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DESDE QUE EL ANDAMIAJE DEL ENTRETENIMIENTO SE APROPIÓ DEL IMAGINARIO CULTURAL, LA MUJER SE HIZO OBJETO Y RECIBIÓ TODOS LOS ESTIGMAS BÍBLICOS QUE LA ASOCIAN CON LA COSTILLA DEL HOMBRE. HOY SIGUE VIGENTE PERO, EN EL PAÍS, POR FIN, SE VE FEO

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO / FOTOGRAFÍAS ARCHIVO

A finales de los años 80 éramos más primitivos y estábamos menos politizados; sin embargo, cuando el “musiquito” lanzó aquello de sin pensarlo dos veces la empujé a la pared, le arranqué el vestido y la llené de amor… mucha gente frunció el ceño.

No era gratuito, y tampoco era nuevo, pues el aparataje “cultural” ya enfilaba su artillería amenazando la integridad de las damas con la excusa del cariño, cuando en el albor de esa década dorada para el pop venezolano Gualberto Ibarreto entonó su inmortal “Ladrón de tu amor”, donde le recordaba a la jeva (Leonela, la de la telenovela de RCTV, para más señas) que quien te hace llorar es quien te ama. Por algo el serial televisivo de Delia Fiallo, protagonizado por los difuntos Mayra Alejandra y Carlos Olivier, basaba su argumento en el nacimiento de un romance entre dos desconocidos, luego de la violación de que fuera objeto Leonela Ferrari Mirabal por parte de Pedro Luis en las playas del Litoral como un acto de venganza.

“Éramos felices y no lo sabíamos”, gritan en dolor mayor las viudas de la romería adeca 30 años después; pero hoy, por lo menos, los movimientos feministas alzan sus banderas frente al condicionamiento que conserva en nuestra sociedad poderosos vestigios de la mujer-objeto en aras de un denominador común que aún sigue vigente, pero está cada vez más señalado y, poco a poco, pasa a ser políticamente incorrecto: la violencia de género.

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“No te olvides que las industrias culturales manufacturan productos, y en este caso se trata de representaciones en términos de burguesía. Es una propuesta de la globalización de lo que tiene que ser la mujer”, señala la profesora Sandra Angeleri, doctora en Estudios Étnicos, docente jubilada de la UCV y militante feminista.

QUE LO DIGA OZUNA

La industria del entretenimiento, que se desarrolló vertiginosamente a lo largo del siglo XX y sigue dominando los imaginarios culturales planetarios gracias a su imposición de marca —como ya lo advertían en los años 40 los creadores del término: Theodor Adorno y Max Horkheimer—, multiplica de forma avasallante la idea bíblica de que la mujer es un accesorio del hombre. Sus productos emblemáticos (la música, el cine, la televisión y la publicidad, entre otros) son responsables directos y dilectos de una ética y una estética donde la hembra está sujeta a las más innobles humillaciones sexuales, maltratos morales y físicos, subvaloración y sojuzgamiento frente a los valores universales del macho.

La sobrina que nos entretiene cuando se desfogona “perreando” en medio de un círculo de tíos festivos por su cumpleaños; la afrodescendiente que debe alisar sus rulos para responder a la imposición de los pelos lacios; la muchacha que no puede andar escotada ni llevar la falda cinco centímetros por encima del retazo carnal que va de su rodilla al muslo porque se gana un siseo salvaje o, incluso, una invitación directa al sexo. Todo, sintomático de la violencia explícita o sesgada que acompaña el relacionamiento cotidiano entre hombre y mujer.

Tú me rompiste el corazón / sin sentido y sin razón, / pero tengo un culo nuevo / que me da mucho cariño y me chinga bien cabrón, resume sabiamente Ozuna, el negrito ojos claros.

Telma y luise

MANDA A DECIR MALUMA

Tarek William Saab, Fiscal General, afirmó tras el asesinato de la bailarina Mayell Hernández, que el Ministerio Público había recibido entre agosto de 2017 y septiembre de 2018 al menos 93 causas, 63 de ellas feminicidios consumados y 30 frustrados. El dato, que corresponde al ámbito judicial, no se desvincula del andamiaje mediático que teje la cosificación de la mujer hasta darle utilidad bien como objeto sexual, pera de boxeo, adorno circunstancial, contrincante de belleza, modelo de video de reguetón, dama histérica por la regla, cuaima o “feminazi”.

Nos sintetiza, además, el dudoso privilegio de ser el país con más reconocimientos mundiales por premios a la belleza de la mujer, con 211 en total hasta 2018, 27 de los cuales se encuentran dentro de los siete concursos internacionales más importantes: Miss Universo, Miss Mundo, Miss Internacional, Miss Intercontinental, Miss Tierra, Miss Supranacional y Miss Grand Internacional.

“Yo creo que vivimos en un sistema-mundo donde prevalece una mirada occidental. Las mujeres pasan por esa visión dominante y los medios de comunicación y todas las formas en que la sociedad obtiene entretenimiento y diversión presentan a una mujer blanca, muy delgada, que nada tiene que ver con las mujeres de las distintas culturas, de las diversas naciones. ¿Qué tiene que ver el estereotipo dominante de mujer de los mensajes publicitarios, que nos llegan día a día, con una mujer musulmana, o indígena, o afro?”, reflexiona María Mercedes Cobo, feminista y periodista, magíster en Procesos Sociopolíticos.
O sea, no es solo un asunto antropológico, religioso o sociológico, es un tema político.

Maluma matiza: Cierra los ojos, / calla boca, y tus oídos / que no escuchen de lo que no eres testigo: / no soy el único que levanta ese vestido, jajajá…, y va y se gana el Grammy Latino 2018 en la categoría Mejor Álbum Vocal Pop Contemporáneo por su disco F.A.M.E.

te doy mis ojos

PREGÚNTALE A ARJONA

Arroz con leche me quiero casar / con una viudita de la capital / que sepa coser, que sepa bordar, / que ponga la mesa en su santo lugar, nos dogmatiza, desde nuestra más tierna infancia, el canto popular, que nos aconseja el estándar más recomendable de la mujer casadera.

En una sociedad donde la mujer aparece tutelada bajo la figura masculina que, necesariamente, ha de acompañarla; en una sociedad en que las mujeres han peleado por conseguir sus derechos y un espacio para la igualdad frente a los hombres el cine, por ejemplo, se ha limitado a plasmarlas en lucha individual por un objetivo particular, jamás como un grupo social o una clase, incluso vengadas por hombres frente a las agresiones causadas por otros hombres.

Thelma y Louise, la emblemática película de Ridley Scott, se reduce a dos mujeres vengadoras que salen al ruedo frente a unos tipos que intentan aprovecharse sexualmente de ellas. La española Te doy mis ojos, de Icíar Bollaín, va un poco más allá y plantea la historia de una mujer que pretende trabajar y tener una vida personal, además de ser madre-esposa, mientras el marido, intolerante y machista, la humilla y maltrata con ribetes de violencia demencial.

Trap

“Creo que, definitivamente, hay una invisibilización del pueblo que ha sido subalternizado y de las mujeres e indígenas que hemos sido racializadas y desplazadas del gran aparataje de la industria cultural. Vivimos, además, en una sociedad violenta y tal vez los hombres, que también están condicionados por el sistema patriarcal y machista, encuentran una causa de violencia de género cuando no obtienen lo que constantemente bombardean los medios en ese relacionamiento con la mujer”, remata Cobo.

Regueton 02

Lo que no se entiende, a estas alturas, es esa manía con Ricardo Arjona, si ya en 1996 cantaba “Tu reputación”, canción que enfatiza de manera profunda la intermediación, dialécticamente, con la que el trovador guatemalteco establece su honda percepción de la subalternidad femenina, la racionalidad descolonial y la identidad de género: Tu reputación / son las primeras seis letras de esa palabra. /

Llevarte a la cama era más fácil que respirar. / Tu teléfono es de total dominio popular / y tu colchón tiene más huellas / que una playa en pleno verano.

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