quesillo de coco

RECETARIO DE MALÚ

POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN MALÚ RENGIFO

Una cumple años y una torta de panadería para 40 personas vale miles de bolívares soberanos. Varios miles. Más miles de los que ha visto usted en un largo rato.

Una, si ha tenido suerte en esta vida, quiere una torta para 40 personas porque tiene 40 amigos con los cuales compartir el agradecimiento de estar viva.

Una nunca piensa que la torta es muy grande porque una tiene más grande el corazón y la barriga.

Le explico: si una tiene cinco amigos, quiere una torta para 40 personas para darle un pedazote a cada uno cuando se cante el Ay, qué noche tan preciosa. Luego, para que se vayan bien contentos les daría otro pedazo’e torta durante la despedida, para el desayuno o para el camino, y después pasaría el resto de la semana visitando la nevera y abriendo la cajota de cartón, aguao por la humedad, como quien abre una caja fuerte que resguarda un tesoro, para luego atapuzarse de torta friíta, reiteradamente, mañana, tarde y noche, hasta que le dé asco y le engorden las nalgas: bendita sea la torta.

En el caso de que una sí tenga 40 amigos, la situación es otra: una quiere una torta para 40 amigos, nada más que para darle su pedazo’e torta a los 40 lambucios y lambucias que, en vez de hacer una vaca y pagar a punta de insignificantes aportes la torta de una, se pasaron la semana metiéndole presión a una para que fuera una la que comprara la torta y se las brindara. ¡Ja!

Todo parecido con la realidad es pura coincidencia. Pero para usted, cumpleañero o cumpleañera que me lee, sagitariano, capricorniana, el sufrimiento se acabó este día porque yo, en mi responsabilidad como gurú de la alimentación sabrosa y accesible y como cumpleañera reciente, les tengo un secreto: la torta de coco sin harina, sin mantequilla, sin preocupaciones y, de paso, sin andar batiendo esa vaina como una loca sudorosa.

NO ES OTRA COSA MÁS QUE UN QUESILLO

Una agarra tres cocos, les saca el agua perforando con un cuchillo uno de los tres huequitos que tienen los cocos (siempre hay uno que se rompe fácil) y reserva el agua para írsela tomando mientras cocina esta receta. Esto evita que le meta los dedos a la mezcla. Luego, le cae a pedradas o ladrillazos a los cocos, los revienta y les saca la pulpa para rallarla por el lado grueso del rallador, y la reserva para más adelante.

Después de eso una agarra medio kilo de leche en polvo y la licúa en un litro de agua calentita con 350 gramos de azúcar y diez huevos. Una es prudente y la licúa de medio litro en medio litro para que no se le haga desastre en la cocina, y después la mezcla bien, en una bandeja de vidrio o aluminio de suficiente profundidad, con el coco rallado. Hasta este momento usted habría podido pensar que esta era una vulgar receta de quesillo, pero no. El efecto coco le brinda solidez, hace que la gente tenga algo que masticar y no se dé cuenta de que la torta no tiene harina. Además, el efecto coco hace rendir la mezcla del quesillo, y por eso es que pueden comer 40 o, al menos, 20 bien comidos.

Todo aquello va directo para el horno, a 200 °C, por unos 35 o 40 minutos. Una lo deja enfriar y hasta lo puede meter en la nevera. Es la torta más rica y fácil que una ha conocido.

ÉPALE 305 

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