Un viernes común

Publicado en Épale N° 31 el 26 de mayo de 2013

Era un viernes tan común que era viernes 17 de mayo, el día mundial para conmemorar el maltrato a las personas homosexuales y transexuales, acto que debe —o debería— respetarse los otros 364 días del año

Por María Betania Chacín

Era un viernes normalito en el que todos los zombis salen a su sitio de encuentro. Un típico bulevar de Sabana Grande atiborrado de gente con ganas de consumirlo todo. Un clásico Callejón de la Puñalada —llamado así por un evento truculento que alguna vez allí ocurrió— con su peculiar olor a cerveza, nicotina, orina e incienso; su sórdido desfile de disfraces hechos de bitumen con rostros medievales pidiendo por misericordia dos bolívares; muchas miradas descifrables y una molesta luz violeta de fondo formada por los incandescentes rayos rojos y azules de alguna patrulla estacionada en la avenida. Era un viernes común en una ciudad común, pues: dos jipis/punketos/cirqueros discutían con unos pacos en el Metro porque los descubrieron en un vagón haciendo un truco a cambio de dinero, “sendo” crimen; un evangélico predicando cerca de un testigo de Jehová que repartía Atalaya y un borracho que expresaba su opinión sobre Dios: “Me dejó morir”. Nada de qué asombrarse.

Era un viernes común. En Chacaíto, Sabana Grande, Plaza Venezuela, La Hoyada, Capitolio, La Candelaria, Nuevo Circo, Bellas Artes. Era un viernes tan común que era viernes 17 de mayo, el día mundial para conmemorar el maltrato a las personas homosexuales y transexuales, acto que debe —o debería— respetarse los otros 364 días restantes del año. Ese mismo día, pero del año 1990 —un poco tarde—, la Organización Mundial de la Salud decide suprimir definitivamente a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales y con esto pone fin a casi un siglo de discriminación y homofobia. Sí, casi un siglo, porque, aunque suene paradójico, la gente de antes tenía más tintes de androginia que ahora. El 17 de mayo no es tan colorido como el 28 de junio, otro día homosexual en nuestro calendario: celebración del Orgullo Gay. Este último día tiene su origen en el año 1969 en el barrio Greenwich Village de Nueva York, Estados Unidos, cuando una horda de homosexuales, defendiendo sus derechos, se enfrentaron contra aproximadamente 400 policías por ser maltratados con frecuencia, hechos ocurridos en un bar llamado Stonewall Inn. En esa “coñamentazón” apareció por primera vez el lema Gay Power (Poder Gay), del cual muchos cantantes famosos, como Elton John o Freddie Mercury, se adueñaron luego. Se decía por ahí que entre ellos estaba Aldemaro Romero, pero él lo negó hasta la muerte, o al menos en la entrevista malandra que le hizo Nelson Hippolyte.

Un común viernes por la noche: dinero en el bolsillo, camisa blanca de mangas largas, bufanda de colores verde, amarillo y rojo—a pesar del calor—; pantalón azul/negro y con los ruedos doblados hasta las rodillas; zapatos de marinero; una caja de cigarros enterita; la gomina bien fijada sobre un naufragio de cabellos; cejas excesivamente perfiladas, casi formando una “V” entre los ojos; un aroma a polvo de maquillaje para la cara mezclado con agua de colonia para hombres; una pandilla de amigos esperando en algún bar y una sensación certera de que al acabar la noche también se “acabarían algunos trapos”. Eran de fácil intuición tales características y situaciones al ver a Miguel por tan solo unos segundos: le brillaban los ojos de saber que iría a una fiesta donde su comportamiento era más que “normal”. Miguel y sus amigos estaban más que listos para asistir a “La fiesta más marica y más política de Caracas”.

“Descíframe o te devoro”, era el nombre de la fiesta que se celebraría en el Nuevo Nuevo Circo a partir de las 8 de la noche gracias a la organización de la Alianza Sexo-Género- Diversa Revolucionaria (ASGDRE). El volante decía: “electrónica tropical y videos calientes a cargo de VJ Madame”. Miguel y sus amigos creyeron que la frase de la esfinge tebana era algo que había inventado “una marica muy marica”. Lo cierto es que, para resumir, “Descíframe o te devoro” eran las palabras que el horrible animal mitológico —con rostro de mujer, cuerpo de león y alas de ave— decía a las personas antes de dictarles el acertijo. La malvada esfinge fue enviada a Tebas para aterrorizar y, cuando aprendió de las musas el arte de formular adivinanzas, encontró una forma más entretenida para dar muerte a las personas. “¿Qué ser provisto de voz es de cuatro patas, de dos y de tres?”. Así cantaba la esfinge, según Sófocles, para retar a los tebanos, hasta que Edipo, el hijo perdido de Layo y Yocasta, reyes de Tebas, dio con la respuesta y el inicuo animal, al verse burlado, se suicidó. Pero ya va, el cuento del nombre de la fiesta más marica de Caracas no termina allí, es más rebuscado aún: el “Manifiesto antropófago” del poeta brasileño Oswald de Andrade, en el cual se habla de la antropofagia (canibalismo), metafóricamente, a través de muchas referencias culturales y humor negro, para replantear el sendero cultural que seguía Brasil durante la poscolonización europea. El “canibalismo” era lo que permitiría a tal sociedad parar la imposición cultural. “Quien no sea capaz de interpretar otras formas de relaciones eróticoafectivas, identidades y expresiones de género permanecerá copiando modelos extranjeros, económicos y culturales que lo moldearán”, así mismo lo dijo la Alianza Sexo-Género- Diversa Revolucionaria.

«Esta fiesta también es política, porque debemos reforzar nuestras consignas para luchar contra la imagen hegemónica con la que nos fichan, donde precisamente surge la discriminación”

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“Imagínate tú, todo el mensaje oculto que hay detrás del nombrecito. Yo que pensaba que había sido una maricura”. Miguel estaba equivocado, aquí hay investigación y, además de ser una fiesta marica, también es política y revolucionaria. Si no pregúntenle a Rummie Quintero, directora general de Divas de Venezuela, animadora de la fiesta, una excelente comediante y una increíble bailadora de salsa. “En nuestra organización incorporamos a las personas sexo-género-diversas y sexo-género-disidentes en todas las áreas sociales, desde lo laboral hasta lo político, para lograr una mayor inclusión para todas y todos. Esta fiesta también es política, porque debemos reforzar nuestras consignas para luchar contra la imagen hegemónica con la que nos fichan, donde precisamente surge la discriminación”. Y así, sin más, se la llevaron por la fuerza, literalmente, hacia la pista de baile. Era una fiesta normal en un viernes normal: la gente estaba feliz, tranquila, relajada, sin tratar de aparentar ni esconder absolutamente nada; las bebidas, la comida y el merchandise a precios solidarios. Mucho amor en el ambiente, hombres y mujeres, hombres y hombres, mujeres y mujeres y muchas divas. Una diva muy llamativa, casi inmóvil de su sitio, pero moviendo los pies por debajo de la mesa era Milagros Lima, quien se dio cuenta de que Épale CCS estaba en la fiesta y con su voz ronca, añejada y un poco difusa —culpa de la cerveza—, declaró que “los legisladores hacen buenas leyes, las leyes son perfectas, pero no se cumplen, la gente no le hace caso a las leyes, hay mucha indisciplina”. Y se fue a echar un pie.

Mientras tanto Miguel gozaba un puyero: bailaba salsa, reía, brincaba, hablaba sobre los derechos de los homosexuales, daba consejos de moda, daba consejos de convivencia y relaciones laborales —Miguel es trabajador social de la UCV—, se tomaba una, dos, tres, cuatro, cinco cervezas, animaba al DJ, le lanzaba besos a los integrantes de la banda Son de Alta hasta que lo perdí de vista, por lo que fue fácil intuir que la fiesta se puso buena.

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