Trotadores en pandemia: El transgresor

Por Clodovaldo Hernández • @clodoher / Ilustración Daniel Pérez

Hablemos sin rodeos: hay gente que no ha dejado de trotar en cuarentena, aunque se entiende que está prohibido. Por lo tanto —y lo siento mucho por mi amigo Nolasco, que lo hace—, constituyen el tipo de trotador transgresor.

Como la mayoría de los trotadores son —o creen ser— defensores de la salud y respetuosos del derecho ajeno, para salir a trotar en plena pandemia el transgresor primero se apertrecha de racionalizaciones.

Por ejemplo: Nolasco tiene la excusa perfecta, ya que vive en un monte y corre muy temprano (tempranísimo, antes de que amanezca), así que sólo se encuentra por ahí con perros y gatos callejeros, y muy de vez en cuando con otro humano, del cual se mantiene, lo jura, a gran distancia.

Otros no necesitan demostrar tanta precaución y trotan en zonas concurridas, como el bulevar de El Cafetal. Si alguien les reclama, dicen que para evitar contagios se torturan con la mascarilla y los guantes, y no se acercan a nadie. Aseguran que son menos peligrosos que uno de esos vecinos que salen a comprar verdura.

En la cabeza del trotador transgresor opera una creencia que, en general, es propia de la juventud. Sólo que en este caso no tiene que ver con la edad. Si eres uno de éstos, puedes tener 70 y seguir teniendo la seguridad de que eres inmortal, que a ti no te entra ni coquito, que tantas vueltas en el kilometraje te han convertido en un ironman… ¡ay, pana, mal te veo!

Algunas excusas de los trotadores transgresores rayan en el chantaje. Dicen que si no les permiten correr van a cometer una locura (algo absurdo, porque, de hecho, la están cometiendo). En algunos casos amenazan con arrojarse por el balcón (para el Metro, ya lo saben, se necesita salvoconducto), mientras otros aseguran que terminarán sumidos en una profunda depresión clínica. Y ponen cara de emoji triste, con lagrimita y todo. Como dijo una vez La Lupe: ¡Teatro, lo tuyo es puro teatro / falsedad bien ensayada / estudiado simulacro!

ÉPALE 381