ÉPALE274-RECETARIO

POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN MALÚ RENGIFO

Qué momento tan horrible, todo el mundo lo ha sentido: para el negocio privado pareciera ser pecado permitir que la gente se alimente. Que nos alimentemos, he de decir, porque yo soy gente también. ¿Qué serán ellos?, ¿reptilianos?

Sanguinarios, mentirosos y lacayos, cobran al cambio de un dólar absurdo (el today es del pasado, ya el valor se lo ponen a su antojo, ¿lo sabían?) queso, leche, carne y huevos nacionales, más un bojotón de productos extranjeros que ya uno no sabe ni por dónde entraron ni pagados por quién. Perdóneme usted la ignorancia, pero esto es rarísimo e irregular: muchos beneficiarios de las subastas de divisas a precio preferencial han sido los grandes importadores de alimentos.

Me encuentro dando una breve vuelta nuestroamericana, siendo pobre, mucho más que en Venezuela, pero aprovechando para hacerme preguntas y descubrir cosas como, por ejemplo, que en el hermano Ecuador, al cambio de dólares a bolívares determinado por la paginucha aquella, un kilo de arroz cuesta lo mismo que vi en el mercado de Quinta Crespo un día antes de venirme: 600.000 mil bolívares. En contraste con esto, un cigarro detallado (sí, uno solo) tiene un precio que supera los 200.000 mil bolívares, cuando en Caracas con eso te compras una cajetilla entera de veinte pangas, sin apología ninguna a la fumadera, que eso mata, pero sí con ganas de que nos preguntemos: ¿está la empresa privada subsidiándonos el tabaco? O ¿será que con los inflados precios de la comida compensan el humo a bajo costo que nos venden? Yo no entiendo.

LA PASTA INVENTADA

¿Medio kilo de pasta cuesta lo que una semana de trabajo? Bueno, nosotros nos vamos a inventar la pasta casera fácil, que va a ser cara también pero un poquito menos. Búsquese 300 gramos de harina de trigo, dos huevos, una cucharadita de sal y un bojotón de hojas de espinaca. Luego ponga una ollota con agua a hervir y prepárese para amasar bastante.

La cosa es así: los huevos, la sal y la espinaca los va a echar en una licuadora con menos de media tacita de agua, y lo licúa todo. La guasasa verde esa la va a poner en un pote y le va a ir agregando la harina, amasando bastante hasta que se convierta en una masa consistente como una plastilina. A estas alturas el agua ya debe estar hirviendo, o casi, así que antes de que se le evapore le recomiendo que busque ayuda en sus familiares y, a la machimberra y sin pensarlo mucho, se pongan a pellizcar la masa y hacer una especie de hojuelas gruesitas de esta masa, que reservarán en otro plato espolvoreándolas con harina cada tanto para que no se peguen entre sí. Cuando ya hayan hecho hojuelas de todo ese montón de masa, échenlas al agua hirviendo y estén pendientes, porque en poco minutos comenzarán a flotar las hojuelitas y será ese el momento de sacarlas del agua: la pasta corta estará lista.

Como le echamos espinaca, nuestra pasta es bastante nutritiva y sabrosa, si no hay mucho que echarle no se preocupe de más. Coma y repita cuantas veces quiera, y lo que quede guárdelo bien colado en la nevera, hasta mañana, que será otro día, y que ya veremos.

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