Todo tiempo pasado fue mejor

Por Ketsy Medina / Ilustración Erasmo Sánchez

Acercándose al espejo, Ana se deleitó mirando su piel morena, observó sus brazos, su pecho aún húmedo, su rostro sin maquillaje, sus cabellos ensortijados y chorreantes.

No quería vestirse, quería sentirse libre, Ana dejó el baño por el cuarto, se tumbó boca arriba en la cama, no tenía ánimos de vestirse, quería extender al máximo lo que consideraba era su momento.

Todo tiempo pasado fue mejor, repetía como mantra, todo tiempo pasado fue mejor, concentraba energías en esta frase y mientras la repetía sentía crecer una especie de desconsuelo.

Imaginaba las montañas de la ciudad vacías de ranchos, veía mulas bajando del Camino de los Españoles con sal y especies al lomo, disfrutaba del recuerdo no vivido de la Caracas de los techos rojos, de sus casas coloniales dotadas de agua fresca recién bajada del Ávila, soñaba con ser vestida, peinada, deseaba vivir una vida sin esfuerzo.

Se hace tarde, la voz trajo de vuelta a Ana, su paraíso colonial se esfumó, al mirar a su alrededor no encontró servidumbre, ni aceite de rosas. Se hace tarde, la voz recordó a Ana que era una chica con pocos privilegios.

Ana estaba lista, tenía guantes, tapabocas, bolso para el mercado y las tarjetas del banco, hacía su cola para entrar a comprar alimentos en el mercado municipal, se sentía sofocada, casi no podía respirar, sudaba, el calor la impacientaba, ya falta poco, a lo que sumaba venimos de una noche oscura, nuestro mañana será mejor.

Ana pensaba en las vacunas, en el desarrollo científico y tecnológico de la humanidad, pensaba en sus ganas de teletrabajar, recorría tiendas y compraba todo lo que necesitaba con los dólares que ansiaba poder cobrar, en camiseta y shores no puede pasar, una voz le hacía recordar a Ana que estaba a las puertas de Quinta Crespo.

En camiseta y shores no puede pasar, repitió la voz con firmeza. Ana miró con detalle su ropa, una camisa de botones sin manga, unos pescadores, zapatos deportivos, no entendía lo que le decían y tampoco los gestos del hombre negándole el acceso. Por segundos se sintió desnuda, le exigían cubrirse, incluso le recomendaron usar gorra y taparse el cabello.

Ana se sintió incómoda, incluso hasta exhibicionista, cómo había sido posible tal nivel de irresponsabilidad, dejar la piel expuesta, peligro, el virus, infectarse, contagiar. Aturdida rechazó culparse. ¿En qué momento pasó todo?, ¿cuándo fue que las montañas se llenaron de ranchos, en qué momento los mercados se volvieron iglesias, cómo era posible teletrabajar sin internet y sin ordenador?¿Acaso de verdad existió un tiempo pasado mejor?

ÉPALE 374

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