Un reprimido lenguazo

Por Pedro Delgado / Foto Archivo

Aunque uno no sepa los nombres de la pareja de tailandeses que en 2013 se lanzaron tremenda pegada de labios de casi más de dos días seguidos –es decir, 48 horas, 35 minutos, 58 segundos de jamoneo para ganar un concurso y, de paso, batir su propio récord impuesto en 2011–, sí se puede aceptar que las ganas de darse ese tremendo bembazo permitió la consagración del más puro de los símbolos universales del amor y llevarlo al lugar de las efemérides: 13 de abril, Día Internacional del Beso.

Ya establecido que la intención primaria de éste tiene que ver con el amor materno-filial, es el beso de los amantes el que siempre ha jugado una significación erótica de carácter especial. En teoría, por supuesto, el primero se lo deben haber clavado Adán y Eva, cuando el lío aquel de la manzana, y tal y cual, pioneros de ese acto amatorio en todo el universo. También pudiéramos decir que, a partir de la traición de Judas, muchos son los casos en que el beso ha cobrado pública notoriedad, teniendo mucho que ver en esto el arte y el espectáculo. Entre cantidad de ejemplos podemos señalar el de la música, con temas como la zarzuela “La leyenda del beso”, el pasodoble “El beso”, el bolero “Bésame mucho”, el pop “Kiss me”, el rock balada “El último beso”, la guaracha “Besito de coco”. En la literatura y el cine con El beso de la mujer araña, El penúltimo beso, El beso del oso, El beso que no te di. En las artes plásticas renombrados artistas como Rodin, Picasso, Warhol, Klimt, Toulouse-Lautrec, entre otros notables, registraron obras importantes. Una de ellas es uno de los besos más famosos de la historia del arte: el cuadro titulado Los amantes, pintado en 1928 por el belga René Magritte, donde una pareja se besa sin pegar los labios debido a que llevan sus rostros cubiertos con tela.

Ahora, en siglo XXI, cuando muchos de los millones de personas han sido arropadas por la pasión de un íntimo beso, aparece un alerta mundial con traje de pandemia y virus, el COVID-19, a decirnos que cuidado con besar o abrazar, porque ese contacto queda restringido; a decirnos que cubrirse la boca con un implemento de tela nos alejará del contacto con ese terrible virus, propagado por todas partes; algo así como “prohibido besarse”.

Momentos sobrarán, bajo el flujo infinito del eros y calzados de tapabocas, para dar un reprimido lenguazo… como el del cuadro de Magritte.

ÉPALE 373