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Cuando un pelotero famoso decide colgar los guantes y el bate, los homenajes para celebrar su trayectoria en el terreno no se hacen esperar, y hasta el número que usaba en el uniforme pasa a retiro como un simbólico tributo a su categoría. El adiós de luminarias del beisbol nacional como Andrés Galarraga u Omar Vizquel, miembros de una cofradía excepcional que marcó época en las Mayores y en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional con los Leones del Caracas, estuvo marcada por los faustos para despedirlos del terreno.

Pero en otros deportes hay atletas legendarios de nuestros país que se despiden en puntillas de pie, sin hacer ruido, cuando el tamaño de sus hazañas merecen que el país entero los aplauda durante horas. Albert Subirats y Yuruby Alicart son dos casos emblemáticos. Pocos nadadores han conseguido tantas medallas doradas para Venezuela como el “Tornado” nacido en Valencia. Cuando la natación nacional entró en un declive, tras los años luminosos de Rafael Vidal, Alberto Mestre y Francisco “Tiburón” Sánchez, fueron las poderosas brazadas de Albert la que encumbraron de nuevo a esta disciplina.

En 2007 se convirtió en el primer y hasta ahora único nadador criollo en ganar una medalla en un Campeonato Mundial de Piscina Larga, con el bronce que obtuvo en Melbourne, Australia, en los 100 metros mariposa.  Fue oro en 50 m mariposa en el Mundial de Piscina Corta en Dubái 2010, para convertirse junto a Francisco Sánchez, en los dos únicos venezolanos en subirse a lo más alto del podio en una cita mundialista de las piletas. Ningún nadador ha ganado tanto oro para el país como Albert, al que solo le faltó disputar una final en sus cuatro incursiones olímpicas para coronar su enorme trayectoria ¿Qué espera la Federación Venezolana de Natación para honrar a este héroe del deporte? ¿Hará falta una colecta pública para colocar al menos una placa en la piscina donde se formó en Valencia?

Yuruby puso a la selección nacional de softbol femenino en la élite mundial con su prodigioso guante y el poder de sus batazos. A lo largo de 19 años defendió el uniforme tricolor, y formó parte del equipo que hizo historia al clasificar por primera vez a este deporte a los Juegos Olímpicos en la cita de Beijing 2008. Dueña de unas manos de seda a lo Vizquel para atrapar con suavidad cualquier conexión, y con un bate tan formidable como el de Miguel Cabrera, la rubia segunda base hizo vibrar al país con los jonrones que disparó en el Mundial de Caracas 2010 para meter a Venezuela en semifinales. Hace poco informó por redes sociales que se retiraba y su formidable carrera merece más que mensajes de apoyo en Instagram. En Aragua, su estado natal y al que defendió con éxitos en tantos Juegos Nacionales, ya deberían aprobar los fondos para erigir una estatua en su honor en el Polideportivo de Las Delicias.

ÉPALE 291

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