ÉPALE316-TOUSSAINT LOUVERTURE

LA HISTORIA HAITIANA COMIENZA CON UN GENOCIDIO Y PROSIGUE CON EL SECUESTRO COLECTIVO DE POBLACIONES AFRICANAS. CONTRA LA ESCLAVITUD INSTAURADA ENTONCES SE ALZARÁ UNA DE LAS PRIMERAS REVOLUCIONES DE AMÉRICA

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE • @JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN FORASTERO LPA

El resumen más justiciero del aporte de Toussaint Louverture a la humanidad es este: a “la humanidad” no le hubiera dado la gana de abolir la esclavitud si Toussaint Louverture no hubiera demostrado en Haití que eso era posible, importante, justo y necesario. Y tuvo que nacer y hacerse leyenda ahí y no en otro lugar ni en otro tiempo: fue en Haití, siete años antes que en cualquier otro país de la América Latina, donde se declaró la Independencia (sí, moléstese quien quiera: no fue Caracas la que dio el ejemplo a seguir) y no solo se declaró, sino que se gestó a golpe de machete y garrote contra el bien armado europeo. A ver qué onda ese contexto.

Simplificando al extremo los movimientos demográficos que tuvieron lugar ahí desde la llegada de los europeos, puede decirse que este pequeño país que comparte una isla con República Dominicana fue la venganza de África a la humillación más grande y repulsiva de la historia del hombre. Se calcula que a finales del siglo XVIII la población de esclavos y sirvientes sobrepasaba las 300.000 personas y los dueños apenas llegaban a 15.000. Solo teniendo en cuenta esos números puede uno tener una idea de la dantesca desproporción del sistema esclavista que imperaba allí: más de 300.000 personas reducidas a la condición de bestias para que unos pocos franceses tuvieran privilegios señoriales.

¿Y haciendo qué? ¿Con qué objeto se trajeron oleadas de seres humanos desde África hasta esta posesión francesa? Ni más ni menos que para sostener la industria del vicio. Los muchos miles de africanos que fueron secuestrados llegaron a esa isla a trabajar en las plantaciones de la droga más mortífera, adictiva y difícil de abandonar en toda la historia del mundo: la caña de azúcar. Ese ingrediente inútil, pero casi imposible de desterrar del gusto de los seres humanos, es la droga que más vidas ha cobrado pues, de paso, es perfectamente legal y esta especie a la que le zampan gigantescas raciones de eso, desde su niñez, sigue preguntándose qué hemos hecho, Dios mío, para merecer plagas como la diabetes, la obesidad y el cáncer.

Así que a lidiar en grandes haciendas de caña de azúcar vinieron los ancestros cercanos de Toussaint.

De su origen se sabe lo muy básico; su abuelo tenía un rango más o menos de jefatura en su natal Benin, África. De la estructura clánica de aquellas sociedades, el lenguaje europeo hace una equivalencia y concluye que el viejo era príncipe en su grupo. Pero cuando llega Europa a realizar aquella planetaria vejación, consistente en el secuestro masivo de seres humanos, no andaba reparando en títulos ni en jerarquías y el don fue a parar con sus huesos, sus súbditos y sus compañeros a Haití, que en aquel entonces se llamaba Saint Domingue. El hombre procreó en las inhumanas condiciones de la esclavitud y su hijo, llamado Hyppolite Gaou (la primera humillación contra los esclavos era recibir esos nombres europeos y ridículos), vio nacer a su vástago Toussaint en la hacienda del Conde de Breda. Se llamó entonces, al nacer, Toussaint de Breda.

Dicen de su amo inmediato, un tal Baillon de Libertat, tenía algún sentido de humanidad o de justicia (hay franceses raros, en serio, que no se parecen a los señorones que uno ya conoce o se imagina), lo que le permitió al joven Toussaint a aprender a leer y escribir y, de paso, lo convirtió en su capataz y le permitió adquirir algunas destrezas como esa de montar caballos. En 1776 le otorgó la libertad, y miren lo que ocurre cuando un ser humano, grupo o país nace en una época de transición: Toussaint tuvo una finca de café (otro vicio, vaya) y fue amo de una docena de esclavos. En 1791, en la parte Norte de la isla La Española, tiene lugar el hito que dividió en dos la historia de la esclavitud negra en el mundo: la ceremonia de Bois-Caiman, un evento que, trasladado a un contexto más conocido por estos lares, viene a ser un antecedente del 19 de Abril de 1810. 19 años antes, cuando todavía a Bolívar y a Ribas había que enseñarles a coscorrones que los niños deben rezar e irse a dormir a las 8 de la noche, Toussaint Louverture se hizo edecán de un negro mandón de nombre Georges Biassou y se alzó en guerrilla contra los esclavistas franceses.

YA EL 4 DE FEBRERO DE 1794 LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE HABÍA DECRETADO EL FIN  DE LA ESCLAVITUD, PERO TOUSSAINT SEGUÍA AL MARGEN DE ESTE MOVIMIENTO DESTRUYENDO EN EL TERRITORIO A LOS ESCLAVISTAS YA DESTRUIDOS EN EL PAPEL

¿Más contradicciones? Por supuesto. Pero antes de llamar contradictorio al movimiento político ejecutado por Toussaint (que ya para 1793 se hacía llamar L’Ouverture: el hombre que abrió las puertas) y su gente para conseguir apoyo y armas, mejor recuerden este dato: los mantuanos que declararon la Independencia de Venezuela lo hicieron bajo el nombre de “Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII”. Pues bien, siguiendo esta misma lógica, Toussaint Louverture se lanza su primera proclama famosa: “Soy Toussaint Louverture; quizás el conocimiento de mi nombre haya llegado hasta vosotros. He iniciado la venganza de mi raza. Quiero que la libertad y la igualdad reinen en Santo Domingo. Uníos, hermanos, y luchad conmigo por la misma causa. Arrancad de raíz conmigo el árbol de la esclavitud. Vuestro muy humilde y muy obediente servidor, Toussaint Louverture, general de los Ejércitos del rey, para el bien público”.

General de los Ejércitos del rey: tal como los independentistas venezolanos en 1810, tal como Boves en 1813 el pobre rey fue una excusa y una vía para obtener recursos y apoyo para la guerra.

Poco después llegó el momento de ajustar cuentas con España y Toussaint lo hizo con fiereza, apoderándose de diez pueblos en manos de los monárquicos. Ya el 4 de febrero de 1794 la Asamblea Constituyente había decretado el fin de la esclavitud, pero Toussaint seguía al margen de este movimiento destruyendo en el territorio a los esclavistas ya destruidos en el papel. Convertido ya en general de división, y en el trance de expulsar a los ingleses, comenzaron a cocinarse las intrigas políticas que habrían de terminar con su carrera. Una serie de jugadas maestras de su parte (salir de un par de adversarios haciendo que los eligieran diputados, con lo que debieron mudarse a Francia) y la rendición de los ingleses ante la superioridad del Ejército en manos de los negros y mulatos lo convirtieron, durante un buen rato, en la máxima autoridad de la isla. La temporada de las guerras sangrientas y los conflictos y acuerdos entre los imperios francés y español lo encuentran atareado en la guerra y en la legislación: redacta una constitución autonomista en 1801. Ya para ese entonces contaba con el favor y el respeto de otros dos grandes de la Independencia haitiana: Jean-Jacques Dessalines y Henri Christophe, herederos y continuadores de su gesta antiimperialista.

Ese año, 1801, alguien le dijo a Napoleón Bonaparte que era preciso acabar con el bochinche de los negros en Santo Domingo y reinstalar allí la supremacía francesa, apoyada en la industria azucarera, y el emperador envió 25.000 hombres en armas, al mando del legendario Charles Leclerc, para iniciar la recuperación de la isla.

Apoyado en la tecnología armamentista y en el genio de Leclerc, el francés derrotó sucesivamente a Dessalines, a Christophe y le propuso la rendición a Toussaint. Este aceptó, pero con condiciones: su libertad y la incorporación de todos sus hombres al Ejército francés. Le dijeron que no, pero que lo esperaban para reunirse y conversar el asunto. Pendejo, como somos todos los pendejos y los pobres del mundo, Toussaint aceptó ir a esa reunión creyendo que el imperio de verdad quería hablar con él, y lo agarraron preso, mansamente. Esto ocurrió el 7 de junio de 1802.

Toussaint Louverture murió aislado en un frío castillo-mazmorra en el norte de Francia, el 7 de abril de 1803.

Pero la historia no termina con la muerte: aquel Dessalines tomó revancha de Leclerc y lo derrotó en horrísona batalla, nombró a su parte de la isla con el nombre indígena original (Haití), decretó el exterminio de todo ser de raza blanca y, con ello, desapareció por un buen rato la presencia francesa en el país.

Pero la historia no termina con la muerte: poco después Dessalines fue traicionado y asesinado por aquel Christophe y por un tal Alexandre Petión, de quien ustedes seguramente han oído nombrar.

Pero la historia no termina con la muerte…

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