verso a verso / Poesía o Nada

Lidia Rebrij nació en Buenos Aires, Argentina, el 31 de marzo de 1948. Pero fue en Venezuela donde construyó su historia literaria. A continuación, fragmentos de uno de sus cuentos:

Él fue su único novio (frag.)
II
Anoto su posición vencida, sus ojos amarronados, ese aire de ya no gustarse ni a sí misma, de derrota entre la ropa, aunque esté recién comprada, de derrota en la almohada, y en la mirada de los hijos.
Sus hijos, “sí, mis hijos, anote eso también. A los dos. Los quiero, me quieren, pero no puedo dejar de pensar que soy mamádameplata, mamácómpramesto, mamállévame, alcánzame-hazme, mamápollo, mamábistec, mamáhuevofrito, mamáplánchamelávamesécamemamámamá, mamá, ma… Y yo todavía me acuerdo cuando eran niños”. Y ella se acuerda. Se sienta, la mirada perdida, la mano bajo el mentón, mamá recuerda.
“Ahora es diferente”. Se levanta y se sacude los cabellos. Algunos le cubren la frente. “Ahora es diferente, mire, sólo me buscan por necesidad. Aunque…” perdida, se diluye en explicaciones que se reducen siempre al deshilachado ruedo del vestido.
III
Gladys cierra la puerta, pregunta la hora, acomoda el periódico y quita maquinalmente una hoja seca de una enredadera.
No sabe. “No sé, me dice, por qué a veces tengo esta tristeza, esta sensación de angustia. Si por lo menos él…”.
Él que un día tuvo un cuerpo que era todo el mundo de ella, se acerca a la puerta, distraído, desganado, preocupado, ¿otra vez? la interroga mudamente con los ojos, y se desprende de sus manos una sensación de resignado cansancio… sí, y el “otra vez”: se le devuelve hecho noticias en las páginas de economía, de sucesos, de farándula del periódico.
Ella lo atisba por encima de los ojos resignados, de sábanas limpias, de su cuerpo limpio como su mamá le había enseñado, limpio cada pedazo, cada trozo, que no quede nada, nada sin lavar, sin lavar la vagina, los labios de afuera, los de adentro, el pequeño trozo de carne que resguarda el clítoris, limpio el vello del pubis, el tajo de las nalgas, limpios los senos, los pezones, las axilas, limpias las orejas, los lóbulos, y los agujeros de los lóbulos limpios con una aguja que los limpia de la suciedad de los zarcillos, limpia, así, con olor a limpia, nada que recuerde a un animal, limpia y casta, castísima, disimulando hasta el momento de la rendición final, de la caída, cualquier deseo malsano, cualquier llamado del cuerpo, cualquier latido de los sentidos, cualquier cosa que haga pensar en una fiera que acecha al menor movimiento del hombre, así, disimula, disimula y recuerda que “eso” se hace siempre de la misma manera, nada de cosa raras ni de besos raros, acuérdate del Pecado, del pEcado, del peCado, del…

POR INDIRA CARPIO / @_indiracarpio