ddg

POR RODOLFO PORRAS

Vladimir y Estragón son amigos, son raros, son personajes que parecieran surgir del antiguo vodevil llevado al cine. Hacen recordar a Chaplin, al Gordo, al Flaco, a los Comedy Capers, al habla de Cantinflas; también hacen recordar a Sartre, a Camus y recuerdan —de igual modo— a esos vagabundos que con su carterita de vidrio en el bolsillo —continentes de la peor caña del mundo, siempre a punto de terminarse— duermen en plazas… aunque, tal vez, por el alcoholismo de estos últimos es mejor guardar una cierta distancia prudencial: tanta profundidad enmascarada en la superficialidad del payaso de la comedia de variedades no debe ser rebajada a tales bajezas de plazas, banquitos y malos olores.

Sin embargo, Didi (como también es conocido Vladimir) y Estragón se asientan en una plaza europea de cuyo nombre no quiere acordarse Samuel Beckett, quien cabe en este texto porque, aunque no sea un personaje de la obra, tuvo el grato placer de haberla escrito. Placer porque debe haber tenido mucho regocijo mientras escribía cada acto (dos en total), mientras configuraba los personajes. Además, placer porque Esperando a Godot es una de las piezas teatrales más importantes de la contemporaneidad, y él lo sabía.

Pozzo y Lucky sí que son personajes de la obra estrenada en 1940. Grotescos, repugnantes: uno por ser un esclavista y el otro por dejarse esclavizar… parecieran puestos allí para representar una aberrante metáfora de la humanidad donde este par de idiotas o, mejor, este par de crédulos o, peor, este par de individuos vean pasar un tiempo mientras, aparentemente inmóvil, los tritura. O, para ser más exactos, mientras este par de seres humanos se dejan triturar por un tiempo despiadado, la perversión de lo humano les pasa por el frente. Un tiempo que se manifiesta al final porque una mata, que hasta ahora lucía seca y sin follaje, deja salir una hoja.

Hay un muchacho que, por breve y por muchacho, no llega a ser un personaje… sin embargo, suelta su anuncio con una inocencia y con una contundencia devastadora: “No vendrá hoy, pero mañana seguro que sí”. Lo dice y pareciera preguntarle a este patético dúo: ¿qué esperan?

El otro personaje de esta tragicomedia en dos actos es Godot. Nunca sale, nunca llega, es la razón de ser de la obra y del resto de los personajes. A pesar de que god en inglés es Dios y dot en alemán también, Beckett se niega. ¡No señor!, ¡ningún, ningún!, “más bien viene de ‘bota’”, afirma con énfasis. Pero quien esto escribe no le cree a Samuel… ¡De bolas que es Dios!

ÉPALE 305 

Artículos Relacionados