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EN EL AÑO 2009 LA IMAGEN DE LA VIRGEN DE COROMOTO FUE SOMETIDA A ESTUDIOS Y A UNA OBSERVACIÓN BAJO EL MICROSCOPIO. EN UNO DE LOS OJOS DE LA RELIQUIA APARECE EL ROSTRO ATERRORIZADO DE UN INDÍGENA, PROBABLEMENTE EL COROMOTO DE LOS RELATOS QUE NOS HAN CONTADO

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE •@JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN RAUSSEO 2

En la “fotografía” original que se le hizo (impresión sobrenatural de 5,2 milímetros, en técnica desconocida por la ciencia humana, sobre corteza de árbol, que se encuentra a la vista allá en el templo que le hicieron en Guanare) la mujer destila un aspecto más bien bonachón, de carajita de pueblo, un poco cachetona y con media sonrisa que no invita a la postración ni al sufrimiento, sino al “relájate chamo, vamos a conversar”. Por supuesto que después esa imagen ha sido manipulada conforme a criterios que ya todos conocemos (el racismo eurocentrista, principalmente), y esa es la razón por la que la Virgen de Coromoto que nos han vendido parezca europea. ¿No era palestina aquella María que dicen que engendró a Jesús? Cuento aparte, ese. Aquí estamos hablando de su advocación venezolana por antonomasia.

Atentos con el “relájate chamo, vamos a conversar”, porque ese parlamento tuvo lugar efectivamente, en 1652.

Cuando uno la guglea hay una página donde se habla de ella y de pronto aparece un intertítulo que dice, así clarito: “Estudios realizados”, y si uno no anda bien atento a las trampas simbólicas del discurso puede, en efecto, pensar algo como “claro que sí, yo como que vi a esa coñita en el liceo”. Pero no, lo que anuncia el intertítulo no son los estudios realizados por la muchacha sino los estudios a los que ha sido sometida su imagen, ese retrato que dentro de un ratico les contaremos cómo fue que llegó a este mundo.

Intriga un poco el que esa muchacha se haya aparecido en el calorón de las sabanas del actual estado Portuguesa envuelta en tanto trapo, como si estuviera en el páramo, pero no es difícil imaginarse una conversa con una chama dueña de ese rostro en términos más bien familiares o coloquiales; esta no es una virgen señorial ni prepotente sino más bien simpática, a lo venezolano, y todo lo dicho en este párrafo tiene que ver con la guerra comunicacional más de lo que estamos dispuestos a reconocer.

Los españoles (y dicen por ahí que antes de ellos los alemanes) llegaron a la cuenca del actual río Guanare hacia 1591, y ya todos sabemos lo que significaba en esa época el verbo “llegar”. La fundación de poblados fue con Biblia y arcabuz, con sangre y sicoterror. El pueblo indígena de los cospes, habitante de la región, pudo salvarse durante 60 años de la muerte y la esclavitud debido a una ventaja geográfica: los cospes eran llaneros pero conocían el camino hacia las montañas, hacia el Norte, y esto hizo difícil la tarea de evangelizarlos o esclavizarlos, que al final viene siendo lo mismo. No había forma de someterlos; eran huidizos y conocedores del territorio los cospes. Entonces la España medieval, o probablemente Dios y su corte, tuvo que recurrir a artificios más sofisticados para someter a aquellos indios diletantes, liderados en ese tiempo por un tal Coromoto.

“MARICO, ¿HASTA CUÁNDO VAS A ESTAR RESISTIÉNDOTE? RELÁJATE Y COLABORA”. PERO A COROMOTO LE ENTRÓ ESTA VEZ FUE UN ATAQUE DE FURIA, AGARRÓ SU ARCO Y SU FLECHA Y HALÓ EL GATILLO PARA DETONAR A LA APARECIDA

Un día de 1652 caminaba Coromoto con su mujer por la ribera del río que mucho después llamaron Guanare, cuando de pronto se le apareció aquella imagen de la muchacha hermosa y ataviada como una gocha (gochas probablemente también sus facciones) y le dijo en el idioma de los indígenas: “Chamo. Por favor dejen ya la corredera. Vayan a casa de los blancos y pídanles que les echen el agua en la cabeza (el bautismo) para poder ir al cielo”. Coromoto y la compañera salieron despavoridos a echarles ese raro cuento a los demás miembros de su comunidad (“tribu”, nos dijeron toda la vida que se le llama a eso), y acá pasa algo que levanta sospechas: los miembros de la comunidad, con solo escuchar esa historia, le brincaron la talanquera a Coromoto y decidieron meterse a católicos por aplastante mayoría. Entonces, o el Coromoto tenía una elocuencia, una credibilidad y un poder de convencimiento del carajo, o andaba por el contrario con los puntos bajitos y sus muchachos decidieron aprovechar ese momento de debilidad para abandonarlo. La otra opción es que probablemente Coromoto haya sido captado por el enemigo para que convenciera a los suyos de dejarse subyugar. Hay que detenerse a analizar el siguiente episodio, ocurrido, según dicen, el 8 de septiembre de 1652.

Se encontraba el día 8 el excacique Coromoto con varios miembros de su familia y viene y se le presenta otra vez la caraja envuelta en trapos y vuelve a decirle: “Marico, ¿hasta cuándo vas a estar resistiéndote? Relájate y colabora”. Pero a Coromoto le entró esta vez fue un ataque de furia, agarró su arco y su flecha y haló el gatillo para detonar a la aparecida. Ese es el instante exacto en que se realizó la instantánea de la Virgen: el arma desapareció de las manos del indígena furioso y en su lugar apareció un pergamino de corteza de árbol, e impreso en este, el meme de la Virgen. Dicen los católicos y sabedores de estas cosas que esta imagen y la de la Virgen de Guadalupe son las únicas reliquias auténticas y originales de la Virgen en todo el mundo. Vayan a su santuario en Guanare, ahí les venderán unas copias de esa reliquia, más o menos baratas.

364 después, en el año 2009, en el ojo izquierdo de esta advocación mariana venezolana un grupo de investigadores pudo ver, nítido y sin necesidad de photoshop, el rostro descompuesto de Coromoto justo en el momento de irse en mierda y quedar pálido y desperrugido para la posteridad.

Coromoto volvió a huir del lugar, pero un sobrino suyo que lo acompañaba cogió el pergamino y se lo entregó a las autoridades eclesiásticas. La Virgen se cansó de tanto aparecérsele a ese rebelde incurable y decidió intentar el sometimiento por otros métodos: se dejó de magias y truquitos tecnológicos y le mandó una culebra de esas que llaman cuatro narices, que le echó un mordisco en una pierna y le zampó suficiente veneno para hacerlo sentir el mal olor de la muerte. Y entonces sí, Coromoto se puso a rezar avemarías en cinco idiomas y en cuestión de horas se entregó a Dios y a la corona española.

Dicen que la Virgen es una sola pero que sus múltiples advocaciones recogen la esencia de sus pueblos y devotos. El 9 de diciembre de 1999 la Virgen del Valle, allá en Margarita, lloró sangre por primera vez en varios siglos; la pacatería religiosa aseguró que la tragedia que la Virgen estaba anunciando era la aprobación del texto constitucional del tiempo chavista. Pocos días después se supo qué cosa era lo que estaba informando esta advocación, orgullo del pueblo margariteño: la apoteosis de una vaguada que exterminó a miles de venezolanos en la costa de Vargas y ciudades cercanas al Litoral. La de Coromoto no ha realizado un prodigio de esa magnitud en estos días pero sigue siendo la mamá de los helados para los católicos en Venezuela. Y además tiene esa imagen que, según dicen, fue sumergida en agua y el agua se puso de un color verde amarillento. Al ser analizada, resultó que el líquido tenía una pureza de cien por ciento, a pesar del color. Poderes son poderes, papá.

ÉPALE 251

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