ÉPALE285-LA TRAMA COTIDIANA

LA TRAMA COTIDIANA POR RODOLFO PORRAS

Eso le dice Julio Cesar a Marco Bruto. “Entonces caiga el César”, continúa la víctima. Se trata del momento en que, cerca del Capitolio, Julio César es asesinado por un grupo de conspiradores, entre los que se encuentra Marco Bruto.

El argumento de Julio César de Shakespeare no se construye a partir de la vida o actos del emperador romano sino en las motivaciones y excusas que se tejen alrededor de su asesinato. El texto evidencia la ambición de poder como el motor principal del atentado. A excepción de Bruto, quien actúa en concordancia con sus principios,  los conjurados son movidos por obscuras y malvadas intenciones. Una vez más, la supuesta búsqueda de equilibrio y justicia se transforma en justificación para destruir y acceder al poder.

Toda pieza de teatro (hasta la más comercial y mal escrita) establece una metaforización de la realidad. Cuando uno dice: “Ah, pero eso es lo que le pasa a mi primo”, le está confiriendo una condición simbólica a la representación. El espectador se siente identificado, no solamente en las circunstancias sino en las valoraciones y las tensiones sicológicas y espirituales de la historia que se escenifica frente a él. El teatro no habla de unos personajes en situaciones peculiares sino de una sociedad, de una cultura, de un espíritu que se refleja en cada uno de sus individuos y en toda la colectividad.

Julio César fue escrita en el marco político de 1600 en Inglaterra, en donde las tensiones sociales eran patentes y se sentía el pendular de acontecimientos violentos sobre la nación. Así que ni el Julio César de la obra ni Bruto ni Casio eran los personajes históricos de la Roma desaparecida, eran las fuerzas y destinos del pueblo inglés, y representan y son las fuerzas y destinos de cualquier sociedad en cualquier momento del acontecer histórico de la Humanidad. Si el público no siente que habla de él, pierde el interés por la pieza, esté escrita por quien esté escrita, tenga la calidad que tenga. Se trata de encontrarse con nuestra trama cotidiana, nuestro drama íntimo, nuestras circunstancias sociales.

Julio César nos cuenta de un peligroso grupo de conspiradores que en nombre de la paz, la humanidad y la justicia se proponen hacerse del poder sin importarles las consecuencias, es decir, aunque lesionen la paz, la justicia y la humanidad que pregonan defender. Se parece tanto a ciertos clamores de “ayuda humanitaria”, a los gestos escandalizados cuando suben los salarios, a las proclamas de aniquilar chavistas que, cuando uno de los nuestros  pareciera hacerle coro a estos clamores, surge la pregunta en el ambiente: ¿Tú también, Bruto?.

ÉPALE 285

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