ÉPALE310-DIVINA PASTORA

POR MARÍA EUGENA ACERO COLOMINE •@ANDESENFRUNGEN / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

Con la llegada del nuevo año, las familias venezolanas acostumbran a tener a mano no solo las uvas, las lentejas, la ropa íntima amarilla y las maletas para armar sus rituales de Año Nuevo, sino también el calendario para tomar nota de los feriados, puentes y días libres que se disfrutarán en el nuevo ciclo solar. Una vez iniciado el nuevo periplo planetario, aparte de la fiesta de los Reyes Magos, en Venezuela se celebra una festividad considerada la tercera con mayor multitud de feligreses en el planeta, después de la Virgen de Guadalupe y la Virgen de Fátima. Se trata de la Divina Pastora, cada 14 de enero desde hace 161 años.

Según los libros de historia, esta devoción proviene de Sevilla, España. Un cura capuchino, de nombre Isidoro de Sevilla, recibió una revelación en uno de sus sueños. Era la imagen de la Divina Pastora. Días más tarde, le dio al artista Alonso Miguel de Tovar, una descripción detallada de su visión para que este realizara un cuadro. La imagen de la virgen con sombrero pastoril, cubierta por un manto azul, sosteniendo en su mano izquierda al niño y apoyando la derecha sobre un cordero, fue llamada Divina Pastora de las Almas. A Venezuela llegó en 1736, fecha en que el párroco de Santa Rosa encargó al famoso escultor Francisco Ruiz Gijón que le hiciera una estatua de la Inmaculada Concepción. No obstante, por una extraña equivocación, en lugar de la Inmaculada llegó al pueblo la imagen de la Divina Pastora. De inmediato el párroco quiso devolverla pero, por mucho que lo intentaron, no pudieron levantar el cajón donde habían colocado la imagen: esta se había vuelto muchísimo más pesada que cuando llegó a la iglesia. A partir de este momento, la población interpretó este raro acontecimiento como señal de que la Divina Pastora quería quedarse entre ellos. Posteriormente, durante los sucesos del terremoto de 1812, el templo donde se veneraba la Divina Pastora fue destruido, pero su imagen quedó milagrosamente intacta, hecho que reforzó la creencia de los fieles de Santa Rosa de que la Virgen quería quedarse siempre entre ellos para protegerlos. La pandemia del cólera en Lara fue el evento que cimentó la fuerte devoción a esta advocación de la Virgen en 1855. En ese año, el virus estaba arrasando con familias enteras en la localidad y los tratamientos médicos no funcionaban. Los pobladores sacaron a la imagen de la Divina Pastora para pedir misericordia, y el párroco de la iglesia de La Concepción le pidió a la Virgen que con su muerte cesara la epidemia. La Virgen cumplió la petición del presbítero y, desde entonces, se empezó a conmemorar cada 14 de enero el día de la Virgencita. Los devotos llegan vestidos de pastoras, de nazarenos; pagan promesas caminando arrodillados, descalzos; lanzan globos, liberan cientos de palomas y hacen diferentes actos con los que intentan congraciar a la Pastorcita. Esta celebración es una ocasión tanto para devotos como para el turismo en la región, ya que las fiestas van acompañadas de ferias, artistas y cultores.

Ojalá los millones de devotos no solo sigan honrando su fe a esta pastorcita, sino que, al igual que su imagen, muestren en sus vidas las pesada voluntad por la que se quedó en Lara para siempre.

ÉPALE 310

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