ÉPALE 242 - MINICRÓNICAS

POR PEDRO DELGADO

La tarde en que me besé con Rudy Rodríguez era una más de aquel abril de 2010. Día sábado, exactamente. Una de esas tardes donde los sentimientos juegan un rol fundamental en la vida del admirador de una diva, algo que he de aclarar en relación al beso. Ella, muy seductora; yo, más contento que niño comiendo chicle. Llevamos nuestros labios a las respectivas mejillas.

Convidado por el afán de cazar autógrafos, no debía pasar por alto ese, el de la actriz que siempre he admirado por su belleza, por su ángel, por su elegancia, por el don de gente que se desprende de su mirada transmitida a través de la pantalla, lo cual pude comprobar personalmente.

Sabiendo que no sería fácil poder acercarme a ella, con la presunción de un tumulto reclamándole firmas en medio de las cámaras, por cuales ella siempre ha tenido el privilegio de ser encandilada, emprendí mi aventurado camino.

Subo al vagón en la estación del Metro Propatria, vía estación Altamira. Los consuetudinarios pasajeros, el consabido martillo, la vendedera de chucherías, poco aire acondicionado, una parada aquí, otra más allá y, como a las 4:45 pm, en la plaza. Numerosos stands merodeados por un sinfín de personas concurrentes a la Feria del Libro de Chacao de ese año. Era el asunto. Nada, a uno de esos stands llegaría a una sesión de firmas; el motivo de mi visita. Pasadas las 6 pm llegó, y tras ella la algarabía y los empujones. Los guardaespaldas abriendo el paso para que se instalara. Acalorada, se quitó una blusa manga larga descubriendo una franelilla blanca dentro de unos jeans rodeado por un cinturón bermellón. Había llegado para firmar un libro de su autoría, El camino a la felicidad. Quien no lo tuviera podía comprarlo allí mismo. Solo llevaba mi carta de presentación y esperaría el momento oportuno.

Los empujones no cesaban, y el calor tampoco. Abriéndome camino, como desde el puesto 30, reclamando el derecho de mi tercera edad, levanté a lo alto mi carta: una página a color de su Calendario 1995 en traje de baño. Cuando la vio, mandó a seguridad a que me llevaran a su lado. “¡Oh my God!”, exclamó mi artista favorita. Ocurrió lo del beso y me firmó: “Con amor para Pedro: Rudy Rodríguez”. Las cámaras se destaparon a punta de flashes y posamos abrazados en medio del despelote:

“Señor suba la foto por favor”. “Voltee para acá, porfa”. “Levántela más”.

“Rudyyyyyy…”.

ÉPALE 242

Artículos Relacionados