ÉPALE317-TROTA CCS

POR CLODOVALDO HERNÁNDEZ @CLODOHER / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

COSAS QUE PASAN

Continuando con las controversias que surgen alrededor del trote debo mencionar una, también, muy frecuente: ¿correr produce mejores o peores trabajadores? Si se le pregunta al jefe de un trotador (que no sea él también practicante del deporte), lo más seguro es que diga que esa actividad afecta negativamente el desempeño del empleado. “Ese carajo está más interesado en correr que en trabajar”, expresará. En algunos círculos laborales, en los que predominan los sedentarios, la vida de un trotador puede ponerse difícil. Si te ves en esa situación no es extraño que te sientas discriminado, cerca del bullying. Algunas veces experimentarás la sensación de que tus compañeros te consideran un presumido o un pantallero. No te enrolles, eso es cochina envidia.

ÉPALE317-TROTA CCS 1Para evitar toda esa mala vibra muchos trotadores mantienen su actividad en secreto, como si fuera una baja pasión o un vicio vergonzoso. Es más, para ciertos jefes es más aceptable que su supervisado sea un beodo empedernido, un ludópata o hasta un pervertido y no un corredor. Pero, no evadamos la pregunta. Trotar puede hacerte mejor trabajador por un montón de razones, entre ellas porque estarás más saludable, enérgico y relajado. Eso, claro está, mientras no exageres en tus faenas de ejercicio, pues si te sacas la chicha (palabra que puedes cambiar por la que más te guste) puedes llegar al trabajo lesionado, espalomado y estresado, con lo que le darás la razón al jefe. Este punto depende, lógicamente, de un asunto del que ya hemos conversado, que es la hora del día a la que trotas. Si lo haces temprano, antes de ir a trabajar, en algunos casos lo sentirás como una doble jornada, pero en otros transitarás por el horario laboral con una fluidez fabulosa. Si predominan los días de tortura, tal vez lo que te convenga sea correr después de trabajar, lo cual también necesita de determinación y fuerza de voluntad porque luego de una jornada de siete u ocho horas. y de otro rato en el transporte público o manejando, provoca más bien echarse en un sofá o sentarse en la banqueta de una tasca. No faltan los superfajados que llegan al trabajo o vuelve de este corriendo, y con ello le echan más leña al fuego de los chismosos. ¡Qué gente averiguá!, cantaba Emilita Dago.

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