Valor agregado de un rizoma: medicamento de amplio espectro

¿CÓMO CRECE UNA IDEA?, ¿DÓNDE SE ORIGINA? LOS NUEVOS ESPACIOS PARA UNA NUEVA CULTURA HAN DE SER DISPUESTOS PARA ACCIONES, “ACTOS QUE SIRVAN DE EJEMPLO DE MOVILIZACIÓN”. EL SUEÑO QUE ALGUNA VEZ HUBO DE CELEBRAR, AL TIEMPO QUE CREAMOS, PARECE QUE ES POSIBLE. Y AHÍ COMO QUE SE ALÍAN INGREDIENTES PARA FRAGUAR UNA CURA DE ALGUNOS MALES SOLAPADOS

POR ARGIMIRO SERNA / FOTOGRAFÍAS SABRINA CEDEÑO

Dice un lugar común cotidiano que entre unos eventos y otros la vida se nos pasa. Según la inclinación con que se revisan esos eventos, ese tránsito es feliz, fructífero, banal, inevitable, tortuoso, falaz, sugestionado por diferentes tensiones e influencias; y, en otra instancia, también entrópico, imperecedero, inmanente, reencarnador, místico, cuántico, causalístico, serendípico. Cuando nos descuidamos puede llegar a ser trans en cualquier de sus versiones: trasngénico, transgresor, transnacional, transmoderno, tránsfuga y transgenérico. Podemos, incluso, variar esa lectura un poco y adornarla o cuestionarla hasta descubrir que, aunque la hayamos inventado en el tráfago de la vida, proviene de un acontecimiento determinado que podemos llamar fenómeno. Para no engolarnos, su versión más conocida, “momentos especiales”, resulta más accesible que fenómeno, pero cuando estas situaciones confluyen en un mismo espacio, tanto el registro nemotécnico como el registro audiovisual, no queda otra que engolar un poco la cosa con términos que suenan medicinales: encuentro rizomático, cuyo significado social es una metáfora que intentaremos transmitir para mejorar la imprecación de lo demostrable.

La experiencia dice que eventos con su propio registro en cámara ofrecen la posibilidad de vernos, recordarnos, corregirnos, identificarnos, lo que es una autoconsciencia. Su propio motivo múltiple abarcante es la necesidad de invertir el ocio mejor de lo que en su negación, el negocio, para ofrecer un producto cultural.

Un rizoma se puede entender como una expresión pública conjunta y sin origen definido. Es indispensable para todo artista, su correspondiente público y una juventud buscando incorporarse a la producción de conocimiento y de estética. Todo eso propicia que los participantes de tales eventos cooperen y coadyuven, como dice en la etiqueta de muchos remedios. Remedio que muy bien puede ser crear en medio de una crisis mundial, cuya duración comienza a ser sospechosa y de la cual somos el ombligo del mundo. Así se retoman viejas discusiones o, más bien, conjuros sobre la creación como curación de los males urbanos, que en realidad son parte de este espiral ideológico, por cuya inercia fijamos, una y otra vez, puntos similares cuando repetimos argumentos con leves variaciones, hasta que damos con la causa de muchos síntomas, la falta de espacios para conectarnos.

El cine dentro del cine es como la idea de una cosa antes de haberla vivido

EXPANSIÓN EN TODOS LOS SENTIDOS

Esa conexión se dio aquí en varios sentidos. Uno generacional, otro entre generos del arte o formas de practicarlo, así como entre matices de la misma clase media. Se practicaron el arte del cine, la música y la andragogía.

La escala de valoración de sensaciones, supera por mucho cualquier precio y deja dudas sobre si la felicidad está tan lejos como hemos creído cuando ansiamos la estética publicitaria. En este caso, el valor de las ideas se siente como sanación de esa perversión urbana y desde el acto creativo. Una sensación que bien vale el riesgo de enfrentar la incertidumbre que queda al revisar lugares comunes.

CUANDO SE CONJUGA LA EDUCACIÓN, LA CREACIÓN Y LA RELACIÓN ENTRE GENERACIONES SE DA UN EVENTO QUE ASEMEJA CIERTAS PLANTAS QUE CRECEN EN TODOS LOS SENTIDOS

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Bajo la égida del cronista, poeta, melómano o vivista Humberto Márquez, en ese bar llamado El Cuchitril, a media cuadra de la Plaza Bolívar, un grupo de estudiantes de la EMPA (Escuela de Medios y Producción Audiovisual del canal Ávila TV), bajo la tutela de profesor Leonardo Guilarte, realizó dos productos audiovisuales. Uno consistió en un documental testimonial sobre la gran sorpresa del día y el otro fue una cuña sobre una de nuestras bebidas espirituosas características: el ron. La sorpresa enaltecedora del evento, concertada por el bohemio profesional, fue el sujeto del documental testimonial, quien, por vía de las letras que alguna vez colmaron programaciones radiales y espectáculos televisivos de Venezuela, se puede considerar animador cultural de amplio espectro, muy a pesar del efecto de distracción que durante la postmodernidad significó la música de tarima para varias generaciones.

Estudiantes de la EMPA realizaron un documental exprés, con asistencia de la comunidad LGBTI

AVERSIONES HEDONISTAS

Como en una plataforma de edición de video digital, antes de esa primicia otro comentario previo transgrede la linealidad del discurso. El valor de autoctonía se define como la estructura generacional, o sea, las relaciones entre gente de diversas edades y épocas de formación entre las que se transmiten conocimientos. Pero eso sólo es posible en un estado de agrado, que debería propiciarse por ingeniería social, como aquélla que durante mi adolescencia fue inducida en forma contraria: en detrimento y coerción de la creación y el pensamiento saludable. Aparte de mi deducción respecto al efecto social, recuerdo de aquellos tiempos de desmovilización mediática que algunos grupos musicales no producían ese rechazo típico que ocasionaba la ingenua balada pop, sobre todo a los que nos formamos al ritmo de Pink Floyd y Eddie Palmieri. Como deducirán mis contemporáneos, entre tales tendencias musicales mi vida social no prometía mucho consenso del barrio, como no fuera con la asistencia de ese sonido hábil, pegajoso, masivo, mixto y mestizo que inició la carrera de íconos musicales de la época, como lo fueron Amílcar Boscán y el mismo Oscar Hernández. Gracias a ese grupo, en aquellos tiempos, yo tendí un puente hacia mi generación, de la que soy parte, a medias, por mi declarado rechazo a todos los valores de ese tiempo, incluidos los que se consideraron underground. En aquellos días pude acceder a una afinidad generacional por medio de canciones de un género musical híbrido y autóctono. Eran tiempos de influencias evidentemente controladas por el patrón transnacional del espectáculo, como lo fueron la salsa erótica, el merengue mayamero y las mutantes tendencias electrónicas comerciales devenidas en tecno y disc music.

Oscar, compositor de Guaco, como sujeto de un documental. Actividad integral en todos los sentidos

Y esa es la primicia que se adelantó en el prolegómeno. Guaco, grupo de mezcla musical zuliano que exportó canciones con letra y arreglos de Oscar Hernández, marcó un estilo trascendente por su sencillez. La memoria de varias generaciones quedó marcada por sus letras, dejando al autor como ese sencillo trovador que conocí tras la cámara de un set, como si tal cosa. El compositor de canciones como “A comer”, “Pastelero”, “Cepillao”, “Un cigarrito y un café”, “Me gustan las caraqueñas”, “Sentimiento nacional”, entre tantas otras, podrás conocerlas en el documental realizado por la cohorte de una escuela audiovisual.

Guaco cantó canciones que representan la idiosincrasia de una época

RECONSTRUCCIÓN FRACTAL

La identidad de un sujeto ya invadido se reconstruye con pedazos variantes, incluidos los que el pedigrí de izquierda intenta imputar a la vida cotidiana capitalista, como son las cámaras para producir un audiovisual, las redes para difundirlo y el ron servido en un bar para edulcorar un momento de amplio espectro, como rito sagrado que renace al calor de un rito postmoderno. Y he aquí el rizoma de un momento que es una película en sí misma. Un documental realizado por jóvenes sobre el artífice de temas de conversación con mis primeros affairs, cuando no funcionaba mencionar a Marx, Hawking o Kafka. Claro que su participación en Sábado Sensacional —ese programa que Winston Vallenilla imita para calar en el público a fuerza de tradición cuartorrepublicana— no es algo que yo vaya a agradecer. Pero puedo comprender que la propuesta de pensar diferente es una lectura de nuestras propias contradicciones para dializar prejuicios.

EL SENTIDO ES UNA PALABRA CON VARIOS SIGNIFICADOS: UNO REFIERE DIRECCIÓN, OTRO COHERENCIA. CUANDO SON AMBAS COSAS TENEMOS UN RIZOMA. ESO DICE EL MANUAL CONTRACULTURAL

Los diferentes vectores que confluyen en un registro, su difusión, su función local para unos, así como su manifestación expresiva universal para otros, fecunda ideas sobre una ingeniería social factible. Esta complejidad ofrece otras posibilidades, diferentes, tanto al autodestructivo y anestésiante consumismo capitalista como a la auspiciada denunciología de la izquierda postmoderna, o al neocristianismo más riguroso.

Lo especial de este momento es el significado del rizoma que, al expresarlo de manera no lineal, torna cariz de embrollo, que no es otro que la movilización pública. Como ésta que sucede de forma aleatoria, tanto entre generaciones como entre niveles de formación, formas de arte y también entre sectores diversos que se perpetúan en el registro audiovisual. Su expansión tiene tanto sentido que flexibiliza los linderos entre la verdad y la anécdota, entre el precio y el valor, pero sobre todo entre generaciones frecuentemente desencontradas. La movilización pública, término general y abstracto, se concreta en experiencias que duran largas transiciones entre contrarios. El fenómeno es mucho más profundo y, como reposa en mi memoria, pudiera ser encriptado por prejuicios o lagunas; pero una parte de él, esa que registra la cámara con los rigores de creadores inspirados por su profesor, podrá compartirse cuando el editor haya hecho su interpretación. Después de ver ese video y leer este texto faltará tu propia experiencia para consensuar lo que significan algunos términos que sirven de campaña de intriga semántica.

Propiciar espacios para eventos que cumplan con la transmisión de conocimientos, el registro y la creación, de manera que sirvan de ejemplo de movilización en todos los sentidos, puede motivar un modelo social que acerque experiencias donde nuestros jóvenes comprueben el poco valor que tiene cada precio cuando ya no se relaciona con nuestra necesidad, capacidad, sueños y deseos. Y, al mismo tiempo, el alto valor que sumamos juntos cuando nos reunimos para crear autoconsciencia sin dinamitar, sin derrumbar, sin oponer los mecanismos de control impuestos por lo meramente demostrable, por ahora.

También participaron los poetas

 

ÉPALE 345

 

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