Una relación con la tierra en tiempo real

Por Argimiro Serna / Ilustración Erasmo Sánchez

Curiosamente, la palabra “conuco” no tiene un paralelo exacto en español, puesto que desde hacía rato, según parece, los tributos y las monedas peninsulares ya habían invadido la tradición campesina española durante siglos. Desde hacía rato no se sembraba para consumo propio, sino también como pago de tributos a un rey, así que el arijo y el labrantío nunca se quedaban en pocas cantidades ni en los rubros necesarios para una familia o intercambio entre vecinos.

Del sonido en sí sabemos que proviene de autóctonos precolombinos, dóciles o taínos, que lograron interactuar con españoles. Conuco era una forma de siembra no copiosa, autosustentable y autonutriente. Esto es que, dependiendo de cierta combinación de vegetales, hortalizas, legumbres y frutales, la tierra se hidrata de ciertos nutrientes antes de agotarse, con lo cual cohabita con la selva. Eso es una expresión cultural en realidad compleja, muy apta para tierras con alta pluviosidad, y también para tener algo de autonomía de la industria de los alimentos que, como sabemos, desde hace décadas se ha propuesto patentar semillas que no ha inventado.

Como se nota, esa complejidad autóctona silvícola que entreteje biorritmos antes que cortarlos, que imita la vida y rechaza dogmas, que viene cada 28 días y no cada 30 ni 31, que cambia, que tiene diferentes estados que saltan pasos del pensamiento occidental, según algunas investigaciones, podría ser el origen de las grandes culturas precolombinas. El calendario maya, entre otros, coincide en ese número de días para sumar 13 meses en cada año, antes de celebrar el ascenso solar. De manera que en medio de la complejidad del conuco, que lo protege de sí mismo, el Sol sólo significa una fuente de energía. El conocimiento de la realidad implica la percepción de fuerzas no lineales o rizomáticas que, aunque suene como un remedio, no son más que la forma de la mayoría de las raíces. Esta gente amena que conforma La Feria Conuquera es ejemplo de un estímulo integral y sensitivo por la tierra y por lo que comemos.

La Feria Conuquera inició en agosto de 2014 como iniciativa de un grupo de organizaciones que participaron en el Debate Popular Constituyente por la Ley de Semillas (Campaña Venezuela Libre de Transgénicos, Colectivo Diversidad, Colectivo Abya Yala, Conuco El Hormiguero y Colectivo Autana Tepuy UBV). Esta iniciativa parte de experiencias autogestionadas como Mano a Mano, Intercambio Agroecológico (en Mérida) y la Red Pueblo a Pueblo (en Trujillo).

Entre los muchos beneficios que se cuentan de adquirir los productos en esta feria y, si puedes, de practicar por tu cuenta cualquier forma de cultivo conucal en el país están el mayor contenido nutricional de cada rubro, el menor contenido químico, la mayor sostenibilidad de la tierra y la terapia que esto conlleva. Si quieres comprar en La Feria Conuquera solo tienes que ir el primer sábado de cada mes al parque Los Caobos, en Caracas. Es una forma de vida toda, que puede llegar a ser la única opción de alimentarnos con alguna independencia de la industria, en tiempo real.

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