Tipos de trotador: la superdura (y ii)

POR CLODOVALDO HERNÁNDEZ@CLODOHER / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

En la entrega pasada te hablé de un subtipo de superduras que, a decir verdad, primero atraen y luego espantan porque son demasiado fajadas, competitivas y hasta llegan a ser atorrantes. Pero no todas las que merecen el apelativo de superduras son así.

Hay unas superduras que no se ocupan de restregarles su condición en la cara a los demás. Hacen sus entrenamientos de nivel muy exigente y, luego, como tantas mujeres multitarea de este planeta, siguen con el resto de las actividades de su vida, sin alharacas.

Hay hasta atletas de alta competencia a las que, si tienes suerte, puedes ver entrenar alguna vez y eso te permitirá entender lo que es una verdadera superdura. En mi caso, esa fugaz fortuna me ha tocado dos veces con Arelys Rodríguez, a quien todos llaman “Arepita”, una de nuestras mejores fondistas, ganadora de maratones y otras carreras en Venezuela y décima cuarta en el maratón de los Juegos Panamericanos de Lima 2019.

Una mañana, muy temprano, iba yo trotandito por la acera de la Galería de Arte Nacional cuando me adelantó Arepita. Es obvio que ella apenas estaba estirando las piernas, pero, aún así, tuve que hacer un gran esfuerzo para mantenerme unos 20 metros detrás y así poder apreciar la biomecánica de alguien que nació para correr. Por supuesto que al llegar al parque Los Caobos, se ve que Arepita metió la quinta y desapareció en las penumbras del amanecer.

Un tiempo después, me crucé con ella en el Cortafuego del Waraira Repano y entendí por qué los expertos dicen que solo le falta ser negra para pasar por una de esas keniatas correcaminos.

Justamente es por estas características físicas que las superduras no aspavientosas pasan inadvertidas en la “vida civil”. Se ven como cualquier flaca, incluso más flacas de lo que se considera recomendable según los estereotipos de la buenura femenina. Pero lo que están es durísimas.

 

ÉPALE 346

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