Trotadores en pandemia: El disfrazado

Por Clodovaldo Hernández@clodoher  / Ilustración Daniel Pérez

Para salir a la calle y trotar un poco, contraviniendo las normas y el sentido común, algunos trotadores se disfrazan.

¿Cómo es eso? Pues que no usan su pinta habitual de trotadores (pantalón corto, franelilla, por decir algo), sino que se ponen un pantalón tipo mono, una franela manga corta y unos zapatos de goma, como cualquier hijo de vecina que sale a hacer la compra. Pero, en lugar de ir al mercado o a la panadería, se van a un lugar apropiado y corren.

Si un policía o guardia nacional los manda a parar, dicen que no es que estén haciendo deporte, sino que iban un poco apurados para llegar rápido a casa y resguardarse del virus. Por eso es que algunos realizan sus trotes furtivos llevando una bolsa de compra.

Aclaremos que estos trotadores disfrazados no tratan de ocultarse sólo de las autoridades, sino de su propia familia y de los vecinos que, seguramente, no aprobarían una salida con ese nivel de riesgo. Por eso es que el disfraz tiene como finalidad salir de la casa y del edificio o el vecindario sin levantar
sospechas.

Algunos tienen experiencia previa en estas lides porque hay gente que, incluso en las condiciones que antes eran normales, preferían ocultar su condición de trotadores por alguna retorcida razón, así que ya estaban acostumbrados a camuflarse.

(Por ejemplo, conocí a un señor que tenía que salir con ropa de calle y cambiarse en el parque porque un lector de cartas del tarot le había dicho, en presencia de su esposa, que si hacía ejercicio le iba a dar un infarto. Entonces, cada vez que pretendía salir a correr, la mujer montaba un drama como si, en vez de trotar, el hombre pensase caminar por una guaya entre las dos torres de Parque Central. Para evitar la escena, el señor prefería disfrazarse).

Sólo me queda decirte que si tú eres un trotador disfrazado, tal vez consigas engañar a tus familiares y hasta a los lleva y trae del barrio o la urbanización, pero eso no significa que el disfraz te sirva de algo frente al microscópico y silencioso virus. Con ese no hay disfraz que valga.

ÉPALE 383