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COSAS QUE PASAN

POR CLODOVALDO HERNÁNDEZ • @CLODOHER / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

Uno de los motivos más frecuentes para ponerse a trotar es estar gordo (sea la gordura real o imaginaria).

(Me anticipo a muchos comentarios al decir que no vivo en un país de fantasía. Y, por tanto, sé que, ciertamente, el asunto del sobrepeso ha dejado de ser una angustia para casi todos. Desde que se acentuaron la inflación, el desabastecimiento y el bachaqueo, a la mayoría lo que nos preocupa es lo contrario: tratar de engordar un poquito para dejar de vernos como esqueletos con ropa ancha) .

Si la gordura es real, lo clásico es que te lo diga un médico luego de un chequeo: “Señor, tiene un sobrepeso de 12 kilos”. Si la gordura es imaginaria, suele pasar que te obsesiones con las tablas de pesos ideales y los índices de masa corporal que se encuentran en internet, o con la pinta de los y las modelos que ponen en las notas sobre este tema.

ÉPALE283-TROTA CCS 1Sea por lo que sea, los corredores que buscan quitarse unos kilos suelen poner en eso demasiadas expectativas y, con mucha frecuencia, terminan sufriendo tristes decepciones.  Así que lo mejor que se me ocurre aconsejar es tener paciencia. Sobre todo si ya ha alcanzado cierta edad: el sobrepeso no cederá tan fácilmente. Asúmelo. No tengo manera de demostrarlo, pero estoy convencido de que mientras menos piense uno en ese asunto, más fluida será la ruta hacia una mejora en la condición física, en la que se incluye el punto del peso.Los expertos lo dicen (y muchos lo hemos ratificado en nuestra propia experiencia): para lograr el peso ideal, o uno cercano a este, no basta con trotar. Es necesario vigilar lo que se traga y los hábitos nutricionales. Si corres diez kilómetros cuatro veces por semana pero cenas cada noche a las 10 un gran plato de espagueti con mucha salsa, es muy posible que no bajes mucho o, incluso, que subas a pesar de tu gran actividad. Por cierto, en estos casos debes estar preparado para las  burlas más despiadadas de los sedentarios. “Tanto que corres y sigues siendo un gordo”, te dirán, poniendo en la palabra “gordo” todo el escarnio posible.

Y así llegamos a un punto extremadamente delicado para mucha gente: hay que limitar no solo lo que se come sino también lo que se bebe, incluyendo alcohol, refrescos y otros líquidos cargados de azúcares. No quiero hacer propaganda antialcohólica. Sería una gran hipocresía porque estuve bebiendo cerveza por unos 30 años, y no voy a salir ahora a fingir que tengo un hígado virgen. Pero debo decir que luego de dejar de subvencionar el negocio de Lorenzo Mendoza fue cuando empecé a vencer el sobrepeso y a disfrutar, de verdad, del trote. “Sí se puede”, valga la anticuña.

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