ÉPALE269-MARIANELLA GARCIA VILLAS

DENTRO DEL REGISTRO DE INFAMIAS PATROCINADAS POR EEUU EN LATINOAMÉRICA, UNA RESULTÓ PARTICULARMENTE ATROZ Y DESVERGONZADA. 75.000 ALMAS SON EL SALDO DE UNA FÓRMULA QUE PERSISTE EN REPRODUCIRSE COMO LA MUERTE

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE •@JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

Uno cree que sabe qué cosa y de qué es capaz la mente fascista, el canon de ultraderecha, la locura de unos sujetos que dicen (y hasta creen) que son demócratas, y su raciocinio apenas les alcanza para ser jalabolas de empresarios y gobiernos gringos; uno cree que tiene una idea de lo que es la perversidad del odio antipueblo, el crimen llamado anticomunismo; uno cree que sabe lo que es gente enferma y coñoemadre en el poder, nada más porque conoció y padeció gobiernos adecos y copeyanos. Hasta que nos asomamos a lo que fueron los gobiernos centroamericanos patrocinados por EEUU, y entonces se nos quita todo y empezamos a entender: en Venezuela no sabemos ni remotamente lo que es vivir aplastado por una hegemonía hija de las siete mil putas. Aquí apenas está creciendo el germen, el feto, la criatura en reposo de aquella monstruosidad que descuartizó y desapareció gente en cinco países centroamericanos. “Eso” que aquí está representado en Voluntad Popular, Primero Justicia, la secta de Machados y Ledezmas y toda cúpula asquerosa de la “sociedad civil”, tuvo un antecedente y referente histórico en un “partido” salvadoreño llamado ARENA, creación de un sádico y asesino llamado Roberto d’Aubuisson. A ver si les suena esta declaración de principios: “… salvadoreños que defienden el sistema de gobierno democrático, republicano y representativo; el sistema de economía social de mercado y el nacionalismo”.

A la enfermedad mental de los dirigentes y activistas de esa mierda se debe la desaparición y muerte violenta de decenas de miles de salvadoreños; entre ellos, de los más notables, monseñor Oscar Arnulfo Romero y Marianella García Villas.

Por cierto que en ese club infecto de enfermos participó y colaboró en asesinatos y desapariciones un sujeto que hoy se enorgullece y se jacta de aquellas hazañas, un Leopoldo Castillo que en la década pasada fue convertido en ídolo de la televisión antichavista (en Globovisión), un Aló ciudadano que era un canto al crimen organizado. Este asesino y cómplice de asesinos morirá de lenta vejez en Venezuela, donde cada vez que puede pega un grito porque esto le parece una dictadura.

Contra ese partido ARENA y su práctica recurrente de torturar, desaparecer y asesinar, entre los aplausos de los gobiernos de Estados Unidos y de toda la derecha mundial, se levantó una muchacha que pudo haberse acomodado, sobrevivido y envejecido y pasado por sifrina idiota, en ese El Salvador gobernado por idiotas y sifrinos desquiciados.

Al iniciar el año 1983, el fundador de ARENA, el D’Aubuisson, era el dueño del ejército y de todo El Salvador; ese tipo decidía quién vivía y quién se moría en esa sociedad al borde de la guerra. Mientras se hacían esos preparativos se perpetraba un genocidio que era aplaudido por los padres políticos de quienes, en todo el continente, hoy se alistan para apoderarse como sea de Venezuela. En ese escenario de espanto, por allá en las selvas y caseríos salvadoreños se andaba moviendo como una mariposa (y picando como una abeja) aquella Marianella que, después de estudiar Filosofía y Derecho, se puso al servicio del pueblo más pobre y humillado y se dedicó a recabar información de todas las detenciones arbitrarias, torturas, desapariciones y asesinatos perpetrados por el ejército. Por esta labor sufrió una porción de esas vejaciones: dos veces fue detenida y torturada en 1978, y solo la presión internacional consiguió que fuera liberada.

EMPLAZADO A RESPONDER POR ESTE ASESINATO, D’AUBUISSON SE LIMITÓ A RESPONDER QUE AQUELLA MUJER ERA UNA GUERRILLERA Y QUE HABÍA CAÍDO EN COMBATE.

¿Y LA TORTURAS? CHAO, ESTA RUEDA DE PRENSA HA TERMINADO

A sus 30 años fundó la Comisión Independiente de Derechos Humanos de El Salvador, CDHES. Sus denuncias dieron a conocer en todo el mundo la situación salvadoreña, una situación silenciada por los grandes medios de la derecha mundial. En esas lides tuvo ocasión de trabajar al lado del cura Oscar Arnulfo Romero (“Suenan las campanas / por un cura bueno…”), pero el honor duró poco tiempo: Romero fue asesinado el 24 de marzo de 1980 y ha querido nuestra triste historia que su gesta se haya masificado gracias a la canción de un bicho pendejo pero (aunque) buen cantante.

Marianella continuó su misión de denunciar al asesino en su madriguera, pero los atentados y persecuciones en su contra la obligaron a irse de su país rumbo a México, poco después del asesinato de Romero. Su nombre figuraba en la lista negra de una agrupación de criminales al servicio de la dictadura (perdón: de la democracia al estilo gringo), y eso equivalía más o menos a una sentencia de muerte. Al momento de largarse de El Salvador, la comisión fundada y presidida por Marianella registraba la desaparición y muerte de más de 40 mil ciudadanos en tres años de gobierno de facto.

En 1983 entró clandestinamente a El Salvador para proseguir con sus tareas; iba específicamente a investigar y documentar el uso de fósforo blanco y napalm en poblaciones del municipio de Suchitoto. Andaba en los alrededores de La Bermuda cuando se produjo una emboscada y ataque del ejército contra la población civil; 20 personas murieron en el ataque y varias fueron heridas. Una de ellas fue Marianella García Villas, quien recibió un disparo en un muslo. Fue llevada a la sede de la Academia Militar, profusamente torturada y posteriormente acribillada.

Emplazado a responder por este asesinato, D’Aubuisson se limitó a responder que aquella mujer era una guerrillera y que había caído en combate. ¿Y la torturas? Chao, esta rueda de prensa ha terminado.

Mala leche: cuando tú eres un asesino apoyado por el Gobierno de EEUU puedes ahorrarte explicaciones y cuentos exactos, tú estás trabajando para que los empresarios gobiernen en tu país y eso es suficiente.

OCURRIÓ EL 14 DE FEBRERO DE 1983

La explicación que da la heráldica al escudo del municipio de Suchitoto dice: “Los colores (del escudo) simbolizan: Azul: serenidad, reflexión, quietud, estudio; cuanto piensa y siente, y el pájaro vuela serenamente sobre las flores. El Rojo, en cambio, simboliza los momentos cruciales que pueden ser guerra, tragedia, gloria, poder, potestad, el pájaro permanece sereno, le es indiferente la tragedia o la gloria, pero sin perder el número romántico y poético de las flores”. Al parecer, existe un pueblo de ese municipio que lleva el nombre de Marianella. Oficialmente esto no parece estar registrado. Pero es correcto decirlo, oficialmente o no: un pueblo se llama Marianella García Villas, una de las más de 75 mil personas que murieron asesinadas en El Salvador en la década de los 80.

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