muchas aristas, y ahora en una fase en que se evidencia la manipulación genética. No lanzas una bomba, no rompes los protocolos de guerra armada, pero sí entras en un área donde te pueden dominar la economía de un país, la emocionalidad de una población, los medios de comunicación, la información, y así generar el estado de sitio sobre una nación completa. Recuerda el ébola en África, los atentados en Cuba, los ataques en Irak e Irán; la explicación —que aún estamos buscando— de las enfermedades terminales, sorpresivas y dramáticas de Chávez, Kirchner y Lula. El que hace la guerra quiere ganar.

—¿Cómo garantiza la asepsia cuando llega a casa?

—Inmediatamente aplico el protocolo: me quito completamente el uniforme en un área destinada para eso (botas, guantes), todo va a una cesta especial. Enseguida me doy una ducha con agua caliente, suficiente jabón, lavado de manos y cara. La ropa la someto a un lavado en soluciones con sal, o un poquito de vinagre, porque cambiando el pH el virus no sobrevive.

—¿Le ha tocado lidiar con gente contagiada o bajo sospecha de contagio?

—Por supuesto. Por lo general, yo visito a mis milicianos y algunos de ellos presentan afectaciones respiratorias, pero ya los hemos chequeado con los médicos venezolanos y cubanos, quienes están haciendo una gran labor. Lo que aplico, como es normal, son las medidas principales como la distancia, el tapaboca, los guantes. Además, hay un aislamiento social, por lo que nos toca desaprender y aprender que el cariño no es solamente el contacto físico, sino que también hay una postura, un gesto. Hacerle ver a la persona que estoy aquí y estoy contigo.

En Guatire, hasta el momento de escribir este texto, se conocía de un solo caso de contagiado por el coronavirus, perfectamente tratado y en estado de recuperación en el centro centinela de la región: el Hospital General Guarenas-Guatire. En esa institución se vivió un episodio dantesco: una supuesta infectada alarmó al país entero al multiplicar, por las redes sociales, un video donde reclamaba falta de atención en ese centro ante su aparente estado de gravedad. No pasó de una noticia falsa desmontada por las máximas autoridades del Ministerio de Salud.

—Después de que pase esto, ¿usted piensa mantener el distanciamiento social?

—Nosotros los venezolanos somos muy habilidosos, la historia lo ha dicho, en el tema de la demostración. No nos faltan modos distintos de manifestar el cariño y el amor. Tenemos niveles espirituales de mucho acercamiento; incluso, sin necesidad de tocar. Los mejores piropos los he visto, en cualquier parte del país, sin que haya contacto físico.

ÉPALE 366