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EN UNA ÉPOCA EN QUE LOS GESTOS DEL AMOR PUEDEN SER SUSTITUIDOS POR UN MERCADO BIEN RESUELTO, HAY QUIEN DEFIENDE EN LA CIUDAD EL ROMANCE AL ESTILO CLÁSICO

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO / FOTOGRAFÍAS MICHAEL MATA 

Mi proveedor de porno del centro de la ciudad, en los pasillos de las Torres de El Silencio, me miró suspicaz cuando regresé a sus predios, donde gobierna con lascivia: “¿Usted por aquí?… ¡Tanto tiempo!”.

No me atreví a revelarle que el triple X y sus encantos migró conmigo a la internet, donde tiene un reinado poderoso e imbatible, y es más barato. “¿En cuánto están?”, pregunté con un dejo de nostalgia. “15.000 para usted”, me indicó con tono aprehensivo, como la amante que oferta sus besos al alza cuando uno regresa buscando el perdón.

Al lado de Evil Angel, una peli de la franquicia Private que exhibe en su portada a una descomunal pelirroja abierta de par en par, Resident Evil, la película de Paul Anderson, en 5.000. Un poquito más allá, la señora Francisca, vendedora de los peluches para enamorados más espantosos del Centro, sentada como una flor tersa en el desierto, buscando con la mirada serenar sus horas de desaliento.

“¡Ay mijo!, pronto voy a tener que cerrar”, adelantó antes de mi pregunta. Un arreglo de globos rojos con la inscripción “I love you”, un oso de felpa mugrienta y un chocolate Carré como piso alcanza, fácil, los tres palos.

Precios hay por montón y para todos los gustos: la obra más elaborada, con dos globos hinchados de helio y tres estrellas acristaladas, un perrito ajado sobre un columpio que no oscila hacia ningún lado y una taza de porcelana con el nombre personalizado, se cotiza en 8 millones.

“¿Así quién puede?”, se preguntó y se respondió sin dilación: “La gente prefiere comprar comida antes que dar 4 millones por un pedazo de oso Teddy”.

Razón tenía el cantautor Joaquín Sabina cuando sollozaba: Quién me ha robado el mes de abril / cómo pudo sucederme a mí.

Las que más se venden son las rosas

Las que más se venden son las rosas

CAPULLO

Pero en Caracas reina el amor. La comprobación empírica permite establecer que los gestos del romance cotidiano siguen en pie, pese a los embates de la economía. “La que más se vende es la rosa”, nos dice un gocho de Quinta Crespo mientras poda un ramito de girasoles con follaje de pino y eucalipto, que primero me ofrece en 280.000 y luego rebaja, por órdenes directas del jefe, a 220.000, como si hubieran percibido en mí el rostro de un amante desesperado.

Las más buscadas son las rojas que, como todos saben, representan la pasión. En estos días escasean; nadie me supo explicar por qué.

Una rosa está en 70.000, precio promedio. El capullo rosado tiene una presencia categórica en el centro de Caracas, donde ofrece su imagen vintage de envoltura aterciopelada para quienes invocan un pasado cercano, en el que la plata y el deseo permitían agrupar amantes en la geografía errante de los instintos.

Si se trata del comienzo de la relación, una rosa blanca es un clásico. Las rosas de color rosado son también inofensivas, más adecuadas para muchachas más jóvenes. Hay que evitar el amarillo, porque dicen que traduce que eres infiel o que la relación no durará mucho porque eres un casanova.

Las flores, cuentan todos, ya no vienen de Galipán. Casi todas hacen un tour imposible desde Bailadores, estado Mérida. Algunas provienen de Colombia, como las gerberas y las rosas; unas pocas de El Jarillo y San Cristóbal. Del poblachón avileño apenas si sobreviven la cala blanca y el eucalipto.

La vocación romántica del caraqueño también es patrimonial

La vocación romántica del caraqueño también es patrimonial

BABY GIRL

En La Concordia abundan los hoteluchos de mala muerte y las barberías de viejo cuño. Los mataderos sirven, ya sabemos, para el desahogo fortuito del amor, y las peluquerías para cincelar la belleza. Sobreviven pocas de las esquinas y los quioscos que antes polinizaban de frescor recién talado el centro de la ciudad, ofreciendo su festival de pistilos al mejor postor.

En un local de portugueses, a una cuadra de la plaza, un museo del horror se erige entre elefantes roñosos, corazones entumecidos y peluches agonizantes. Los dueños, hijos de Madeira, juran que la oferta natural cayó en 50%. En cambio, los arreglos de fruslerías no se venden en absoluto. Un trasto de Baby Girl se observa al fondo como el monumento decadente a los amores contrariados: son dos peluches de Hello Kitty (macho y hembra) sobre la base de una caja de regalo coronada con un lazo rojo, fundidos en un abrazo desolador.

“La gente prefiere comprar maticas de tomillo, romero, albahaca, malojillo, orégano y menta para regalar”, afirma la portuguesa, en un lenguaje ininteligible.

BACHAQUEROS DEL AMOR

Ahora que es abril y las matas de mango florecen y frutecen a la vez, la Revolución recuerda la épica del retorno de Chávez y la historia patria se regocija en la gesta emancipadora de 1810, hay jevas que antes que un peluche o una flor, prefieren que les regales un paquete de harina pan.

Es el sino de los tiempos: un corazón de chocolate cuesta el monto exacto de un salario mínimo o se acerca al Bono Independencia.

La margarita podrá simbolizar la inocencia y la pureza, el clavel orgullo y belleza y los lirios fertilidad y crianza. Pero las connotaciones de un kilo de caraotas negras no tienen parangón, ni en el amor ni en la guerra.

“Pero eso es una apreciación subjetiva tuya”, me aclara un sabio como Carlos Cova, editor jefe de Épale CCS, quien no cree que un peluche sea un argumento débil en el contubernio del amor. Bien que coronó —recuerda— durante los días de gloria, cuando un oso a escala real era fácil de adquirir, cualquier mes del año y con un sueldo de corrector.

Decía la cándida letra de una canción de la banda caraqueña Sentimiento Muerto: El amor ya no existe, hay que hacerlo. La conclusión contundente de esta apreciación bien puede ser sustituida por una aspiración postmoderna: el amor sí existe, pero hay que complementarlo con productos de la cesta básica; normales o bachaqueados, qué importa.

Ellas se derriten por un arreglo rocambolesco, pero las hay que prefiere una harina pan

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