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SWING LATINO

ESTE PERCUSIONISTA, DE GRAN TRAYECTORIA NACIONAL E INTERNACIONAL, HA COMPARTIDO TARIMA CON GLORIAS DE LA MÚSICA; Y AHORA, CON LA MÁQUINA DE LA SALSA, SE PROYECTA COMO UNA DE LAS MEJORES ORQUESTAS DEL GÉNERO EN VENEZUELA

POR NATCHAIEVING MÉNDEZ  ⁄  FOTOGRAFÍA MICHAEL MATA

Su presencia jamás pasa desapercibida, no solo por su contextura y altura sino por la sencillez, humildad, espontaneidad y calidad humana que comparte con quienes se le acercan. Además, hay que decirlo: Víctor Cardona es una máquina de la música, y en el escenario un huracán que marca la pauta con los timbales.

Con casi tres décadas nadando en las aguas de la percusión, este músico ha perfeccionado su destreza de combinar los toques entre el quinto y el bajo. Ese don está en su ADN, pues proviene de una familia de músicos que tienen sus raíces en una de las poblaciones en las que los tambores son el sonido que arrulla a los muchachos: La Sabana, estado Vargas. De remate creció en Caricuao, una parroquia de músicos. ¡Figúrense!

Las “perolitas” y las piernas fueron los primeros tambores con los que jugaba, junto a sus hermanos, a interpretar canciones de la Sonora Matancera, Dimensión Latina, Fania All Stars, Tabaco y sus Metales y toda la salsa que se escuchaba en su casa. Su tío, el trompetista Nelson Cardona, le regaló su primer timbal cuando tenía 12 años de edad. Con él pasó de la guataca a la formalidad de la música y se estrenó, cuando solo tenía 17 años, en la orquesta que dirigía: Afinque Son.

A los 19 años, gracias a su tío, ingresó a la agrupación Mayarí Son Latino, con la que trabajó en un local nocturno en el que conoció a muchos músicos de amplia trayectoria, entre ellos a Alfredo Padilla y Frank Márquez, a quienes Cardona considera maestros y con los que perfeccionó sus conocimientos en la música, especialmente en la percusión.

Tiempo después este huracán del timbal entró a Mandinga Stand Band, su “segunda gran escuela”, con la que hizo su primer acompañamiento internacional, nada menos que con Luisito Carrión. Luego, con la orquesta de Johnny Sedes y seguidamente con la de José Gregorio Machado. La potencia de su percusión compartió tarima con otros célebres cantantes y músicos como Eddie Santiago, Maelo Ruiz, Tony Vega, Yolandita Rivera, David Pavón, Roberto Lugo y muchos otros que se le pierden en la memoria.

Recuerda con emoción cuando acompañó a Cheo Feliciano en su última gira por Venezuela; sin dejar de mencionar, con orgullo, su experiencia junto a otros duros de la salsa como Richie Ray y Bobby Cruz, Tito Allen, José Alberto “el Canario” y Luis “Perico” Ortiz.

En 2010, Víctor Cardona y otros compañeros músicos conforman La Máquina de la Salsa, una orquesta que tiene todos los metales y con la que enfatiza: “Los cantantes tienen que fajarse”. Hace una semana, junto a grandes exponentes de la salsa venezolana, la agrupación colmó el Teatro Principal y el público caraqueño agradeció con ovaciones, aplausos y baile la tremenda descarga musical que se dio cita en este espacio.

Este timbalero comparte sus saberes en instituciones educativas, como parte de la plantilla de la Banda Marcial de Caracas y dictando clases en la Fundación del Niño de la avenida Andrés Bello.

Con mucho esfuerzo, en la actualidad Cardona culmina su primera producción musical. Su meta es trabajar duro para que las futuras generaciones lo recuerden y aprecien el legado de su familia, donde ya se está mostrando el talento de las nuevas raíces, como el de su hijo Víctor Mazías y su sobrino Carlos Arturo. Por lo que se vivió en el Principal se puede decir que el percusionista no está arando en el mar y que el repique de su timbal ya está incrustado en la memoria musical de los amantes de la salsa brava en Venezuela. Más na… ¡Saravá!

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