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UN VENTE TÚ ES UNA IMPROVISACIÓN MARAVILLOSA EN LA QUE SE UNEN LAS GANAS Y LA MÚSICA. EXPRESIÓN SONORA DEL ALMA EN LIBERTAD. COMO LA DE LA GUATACA DE MIS AMIGOS Y VECINOS ÉDGAR ARTURO BOLLER, MIGUEL “LALÁ” RODRÍGUEZ Y PEDRO “EL SALSERO” GARCÍA

POR HENRIETTA SALTES ZAMORA  ⁄  FOTOGRAFÍAS HENRIETTA SALTES ZAMORA

Mototaxista con moto propia, distribuye su tiempo entre el trabajo, el hogar y su pasión: la salsa. Como un ritual, los sábados se reúne con colegas con quienes comparte buenos ratos al ritmo de lo que salga, con su infaltable compañera, la flauta dulce. Siempre recuerdo la primera vez que le escuché tocarla en un improvisado puesto de venta de CD, en un rincón de la Calle 8 de Los Jardines del Valle. “¡Coño qué bendición, el mototaxi toca flauta dulce!”, me dije y, de inmediato, me detuve a saludarlo y a disfrutar de ese concierto.

Me encanta esa ruptura de la norma de la tarima. Nada qué envidiarle a grandes y fabulosas orquestas. Para mí, ellos también son grandes artistas.

El Más que Sabe, le dicen; aunque el hijo de la vieja Chana se apoda El Nené de la Salsa, porque desde que era niño la lleva consigo. La aprendió en la famosa calle Cajigal. Ahora es experto: “Ese nombre, salsa, lo inventó un locutor venezolano llamado Fivia Danilo Escalona, en una entrevista que le hizo a Richie Ray y Bobby Cruz en su programa de radio llamado La hora de la salsa, pa’ que sepas. Ese no es ningún invento puertorriqueño ni neoyorquino nada”, explica. Se concentra y detalla con precisión: anécdotas, nombres, fechas, ciudades, escenarios, canciones, estrofas, notas. Si sabes poco o nada, no importa; pero lo que sí sabes es que estás en una cátedra gratuita, de calle. En una discotienda no podrían explicarlo de mejor manera. Por eso prefiero —y aprovecho— el aula popular. Absorbo algo y me contagio de esa felicidad manifiesta. Es eso lo que, según yo, debe generar la música.

UNA EXCUSA PARA HALLAR MÁS GOZO EN LA VIDA

Entre el ruido de la calle y la gente me doy cuenta de que estoy donde es porque, inevitablemente, se me van los pies. La gente en el puesto presta atención. Marcan la clave. Tararean. Contentos, en su propia burbuja, como si afuera no pasara nada; ni hubiera bachaqueros ni desorden alguno. El vente tú no se para, los cacheros, la clave, la flauta… la vida.

 

Miguel “Lalá” Rodríguez cuenta que la música es de lo divino, de Dios, y que es para amarla y hacer algo bueno con ella. Tiene un proyecto de fundar una escuela de música, que espera por apoyo, tanto de la comunidad como de las autoridades, lo que lo emociona y motiva: “Queremos ir con todo, tocar todas las puertas. Hay mucho muchacho ocioso, perdiendo tiempo o metido en la casa embrujado con un jueguito de video. Todo lo que sea para beneficio de mi pueblo, de todos, sobre todo de los más pequeños, sí; para sinvergüenzuras y vagabunderías, no. Nada de drogas ni alcoholismo ni malandreo ni malas mañas”.

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Mientras recomienda qué llevar, Pedro “El Salsero” García (dueño del puesto y melómano que escoge y copia la selección) es el más preocupado porque todo eso prevalezca. Dice en tono triste: “Siento nostalgia, ¿sabes? Porque hoy en día esto se está perdiendo, aunque no parezca. Puro reguetón y bazofia es lo que escucha la muchachada. Por eso escojo muy bien lo que ofrezco aquí, para que aprendan de buena música”.

Un vente tú es una excusa para hallar más gozo en la vida. Es un banquete epicúreo auditivo y vivencial, un compartir espontáneo cuyo alimento es esa energía universal de la música. Una invitación a dejarse llevar y un canal libre a la empatía y convivencia que tanto necesitamos promover y recuperar.

LA MÚSICA TIENE LA VIRTUD DE UNIR

En estos tiempos duros que corren y las circunstancias difíciles que atravesamos, no parecen ser un escenario muy motivador que digamos. La gente anda en lo suyo, resolviendo problemas. Pero somos una fiesta y hay que salirles al paso. Deja que te atrape. La música tiene la virtud de unir y ser un maravilloso reconstituyente.

Caracas puede pasarte por encima y molerte, pero siempre tiene algo bueno que darte, de la mano de su buena gente. Dale la oportunidad y búscala, escudríñala. Si se te perdió, reencuéntrala. Date el permiso de reconocerte como parte de ella, le hace mucha falta.

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