Vacuna contra el sedentarismo

Por Gerardo Blanco@GerardoBlanco65 / Ilustración Justo Blanco

Después de tantos meses de encierro voluntario, o forzado por las circunstancias de la pandemia, la nueva normalidad produjo un cambio radical en los gustos de los aficionados al deporte. Hastiados de permanecer en casa, consumiendo interminables horas de partidos televisados, el negocio del entretenimiento deportivo sufrió un impredecible colapso por el escaso interés que ahora mostraba la antigua feligresía.

Los contagios ya eran infrecuentes, una pesadilla que había quedado en los dolorosos recuerdos de la memoria; pero los fanáticos ya no eran tales. El Gobierno nacional, a través del Ministerio de la Juventud y Deporte, autorizó el regreso de los campeonatos profesionales con asistencia de público en los distintos escenarios. Volvió la Liga Venezolana de Béisbol Profesional; rodó el balón, una vez más, en las canchas de fútbol; y la Súperliga de Baloncesto también abrió el telón del novedoso torneo.

Pero la eterna rivalidad entre Caracas y Magallanes apenas suscitó interés en los medios de comunicación. Los miles de aficionados que antes abarrotaban el Estadio Universitario, o permanecían hipnotizados frente a la radio o la televisión para seguir cada jugada, se desvanecieron súbitamente. Igual ocurrió en el clásico entre Caracas F.C. y Deportivo Táchira en el Estadio Olímpico; y en el promocionado duelo entre Cocodrilos y Panteras de Miranda en el Gimnasio José Beracasa, que inauguraba la Súperliga.

Saludable desintoxicación

La pandemia por la covid-19 había producido una saludable desintoxicación deportiva. Sin que apenas nos diéramos cuenta, los gustos y hábitos de los venezolanos habían cambiado por el aislamiento social. La gente ya no acudía a los partidos ni se quedaba pegada a la transmisión porque, en lugar de ser pasivos espectadores, ahora preferían consumir aire puro, ocupar las plazas, parques y calles para ejercitarse y disfrutar a sus anchas el tiempo de ocio.

Nadie quería pagar un céntimo por ver a otros batear jonrones, convertir goles o anotar cestas de tres puntos. La pandemia había enseñado que ningún Messi, Cristiano Ronaldo o Miguel Cabrera eran útiles en caso de otro enemigo viral. ¿Para qué seguir dilapidando el tiempo en admirar hazañas, si uno mismo podía correr, patear la pelota o batear para divertirse, compartir con los amigos y disfrutar la vida que la covid-19 había amenazado con arrebatarnos?

Mientras en la Venezuela postpandemia, el deporte profesional languidecía, sin que un Teodosio lo prohibiera como en la antigua Grecia, millones de antiguos fanáticos comenzaron a transformar al país: llenaron las calles de bicicletas para movilizarse a todas partes, recuperaron olvidadas y polvorientas canchas para articular a las comunidades y la actividad física, en beneficio de una salud integral, se convirtió en la más efectiva vacuna contra el negocio del deporte profesional y su virus sedentarista.

ÉPALE 386