Trotadores en pandemia: El derrotado

Por Clodovaldo Hernández • @clodoher / Ilustración Daniel Pérez

No todos los corredores han logrado mantenerse en actividad durante la pandemia. Algunos se han entregado en brazos del sedentarismo forzoso. En ese lote hay varios grupos. Uno de ellos es el de los derrotados.

Un trotador derrotado es aquel que afirma que todo está perdido, que ya no habrá modo de recuperar la condición física. Si tú le dices que existen muchas alternativas para, al menos, subir un poco las pulsaciones y ejercitar los músculos (trote estacionario, bicicleta fija, cardio, burpee, bailoterapia, saltar la cuerda), te responderá, probablemente haciendo un puchero: “¡No es lo mismo!”.

Por supuesto que esto tiene que ver con la tendencia general de cada individuo hacia el optimismo o el pesimismo. Aquello de ver el vaso medio lleno o medio vacío, tú sabes de qué hablo. Entonces, así como hay gente que piensa “qué bueno que estoy con salud y tengo al menos esta alternativa, además, he aprendido cosas nuevas, cuando vuelva a trotar voy a complementar con los ejercicios que estoy aprendiendo en cuarentena”, en el otro extremo están los que prefieren maldecir al 2020, a la OMS, a Xi Jinping, a Maduro, a su propia mala suerte; o llorar por un tiempo que no volverá.

Un componente del drama del trotador derrotado es precisamente su visión del futuro en medio de una nube negra. Si alguien se plantea el debate de cuándo se podrá correr de nuevo, dirá que de ninguna manera será en menos de cinco o diez años y, por lo tanto, no vale la pena pensar en un regreso porque si no nos ha matado el coronavirus, lo habrán hecho el sobrepeso y el colesterol.

Esta especie de estado depresivo afecta más a los trotadores gregarios, los que andan en patotas. La perspectiva de hacerlo en solitario o guardando una distancia de un metro a la redonda es para ellos un motivo más para sentirse desgraciados. También hay muchos derrotados entre los que participan en competencias porque todavía nadie ha dicho cómo serán los maratones bajo la nueva normalidad.

No soy de dar consejos psicológicos, pero si eres un trotador derrotado recuerda lo que cantó Marvin Santiago, uno que de encontrarse confinado sabía algo: “…Pero estamos vivos, y estamos aquí, ¡Ave María!”.

ÉPALE 385