Trotadores en pandemia: el flexibilizado

Por Clodovaldo Hernández@clodoher / Ilustración Sol Roccocuchi@ocseneba

Igual como pasa con el resto de las actividades, el llamado a flexibilizar en diciembre fue entendido por muchos como una especie de insólito decreto de fin de la pandemia. Algo realmente absurdo.

Te cuento que he ido varias veces a trotar en Los Caobos y he visto un completo relajo, tal como si a la gente le hubiesen dicho que el coronavirus ya desapareció. No me refiero sólo a los trotadores, sino también a los futbolistas, peloteros, levantadores de pesas, practicantes de yoga y de taichí; y, por supuesto, a los que andan por ahí paseando.

Incluso, existe una especie de animadversión contra quienes siguen respetando las normas de bioseguridad. Lo viví en carne propia. Iba con mi mascarilla puesta por el sendero de trote cuando una señora me increpó. “¡Señor, quítese eso!”.

Hice lo que acostumbro hacer con todos los entrenadores espontáneos: actuar como si no entendiera el idioma o como si no hubiese escuchado (tengo la excusa de ir con audífonos); pero la doña estaba realmente determinada a hacerse oír. Mientras yo me alejaba, casi gritó: “¿No ve que se está tragando su propio monóxido?”, me dijo con aire de persona sapiente.

Por un momento estuve a punto de caer en la polémica. Pensé decirle: “Señora, por favor, la respiración no produce monóxido de carbono, sino dióxido de carbono. El monóxido es un subproducto de la combustión incompleta, por eso está entre los gases que emanan de los vehículos y las industrias”. Pero me pareció que me iba a sentir ridículo soltando un wikipediazo allí, en pleno parque. Así que sólo le dije: “¡Gracias, lo tendré en cuenta!”.

Donde sí he trotado sin mascarilla, y muy a mis anchas, ha sido en el cortafuego del Waraira Repano. Ya he subido un par de veces y, como hay muy poca gente, se puede ir sin el ya indispensable adminículo a lo largo de esos primorosos senderos. Eso sí, te recomiendo que si vas a este lugar, tan pronto vuelvas a poner los pies en la ciudad asfaltada te cubras de nuevo y, al regresar a tu casa, cumplas con todas las previsiones necesarias. En los días “flexibles” es cuando más hay que cuidarse.

ÉPALE 396