Un 19 de marzo…

Por María Eugenia Acero @andesenfrungen / Ilustración Erasmo Sánchez

En nuestros tiempos, y más aún siendo capital del país, es difícil imaginarse que una sola fiesta detenga a toda una localidad. Tal vez los partidos de beisbol o un concierto multitudinario pueden llegarle, someramente, a los talones a lo que significa celebrar unas fiestas patronales. Caracas, al parecer, sólo se detiene si hay cola para echar gasolina o si cerraron el Metro y dejó a todo el mundo con los crespos hechos. Es el fantasma del progreso el que dejó a las comunidades más antiguas el tesoro de celebrar las tradiciones, como es el caso del velorio de Cruz de Mayo.

En el resto del país, en las regiones, es común que el santoral cristiano motive a la feligresía, y al resto de la comunidad, a hacer del lugar (sea un caserío, un pueblo o una ciudad) toda una feria de música, comida y actividades. La devoción hace que toda la comunidad saque lo mejor de sí para que su pueblo se destaque, así sea por un par de días. En la película uruguaya El baño del papa (César Charlone y Enrique Fernández, 2007) es posible apreciar el retrato de una fiesta patronal: el papa Juan Pablo II va a pasar con su caravana por un poblado y la sola idea de que el papa les vea la cara detiene a todo el mundo. Se dedican, entonces, a preparar toda clase de pasapalos y comidas y decoran el caserío esperando su paso. El caserío se queda como novia de pueblo cuando el sumo pontífice les pasa por el medio y ni se detiene a saludar a los feligreses.

Tenemos así, por ejemplo, que el 18 de noviembre Maracaibo tira la casa por la ventana para celebrar el día de La Chinita. Los festejos no se quedan ahí, pues los mejores conjuntos de gaita se destacan en el llamado Amanecer Gaitero: toda una noche de música y alcohol que pone a prueba la resistencia del más pintado. Normalmente, los caraqueños demostramos resistencia bailando y chalequeando a los maracuchos, mientras ellos barren el piso bebiendo como unos cosacos. En Lara también hay fiestas patronales memorables: la celebración de la Divina Pastora. También se apersonan músicos y bandas y las calles se adornan para recibir a los turistas. Es una de las fiestas religiosas con mayor afluencia de visitantes en el planeta. Las Ferias del Sol, en Mérida, también captan a gran cantidad de turistas para disfrutar de unas fiestas que honran el inicio del año, en febrero; en esta ocasión no solo con músicos y actividades culturales y comerciales, sino corridas de toros .

Siguiendo la línea del festejo de tradiciones antiguas, y que toda la localidad se detiene para destacarse en el festejo, tenemos que en Apure hay un pueblito que está botadísimo, prácticamente al lado de la frontera con Colombia, junto al río Arauca. Ese pueblo fue fundado como San José de Arichuna, y era una comunidad de indígenas que se dedicaban a la pesca y la agricultura. En 1866 el nombre del asentamiento decidió honrar al prócer José Andrés Elorza. Desde 1955, diferentes actividades musicales, culturales y deportivas congregan a miles de personas que acuden a disfrutar de estas festividades en la llamada “capital folclórica de Venezuela”. El pueblo de Elorza tiene el lema: “Elorza, tierra grande y generosa, fácil de conocer pero difícil de olvidar”. Se trata de una serie de festejos que engalanan lo más rutilante de la música llanera, con la presentación de artistas consagrados y amateurs. También se celebra la elección de la reina del pueblo, toros coleados y peleas de gallos, entre otras actividades festivas. Es impresionante que una localidad tan remota atraiga a tantos turistas nacionales e internacionales. En 1962, Eneas Perdomo compone y graba el pasaje Fiesta en Elorza, el cual se convertiría en expresión de esta celebración anual y, con el paso del tiempo, en uno de los temas más emblemáticos de la música llanera. Esta pieza lleva a la reflexión de que son las regiones las que mantienen vivas las tradiciones.

ÉPALE 365