ÉPALE285-CCS MONTE Y CULEBRA

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE • @JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

Todos tenemos anhelos, sueños, e incluso (a veces) proyectos. Casi todos esos deseares son nobles y hermosos. Hasta que el lenguaje se encarga de mostrarte el lado oscuro de tus ensoñaciones: llamas “noble y hermoso” a lo que aspiras y no pudiste escapar del aristócrata que te empuja a aspirar a una cualidad de la nobleza. Sueñas con una vida noble; necesitas el pie de página que explique que no andas suspirando por princesas o príncipes, castillos y cortes de reyes.

Incluso en la búsqueda de la silvestría conuquera nos pretendemos puros y cercanos a la naturaleza, negamos a la ciudad que nos convirtió en seres atormentados y algo más que eso, pero al final caes en la reproducción de todo lo que te enseñaron esos años de urbe (urbanidad: “buenas” costumbres), comunidades descomunales y socialismo individualista. Es el síndrome de Ismael Rivera en su jaragual, tan bonito en su enunciado primero: Yo quiero una empalizada / mi gallina con su gallo / mi hermano con mi cuñada / y yo con mi amor, feliz. Y empieza el desguace simbólico. Empalizada: construcción que separa a MI parcela de las demás.

Justamente ese sueño (MI jaragual: mío, porque yo soy el propietario), en que nos sentimos tan cómodos porque, además, en la voz del Maelo suena tan sabroso y lleno de sencillez, se nos descubre más o menos sospechoso cuando le metemos el diente de la desconfianza: Un cacique patriarcal / viendo mi perro guardar / mi tesoro y mi mujer / ¡qué inmenso!

Amigo, no presto mi caballo ni a medias quiero sembrar maíz; yo dueño en mi jaragual me siento; qué inmenso, ser el dueño de la finca y la mujer; y en mi bohío me sentiré como si yo fuera el rey Maelo: queremos una vida silvestre y alejada de la perversidad de las grandes ciudades, pero la pinga, hermano, déjame conservar un valor esencial: la propiedad, mi condición de dueño, único jefe absoluto aunque sea de mi parcelita (para gozar en Puertorro) y, por supuesto, de la mujer.

Queremos y podemos renunciar a varias monstruosidades, pero no a todas: el capitalismo, sistema perfeccionador de las rémoras feudales, lo llevamos por dentro.

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En la avenida 19 de Barquisimeto existe (y no se rían, porque es verdad) una vaina llena de buhoneros y demás mercachifles que lleva hace años el nombre de Centro Comercial Socialista.

Ya, no pidan más explicaciones.

ÉPALE 285

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