Vacunación olímpica

Por Gerardo Blanco@GerardoBlanco65 / Ilustración Justo Blanco

El dilema de la vacunación para enfrentar el covid-19 también llegó al olimpismo. Thomas Bach, mandatario del Comité Olímpico Internacional, fue reelecto días atrás para el período 2021-25, y tras su victoria hizo dos promesas. Que los Juegos de Tokio 2020 se celebrarán contra viento y pandemia. Y ofreció adquirir vacunas para inmunizar a los atletas que acudan a esta cita.

La permanencia de Bach en el cargo por otros cuatro años estaba cantada, porque representa los valores más auténticos de los Señores de los Anillos. Fue formado bajo la tutela del fundador de Adidas, Horst Dassler, quien en vida se encargó de colocar a sus mejores cuadros en los altos mandos de las entidades mundiales. Fue lo que hizo con Josep Blatter en la FIFA, Juan Antonio Samaranch en el COI o Primo Nebiolo en la Federación Internacional de Atletismo, asegurando así el dominio de su marca en el mercado mundial del deporte.

Por eso, el primer mensaje de Bach apenas fue proclamado estuvo dirigido a los patrocinantes del COI. Después de las millonarias pérdidas que supuso cambiar los juegos para 2021, Bach no podía sino congraciarse con los verdaderos dueños del evento. Les dijo lo que necesitaban escuchar: que más allá de la pandemia, los millones de contagiados y muertos en el mundo, los Juegos Olímpicos de Tokio se celebrarán sí o sí.

El primer beneficiado de que haya Juegos Olímpicos es la cadena de televisión NBC de Estados Unidos, que desembolsó 380 millones de dólares al COI por tener el control de la transmisión de las competencias, y comercializar el evento multideportivo más visto en el planeta. Pero el COI y la NBC necesitan atletas saludables para el espectáculo televisivo. De allí, el segundo ofrecimiento de Bach: adquirir las dosis necesarias para vacunar a los deportistas.

Sin embargo, la compra de las vacunas conlleva algunos problemas. El primero, es que la producción de los diferentes antivirales que se están fabricando ya han sido adquiridos por los países con más recursos económicos. Por tanto, no es seguro que el COI pueda obtener las dosis suficientes para atender a los 11.000 atletas que acudirán a Tokio. La segunda cuestión es de orden sanitario. ¿Qué vacuna se comprará? ¿Qué institución se encargaría en cada país de vacunar a los atletas? ¿Cuál sería el protocolo para vacunarlos? ¿Con cuánto tiempo habría que vacunar a los deportistas para asegurar que todos lleguen a Tokio en igualdad de condiciones? Bach no dijo nada al respecto.

Lo más contradictorio del ofrecimiento del presidente del COI es que los dirigentes del comité organizador de los Juegos Olímpicos de Tokio desconocían la propuesta de Bach. No sabían nada de esta vacunación olímpica, que por ahora es una oferta electoral para aliviar la mala conciencia de quienes utilizan a los atletas como mercancía televisiva.

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