ÉPALE313-VO NGUYEN GIAP

SU FENOTIPO ENGAÑABA A MÁS DE UNO, APERCIBIDO DE QUE ENTRE LOS SUYOS LO CONSIDERABAN UN GIGANTE. SU SILUETA HABÍA IDO CRECIENDO A LA LUZ DE ASOMBROSAS TÁCTICAS BÉLICAS Y UNA IRREVOCABLE VICTORIA SOBRE DOS POTENCIAS HEGEMÓNICAS

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE • @JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN FORASTERO LPA

Hay guerras lentas y hay batallas urgentes. Las primeras son el episodio largo de la historia; las segundas son los innings del partido, los turnos al bate, los lanzamientos y el batazo: episodio por episodio, se va encaminando la especie hacia una forma más digna de desenvolvernos en el puto planeta secuestrado por el puto capitalismo.

Las guerras lentas nos han tomado, a los seres humanos de nuestra clase, siglos y generaciones de victorias, derrotas, sufrimientos y heroísmo. Son esas peleas que uno a veces no logra relacionar entre sí, y de la que nos cuesta un poco creer que formamos parte. Cree uno que arrimarle un tuit informativo u opinático al océano de informaciones y pendejadas es no hacer nada contra la maquinaria imperial. Y cree uno, también, que nada tiene que ver la actual cruzada anti-Monsanto con las coñazas más o menos lejanas de Sandino en Nicaragua o con las mucho más remotas del Viet Minh en Vietnam.

Ya nombramos a Vietnam; momento de darse cuenta de que hubo otra guerra intermedia, un episodio en el que no cabe la etiqueta “batalla rápida” y que definió a seres que militaron en el descubrimiento de la vertiginosa lentitud, aporte de Mao desde el universo llamado Revolución China. Escarba uno en el episodio vietnamita y asoman los nombres de Vo Nguyen Giap y Ho Chi Mihn. El primero de ellos fue el alquimista de la victoria contra, al menos, dos potencias hegemónicas.

VICTORIAS VIOLENTAS, VICTORIAS PACIENTES

Lo vimos por acá, al borde de sus 100 años de edad. Cuando se anunció el nombre del coloso vietnamita, tal vez muchos esperaban la entrada en escena de una figura imponente, del tamaño de su estatura histórica, pero el hombre a quien Hugo Chávez Frías le entregó la réplica de la espada del Libertador era un anciano que no llegaba al metro y medio de estatura. Engrandecido por la leyenda, aunque empequeñecido por los procesos naturales del cuerpo, allí estaba el señor estratega, frágil y misterioso. “Este fue el caballero que sacó a los franceses y a los norteamericanos del territorio vietnamita”, anunció el comandante venezolano. Las palabras de Chávez, aunque después las amplió y corrigió, obviaron en ese momento el factor decisivo: el pueblo vietnamita, su cultura campesina y su integración a la historia y al entorno geográfico.

Con todo, la cuestión del tamaño también moldea la historia. Cuando usted tiene ante sí a un enemigo más grande lo peor que puede hacer es metérsele de frente, porque ese gigante lo va a aplastar sin problemas. Nguyen Giap aprendió estas cosas en el tutorial espantoso de las derrotas: docenas de batallas ganó mediante el trámite del valeroso cuerpo a cuerpo, pero cuando le tocó perder las bajas de su gente se contaban por miles. Hubo una batalla en la localidad de Vinh Yen, en 1951, contra el invasor francés, donde sus tropas fueron diezmadas a causa de esta aguerrida, pero equivocada, forma de pelear y de un factor nuevo y repulsivamente cruel, del que no se tenía noticias: el uso del napalm. Este combustible puede arder durante días enteros si no se le ahoga completamente en agua, y se expande a través del oxígeno; es uno de los inventos más atroces de la industria de la guerra, pues no distingue entre tropa militar y población civil, ni siquiera entre aliados y enemigos: usted lanza napalm y el fuego va diezmando a todo ser y objeto que se encuentra a su paso, durante todo el tiempo que dura el elemento en consumirse.

Giap salió del infierno de Vinh Yen golpeado y adolorido, pero ya para esa época era un hombre que sabía de dolores. Diez años antes-, cuando andaba en la tarea de conformar el Partido Comunista de Indochina, su familia fue despedazada sistemáticamente por Francia. La última persona de su gente más cercana que murió fue su esposa, Dang Thi Quang, condenada a cadena perpetua pero fallecida a causa de las torturas tres años después de su detención. La misma suerte corrieron sus hermanas e hijos.

ESTADOS UNIDOS SE HABÍA RETIRADO: NO SUFRIERON MÁS BAJAS, PERO LA FORMA VIETNAMITA DE HACER LA GUERRA LOS HABÍA DESMORALIZADO Y OBLIGADO A ABANDONAR SUS PLANES DE APROPIARSE DE VIETNAM DEL NORTE

El dolor como escuela: después de Vinh Yen, los franceses idearon un plan, llamado Operación Lorena, destinado a liquidar a la guerrilla comunista en campo abierto, pero esta vez la táctica consistió en perpetrar breves ataques y un repliegue hacia una zona selvática; la tropa de Nguyen Giap no ganó, pero tampoco perdió ni fue exterminada conforme al plan. Un año más tarde se produjo la mamá de las batallas “rápidas” de la guerra contra Francia: Dien Bien Phu. “Rápidas” va entre comillas, porque duró 55 días y la táctica mediante la cual 14.000 hombres del Ejército francés fueron cercados se estudia en las escuelas de estrategia del mundo. Como no se pueden mover grandes y pesados equipos por la selva, Giap y su gente fueron llevando la artillería desarmada, pieza por pieza, y la volvió a armar en puntos estratégicos, en puntos altos cerca del cuartel general. El despliegue de seres humanos por trincheras y túneles neutralizó e hizo inviable el uso del napalm, y Dien Bien Phu se convirtió en uno de los momentos cumbres de la guerra mundial del pueblo contra los ejércitos regulares.

Desterrados los franceses de Vietnam vino Estados Unidos (cuándo no) a ejercer las veces de policía imperial, y contra ese otro imperio invasor vino el genio de Ho Chi Minh a mover sus piezas; el brazo ejecutor de Giap estaba listo para nuevas hazañas. Cuando en 1968 se logró la retirada norteamericana y vino el recuento de daños, los 3.000.000 de muertos vietnamitas contra los casi 60.000 muertos norteamericanos parecía una derrota, o una victoria pírrica. Nguyen Giap explicó por qué Vietnam había triunfado: “No éramos lo suficientemente fuertes para expulsar a medio millón de soldados, pero ese no era el objetivo. Nuestra intención era romper la voluntad del Gobierno estadounidense de continuar con la guerra. Estados Unidos se había retirado: no sufrieron más bajas, pero la forma vietnamita de hacer la guerra los había desmoralizado y obligado a abandonar sus planes de apropiarse de Vietnam del Norte.

Con todo, Vietnam del Sur seguía siendo un gobierno títere de los gringos, y contra ese enclave continuó la guerra. En 1975, el fantasma que temían Estados Unidos y todo Occidente cobró cuerpo concreto: los comunistas del Norte tomaron Saigón, la capital del Sur, y se produjo la unificación de Vietnam. La estrategia de fondo se propagó después: aparte del poder de fuego y el genio de Nguyen Giap, el Vietnam pueblo contaba con una avanzada de cuadros revolucionarios, un tejido social, un ejército de pueblo organizado que se propagaba por la población a la velocidad del napalm: guerra del pueblo desarmado pero consciente. Cualquier parecido con la fecha 13 de abril de 2002 no es coincidencia.

Vo Nguyen Giap murió a los 102 años de edad, en 2013. En la guerra de Vietnam Estados Unidos había arrojado más de 7.000.000 de toneladas de bombas y 100.000 toneladas de sustancias químicas, más bombas que las arrojadas durante toda la Segunda Guerra Mundial. Nada de eso doblegó al general del pueblo vietnamita. Solo el tiempo lo logró: como para terminar de aprender que es preciso ejercitar la lenta y larga victoria de la vida, que los individuos mueren pero los pueblos continúan, inevitablemente, la larga guerra contra el capital.

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