Tu acoso no es piropo, machito de turno

Por Ketsy Medina Sifontes / Ilustración Erasmo Sánchez

“¿Que te sigan?, eso da bastante cague; pero ¿qué te hablen por la calle?”. Cuestionamientos como este emanan de labios masculinos y femeninos, indistintamente; los mismos tienden a ser acompañados de frases que oscilan entre regaños y consejos, donde el uso de tonos sarcásticos favorecen la negación de una realidad vivida por no pocas mujeres alrededor del mundo.

Sumándole ¡verga, qué exagerada eres!, eso pasa en otros países, aquí no; nosotros somos sendos caballeros, ¿quién te manda a pasar por esa acera?, cruza la calle y listo, ¿por qué caminas sola a esas horas? y ¿cómo andabas vestida así?”, hasta llegar al mandato de defiéndete, se silencian las voces de quienes buscan apoyo y solidaridad en sus interlocutores.

Según la Real Academia Española, la aleación de cobre y oro recibió en latín la denominación pyrōpus, devenida más tarde en español en la palabra piropo.

Esta prestigiosa y respetada institución, de más de dos siglos de fundada, definió piropo como un “dicho breve con que se pondera alguna cualidad de alguien, especialmente la belleza de una mujer”.

A este nivel, refutar a una organización de tan larga y reconocida trayectoria resulta temerario; sin embargo, volver la mirada al origen, para poder entendernos en el momento presente, resulta un ejercicio necesario; porque para que piropo llegara a convertirse para algunas personas en un simple halago dirigido a las mujeres debieron, a lo largo de 200 años, haber sucedido muchísimas cosas.

Una de ellas, quizás, fue el haber asumido el color rojo como sinónimo de pasión, oro como análogo a dote-valor, cualidad equivalente a belleza, haciendo especial énfasis en belleza como atributo específico de las mujeres.

Rodolfo Castillo, editor jefe de esta revista, me sugirió escribirles acerca de mis soberanías sexuales. Pensé, como opción, escribir sobre el sexo anal, pero me parecieron demasiados caracteres dedicados a algunos fluidos corporales, de los cuales Las Comadres Púrpuras han logrado, de manera divertida, erótica y enriquecedora, elaborar narrativas que les recomiendo tantear.

Las soberanías sexuales de las que prefiero contarles son aquellas capaces de colectivizarse en el espacio público; lo que me lleva a cuestionar el porqué, como mujeres, debemos escuchar lo que no hemos consentido exponernos. Por qué resultamos sometidas, a diario, a aceptar como halagos palabras, miradas, gestos y acciones que nos incomodan y que para nada fortalecen nuestra autoestima.

Mientras escucho voces gritando, por un lado, que a las mujeres con implantes mamarios les encanta el acoso callejero y, por el otro, que quienes decimos cosas como éstas somos feminazis, pienso en la alarmante cifra dada reciente por el Fiscal General de la República, Tarek William Saab, relacionada con las 9,5 denuncias por día de abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes que ha recibido su gestión. Mientras esto ocurre me pregunto: ¿cómo te explico, machito de turno, que tu piropo no es halago, que tu piropo es acoso?

El 6 de marzo de 2019 fue publicado por El País, en su canal de Youtube, un video de la agrupación española Los Niños sin Nombre titulado Escucha un momento, machito de turno. Hasta la fecha cuenta con más de 724.878 reproducciones, 27.402 me gusta y 923 no me gusta (o manito con pulgar hacia abajo), sin contar las reproducciones del mismo video en otros canales.

Así como la intervención de calle Un violador en tu camino, del colectivo chileno Las Tesis. Este video se hizo viral, trasladando emociones del ámbito privado al dominio de lo público gracias al ritmo de una letra y una coreografía.

“Escucha un momento y cállate un poco, a ver si te enteras, machito de turno, lo que es un piropo. Porque aunque tú creas que las vuelves locas, sólo sienten asco por cada basura que suelta tu boca. Escucha un momento, machito de turno, que el mundo ha cambiado…”; así empieza.

“Le falta a tu verbo el amor, la ternura, la pasión, el cariño; y le falta el respeto, le falta la decencia, le faltan modales y el consentimiento; le faltan tantas cosas que, más que un piropo, sólo es rebuznar. Es hora que entiendas que cuando tu murmullo las asalta en la noche, las piernas le tiemblan, el miedo las invade y, corriendo a su casa, lo único que piensan es no ser otra más en la lista de nombres que ya no regresarán”, así termina.

A este video un hombre, entre cientos de comentarios de Venezuela, Costa Rica, México, Colombia, España, entre otros, escribió:

“Pero este feminismo que tenemos ahora no quieren ni que les digan piropos bonitos, ese es el problema. Se ha radicalizado todo. En España ya hubo una revolución de la mujer hace 40 años… donde se consiguieron muchos derechos e igualdad para las mujeres y que yo apoyé con orgullo. El problema es que lo que tenemos actualmente en España es una ideología de género que quiere dividir a la sociedad y enfrentar a hombres y mujeres”

Cuando estos comentarios aparecen pareciera que resulta más importante cuestionar a las feministas que darle un parado a los agresores, violadores y feminicidas; incluso, cuando son hombres los que realizan una acción en contra de las violencias machistas.

En este contexto se asume ridículo exigir respeto ante algo, en apariencia, insignificante, asegurando que a una recién estrenada adolescente, de 13 años de edad, poco o nada puede afectarle que un tipo cercano a los 50 años le diga, mientras camina al mediodía por la plaza Diego Ibarra:

“Mami, pero ¡qué teticas más ricas!”.

ÉPALE 359