Trotadores en pandemia: el excusado

Por Clodovaldo Hernández • @clodoher / Ilustración Daniel Pérez

El trotador excusado es el que aprovecha las restricciones al desplazamiento derivadas de la pandemia como justificación para echarse al abandono, para ceder ante el sedentarismo.

Visto con cierta neutralidad, es difícil hallar un mejor pretexto para dejar de esforzarse que éste que se ha presentado inesperadamente en 2020. Y, claro, el argumento le ha venido a la perfección a aquéllos que ya venían “pistoneando” antes de la pandemia.

La parada obligatoria le permite al trotador excusado ofrecer a los demás una explicación razonable de su parálisis. “Yo corría diez kilómetros tres veces por semana, pero desde que comenzó la cuarentena, no se puede”, dicen estas personas, y quedan muy bien. Tal vez hasta encuentren quien los compadezca.

Pero, no te engañes: si eres un excusado, tus excusas son principalmente para ti mismo. Es lo que en psicología llaman una racionalización. Es decir, que te permiten tranquilizar tu conciencia culpable de estar sucumbiendo ante la flojera. De manera que puede ser hora de analizar por qué, en verdad, andabas buscando un subterfugio para dejar de trotar.

Algunos excusados alegan que han tratado de asumir alguna otra rutina de ejercicios, pero no han podido hacerlo con regularidad debido a diversas razones, como falta de un espacio adecuado en la casa, niños demasiado tremendos, vecinos quisquillosos, chalequeo del esposo o la esposa o falta de un aparato adecuado (una bicicleta fija o algo parecido).

Conozco un excusado que ha llegado a culpar a las fallas de internet. Dice que es cierto, que en Youtube hay toda clase de opciones para hacer ejercicios bajo techo, además de recorridos completos simulados para que sientas como si estuvieras corriendo en una playa de Singapur, o en las calles de París, con todo y medidor de distancia virtualmente recorrida. “Pero en mi casa sólo hay ABA algunas veces, y eso de madrugada, y entenderás que a esa hora no puedo ponerme a correr maratones virtuales”. Es inevitable decirle: ¡estás excusado!

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