TIPOS DE TROTADOR: EL PENITENTE

POR CLODOVALDO HERNÁNDEZ@CLODOHER / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

Reconocer al tipo de trotador penitente es sencillo, porque corren con un rictus. Pero es más seguro si se le oye hablar sobre las razones por las que practica este deporte.

La clave del asunto es que los trotadores penitentes corren para castigarse.

Para ellos (y ellas) el ejercicio es equivalente a autoflagelarse, ponerse de rodillas sobre granos de maíz o fajarse con un cilicio, al mejor estilo de un monje cartujo.

Si tienes contacto con un trotador que hace énfasis en cuánto sufre corriendo y pone cara de Cristo con la cruz a cuestas mientras se ejercita es casi seguro que se trate de un penitente. Y, claro, si tú mismo tienes esas características, ya sabes: eres uno de ellos.

Analicemos someramente las causas de este comportamiento. Tratándose de pagar penitencia puede ser algo religioso. Ignoro si hay sacerdotes que en lugar de ordenar a los pecadores rezar un rosario, con todo y letanías lauretanas, les dejan la opción de darle diez vueltas a una cancha de atletismo. Pero lo que sí está comprobado es que alguna gente intenta cambiar kilómetros por la absolución de sus vilezas.

Sospecho que otros no lo hacen por religiosidad, sino por alguno de esos retorcidos mecanismos que tiene la culpa en nuestra psique. Por ejemplo: eres un comerciante ladrón o un médico pesetero y manipulador, pero en cierto momento tu conducta te pesa moralmente. Entonces, te sometes tres veces por semana al “suplicio” de media hora de trote y, ¡listo!, te queda la conciencia limpiecita como un sol.

Algunos penitentes solo son variantes del tipo de trotador fastidioso, que se empeña en hablar de sus lesiones. Pero el penitente no se esfuerza tanto en explicar los detalles de la herida, magulladura, laceración, contusión, escoriación, esguince, fractura, luxación o traumatismo en sí, sino en describir, de la manera más sufriente, los dolores que esas injurias le hacen padecer.

Por fortuna o tal vez por gracia divina, algunas personas que comienzan a trotar para mortificar sus propias carnes terminan por darse cuenta que la cosa no tiene por qué implicar sufrimiento. Entonces, unos se dedican a disfrutar de esta bendición de Dios y otros los penitentes contumaces se van a buscar otra forma de expiar sus culpas.

 

ÉPALE 343

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