ÉPALE277-CIUDAD

LOS ACENTOS DE CARACAS CONFLUYEN EN UNO DE SUS PARQUES MÁS ANTIGUOS, DONDE ABRIÓ SUR 21 CAFÉ, QUE POR AHORA OFRECE LAS PIZZAS MÁS BARATAS DEL PLANETA

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO / FOTOGRAFÍAS ENRIQUE HERNÁNDEZ

La jevita con el pendiente en la nariz y el cabello lacio trenzado, la camiseta fucsia estampada con un retrato de Frida Kahlo y el logotema de Daft Punk, comiéndose un helado, sola, debajo de una mata de jobo. La pareja avergonzada que se roza las manos, se sonríe y esconde la cabeza entre los hombros huyéndole a la vergüenza del primer beso lengüeteado, que se le enredó con el aliento a proteína vegetal. El tipo papeado que se autodefine “papi rico” y se observa en algún espejo de agua, se contornea apolíneo afianzando sus curvas musculares, golpea sus muslos con saña voyerista y voltea con disimulo para ver si lo estoy mirando. Dos púberes sumisos que se abren al mundo con la delicadeza imposible de la seda en el metal, que se dicen cositas como secretos breves al oído, recostados de una de las fuentes que escupe un efímero rocío para aplacar el ardor de sus huesos postadolescentes. Los ciclistas que remontan el túnel vegetal debajo de los proyectiles índigos del cielo que se desparrama por las grietas boscosas. Los trotadores que se juntan para competir en resistencia y desguazar al Gobierno, al que culpan de esto y de aquello y de todo lo demás… y de lo contrario. La mujer policía que se detiene a mirarme fijamente para espantar algún recuerdo festivo de hace 20 años, cuando todavía no empuñaba un arma pero jugueteaba con mi barba tensada de joven periodista que olía a futuro y hoy hiede a pasado.

“Aquí te violan y te roban sin que te des cuenta”, fue su emotivo saludo en código “paco”, en vez de ofrecerme un abrazo derretido, por los viejos tiempos.

Se extravió un perrito, un yorkshire terrier. Se llama Sirius y se perdió por los alrededores de la avenida Baralt, de Piñango a Camino Nuevo; llevaba un collar rosado. La persona que pegó el cartel en uno de los postes ruinosos que dan acceso a la Plaza de los Museos no ofrece recompensa alguna, pero cifra sus esperanzas en la caridad caraqueña y ofrece una dirección de correo por si el destino se apiada de su minúscula tragedia: supercanino2018@gmail.com.

“AQUÍ TE VIOLAN Y TE ROBAN SIN QUE TE DES CUENTA”, FUE SU EMOTIVO SALUDO EN CÓDIGO “PACO”, EN VEZ DE OFRECERME UN ABRAZO DERRETIDO, POR LOS VIEJOS TIEMPOS

Una luna pintada y unos pies estampados que se adentran en la plaza, bordeando el pliego agreste de un ramillete de astas sin banderas: de un lado, el Museo de Ciencias, del otro el Museo de Bellas Artes con sus estatuas célebres, sus chicharras enardecidas y los ocres terrosos de la tarde que cincelan los árboles centenarios que están allí desde el siglo pasado, y hasta un mango cargadito que aún no ha sufrido, cosa rara, los embates suicidas de los escaladores espontáneos que sacian su hambre con el fruto tropical.

El túnel vegetal es un hermoso paisaje de la Caracas más tropical

El túnel vegetal es un hermoso paisaje de la Caracas más tropical

SUR 21 CAFÉ

Todo extrañamente solo, con la soledad congelada de la estatua de Teresa de la Parra en compañía de un obrero que descansa mirando al cielo en su soledad proletaria y esperanzada porque el domingo se vota, “llueve, truene o relampaguee”, piensa. O solo está sacando la cuenta de cuánto debe poner para el cuarto de kilo de queso blanco, o si ese quesito servirá para rellenar las arepas de todos los carajitos en la cena y quedará algo para el desayuno de mañana, o si le quedará algo para el cocuy del viernes, si es que es capaz de burlar la ley seca… ¡claro que es capaz!

La señora Antonia a lo mejor no sabe que el Parque Los Caobos fue inaugurado el 9 de diciembre de 1924 con el nombre de “Parque Sucre”, en los antiguos terrenos de la Hacienda La Industria, cuando gobernaba Juan Vicente Gómez. Tal vez tampoco sabe de sus 21 hectáreas, de su enorme cantidad de caobas, de sus 2.500 árboles centenarios ni de las diez esculturas que se esconden en el ramaje violento de uno de los parques con más abolengo de la ciudad.

La Fuente Venezuela está allí desde el 12 de octubre de 1967

La Fuente Venezuela está allí desde el 12 de octubre de 1967

Pero ella habla con los animales.

El día del ataque de las abejas asesinas, cuando apenas comenzaba el Festival Internacional de Teatro Caracas 2018, ella reprendió a las agresoras y las mandó a tomar su camino muy lejos de allí.

Atiende su puesto informal en la puerta oeste del parque, donde gobierna en su destierro de clientes furtivos desde hace 19 años, repartiendo infusiones, besitos de coco y bollitos de carne y pollo hechos en casa. Dios le dictó la fórmula para resolver tan peligroso percance: “Toma un trapo mojado y móntate tu gorrito de agua en la cabeza”, parece que le dijo. Y así lo hizo, con lo que evitó ser agredida por los bichos, aunque intentaron entrarle por la boca y la nariz. “Vete por donde viniste”, les gritó, a lo que respondieron huyendo para atacar a los demás viandantes, fanáticos de las artes escénicas que se paseaban inocentes por Ciudad Teatro.

También habla con las cucarachas: a una, que estaba echando broma mientras Antonia intentaba repartir café, le gritó: “Bueno, chica, déjame quieta”, viéndola huir a través de las heridas abiertas del concreto. A los sapos los maneja a su antojo, aunque le dan mucho asco. “Yo hice subir a uno por las escaleras. Le dije: ‘Hazme el favor y subes la escaleras y dejas el fastidio’. El sapo me miró así, y se fue por ahí pa’rriba”.

Ella también sabe que un poquito más allá inauguraron Sur 21 Café, con el que piensa trabajar sin rencor ni envidia, porque todo el mundo tiene derecho a chambear. “Aquí hay pa todos”.

Sur 21 viene a ofrecer otra ventana de quietud en la ciudad sitiada

Sur 21 viene a ofrecer otra ventana de quietud en la ciudad sitiada

El sábado 28 de abril abrió sus puertas la sucursal del café que, desde ya, cosecha la minúscula fama de ofrecer las pizzas más baratas de toda Caracas y, a lo mejor, del país: la regular Fuente sale en Bs. 240.000 a la hora de escribir este texto, y funciona para dos personas, a solaz de los banquitos de madera y la fachada de concreto armado entrelazado, que compone la extraña estructura modular que sirve de asiento al local.

Me atiende Daisy Moncada, la gerente encargada. Me brinda un papelón con limón, el buque insignia, y habla con emoción de los tequeños con salsas hechas en casa, que se pueden degustar en la planta baja, de 30 mesas, o en el nivel Terraza donde 14 mesas distribuidas espaciosamente bajo el letargo de las caobas permiten disfrutar, sobre todo durante las noches, de algún DJ ocasional de fin de semana y de la compañía de quien se arrime.

El horario es de 12 a 8 de lunes a jueves, y los fines de semana hasta que el cuerpo aguante. Pero definitivamente siempre va llegando gente, aprovechando el estacionamiento reacondicionado del parque, con acceso directo desde la autopista y el reforzamiento de la seguridad, que en su conjunto permiten el disfrute de un rato feliz a la vera de los precios solidarios.

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