POR HUMBERTO MÁRQUEZ / ILUSTRACIÓN FORASTERO

ÉPALE294-BOLEROSNada como el tango Uno, de Enrique Santos Discépolo, para desparramarse de amor mejor dicho, de desamor cuando uno buscaba, lleno de esperanzas, el camino de los sueños de conseguirse la carajita perfecta. Uno va arrastrándose entre espinas / y en su afán de dar su amor / sufre y se destroza hasta entender / que uno se ha quedao sin corazón… Verga Discépolo, no tenéis más sencillo, diríamos en Maracaibo. Y Sigue: Precio de castigo que uno entrega / por un beso que no llega / a un amor que lo engañó. / ¡Vacío ya de amar y de llorar / tanta traición! / Si yo tuviera el corazón… El otro maracucho diría: ¿Corazón?, ahí no quedó ni la aorta, porque esa también se la llevó la mardita”. Jajajá.

Pero dejemos que sea el propio Enrique quien nos explique esa historia: “Estaba raro, no sé en realidad qué diablos me pasaba. Me entró de pronto una melancolía inexplicable. Quería pelearme con todo el mundo. Fue una temporada terrible. En casa, un poco alarmados, llamaron al médico. Estaba sano, no tenía nada. El médico, pobrecito, me dijo lo de siempre: que dejara de fumar, de tomar, de acostarme tarde”. Eso fue en el  ciclo Así nacieron mis canciones, por Radio Belgrano en 1947.

Además, a pesar del título cortico fue un tango largo, en extensión y en parto. Mariano Mores compuso primero la música, se la entregó al maestro y nada. Cuenta Mores: “Durante unos meses le pregunté sobre el tango. Cada vez me contestaba que estaba escribiendo la letra. Pero pasaba el tiempo y no había novedades. Y como yo lo quería como amigo y había llegado a sospechar que en realidad la música no le gustaba decidí privilegiar la amistad, y para evitar incomodidades no mencioné más el asunto. Un buen día, casi tres años más tarde, me sorprendió con la letra terminada”.

Después lo convirtieron en bolero y fue igual de exitoso.

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