Trotadores en pandemia: después de la locura

Por Clodovaldo Hernández@clodoher /  Ilustración Sol Roccocuchi@ocseneba

Trotar a principios de enero siempre ha sido una especie de acto de contrición o de yo pecador, con todo y golpes de pecho. Mucha gente cree que haciendo ejercicio en estos primeros días del año anulará los efectos de las rubieras de diciembre.

Eso siempre ha sido peligroso, entre otras razones porque muchos de los que comienzan a correr en enero (como propósito de Año Nuevo), y también algunos los que reanudan sus trotes después de la desordenada parada decembrina, se encuentran malamente fuera de forma o tratan de hacer más de lo que pueden (o ambas cosas a la vez), y terminan lesionándose o pasando algún susto cardiovascular. Cuidado con eso.

Pero la transición de 2020 a 2021 ha sido todavía más complicada, debido a que diciembre fue de flexibilización total y enero arrancó en cuarentena radical. Para algunos trotadores, las parrandas y los desafueros navideños fueron particularmente intensos y el propósito de asumir de nuevo la disciplina se tornó difícil de cumplir, al menos en los primeros días, debido al confinamiento reforzado, cierre de parques y otros espacios públicos.

Para otros —tal es mi caso—, diciembre fue un tiempo para retomar las corridas en Los Caobos y en el cortafuego del Waraira Repano, mientras que la primera semana radical de enero significó volver a privarse de esos placeres y retornar a la bicicleta fija dentro de la casa y los ejercicios de cardio, con la guía de entrenadores-youtubers. Es decir, luego de una ilusoria normalidad prepandémica en diciembre volvimos a la normalidad del encierro de 2020.

Te confieso que reencontrarme con el cortafuego fue una bendición para mí, luego de diez meses sin subir. Lo hallé en buenas condiciones, aunque debo advertir que entre Loma del Cuño y quebrada Chacaíto tiene varios tramos prácticamente tupidos de monte. De momento está verde, pero cuando se reseque anulará la función de ese sendero (cortar el fuego y servir de acceso a los bomberos forestales), a menos que le hagan una buena poda. Esperemos que sí.

ÉPALE 397