Vuelta a la patria: regreso a la raíz

Se van quienes ambicionan más. No es censurable. Pero muchos se van dejando una estela de maledicencias contra la patria. Para ellos, y para los demás, la Revolución Bolivariana tramó un plan de repatriación amorosa de los connacionales varados en cualquier esquina del mundo, atenazados por la pandemia

Por Marlon Zambrano@marlonzambrano / Fotos Archivo

¡Luz, luz al fin! Los reconozco ahora:

son ellos, son los mismos de mi infancia,

y esas playas que al sol del mediodía

brillan a la distancia,

¡oh, inefable alegría,

son las riberas de la patria mía!

Vuelta a la Patria

Juan Antonio Pérez Bonalde

Todo se ha dicho. No, espera, falta más. Sobre la lógica-país, es mucho lo que ha advertido (y lo seguirá haciendo) la narrativa que se refiere a Venezuela en su devenir político desde el escándalo y la infamia, más aún en un período casi inexplicable y, por tanto, presto para todo tipo de especulaciones, como lo es la etapa que llevamos de cuarentena sanitaria generada por la pandemia del coronavirus.

El proceso de repatriación de venezolanos que ha ejecutado el Gobierno bolivariano a través de sus instituciones ha sido descrito con todos los adjetivos imaginables, buscando generar angustia en una población lo suficientemente inquieta ya por la embestida de una peste que mantiene a la humanidad en estado de alarma.

“Desde el mismo momento en que se decretó el estado de alarma para aplicar medidas de choque frente a la posibilidad de contagio masivo de Covid-19, el Gobierno venezolano extendió el puente aéreo humanitario”

El responsable de esta estrategia de contrapropaganda no es otro que el tejido mediático internacional junto a sus operadores nacionales, empeñados en fortalecer las matrices del caos que vive el país, sin matizar ni hacer concesiones ante el evidente impacto que sobre su propia patria han tenido las medidas económicas y prebélicas que postran contra las cuerdas al pueblo. La intención, resulta obvio, es el interés político que desde hace 20 años busca defenestrar a la revolución bolivariana.

Desde el mismo momento en que se decretó el estado de alarma, para aplicar medidas de choque frente a la posibilidad de contagio masivo de covid-19, el Gobierno venezolano extendió el puente aéreo humanitario denominado Plan Vuelta a la Patria, esta vez en el marco de la crisis sanitaria que afecta al mundo entero.

El presidente Nicolás Maduro anunció por entonces que habilitaba una flota de 24 aviones, que desde hace siete meses traslada a los connacionales varados en los distintos destinos de la geografía mundial, a donde han ido a parar huyendo de las precariedades económicas que ha generado el bloqueo sobre el país.

Los connacionales a su regreso a la patria le hacen su respectivo chequeo

Plan en dos fases

Se estructuró un plan en dos fases: primero, los países preferidos por la migración sobrevenida a partir de la agudización de la crisis económica (hoy aderezada por la pandemia) como Chile, Ecuador y Perú, donde el flujo es mayor y los venezolanos han encontrado más barreras para su incorporación al mundo laboral y productivo.

Le siguen Panamá, Argentina, República Dominicana y México, donde es significativo el incremento del volumen de migrados, siendo atendidos en fases progresivas que se han saldado con el retorno cientos de miles de compatriotas.

Aunque la migración a Colombia es aún mayor y más delicada, por sus implicaciones inmediatas, ha sido tratada con escrúpulo a través del cruce fronterizo supervisado que se ha extendido a Brasil y ha movido a grandes contingentes de efectivos militares (y al aparato de inteligencia por el grave asunto del tráfico humano), para verificar que no se continúe operando, desde el lado colombiano, una especie de ataque virulento que estuvo incidiendo dramáticamente en el incremento del número de contagiados del lado venezolano.

La otra fase de la operación es la que corresponde a Europa, otro de los destinos que atrae la migración criolla por distintas razones, una de ellas el gran número de hijos y nietos de los que migraron (sobre todo de España, Italia y Portugal) a nuestro país después de la Segunda Guerra Mundial.

Los resultados se han traducido en el retorno masivo, por una circunstancia que más temprano que tarde deberán explicar la sociología y la historia: el maltrato de que han sido objeto nuestros connacionales, sometidos a las más inverosímiles condiciones de humillación humana por su origen étnico y condiciones económicas (xenofobia y aporofobia) después de haber sido la nuestra una patria receptora, que no sólo se conformó con abrir sus puertas a los extranjeros, sino que les acogió afectivamente siempre.

Además, se trata de un operativo gratuito, de acogida y acompañamiento, que además ha salvado a cientos de venezolanos y venezolanas de sobrevivir en suelo extranjero en condiciones casi de indigencia.

En mayo pasado el presidente Maduro afirmaba que, entre los vuelos y los ingresos vía terrestre, habían vuelto a Venezuela 37.820 personas. A estas alturas esa cifra se ha triplicado.

Una mezcla de angustia y alegría viven los que se incorporan al retorno

El cordón sanitario

Se ha tratado de demonizar este inmenso despliegue del Gobierno nacional. Algunos voceros de la oposición, en campaña, han afirmado que se trata de demagogia, compra-venta de votos, control social, explotación del dolor ajeno.

Como todo fenómeno nuevo, que se perfecciona en el ensayo y el error, ha habido historias escabrosas, retornos que se han alargado más de los debido, angustias, suicidios en la espera, como lo han explotado hasta la saciedad algunos medios con sesgo evidente. Pero las más de las veces, el procedimiento ha sido efectivo y se ha coronado en la alegría del reencuentro con la patria y la familia, en la espera de mejoras de las condiciones materiales, pero en la tierra que los vio nacer y que además los necesita.

Otro de los aspectos esenciales de las operaciones de retorno es el despliegue irrestricto de los mecanismos de bioseguridad para frenar cualquier posibilidad de contagio y rebrote que incidan, peligrosamente, en las estadísticas de los llamados “casos importados” de covid-19.

De hecho, el consorcio aeronáutico venezolano, Conviasa, ha afinado sus mecanismos de control sanitario como cabinas de seguridad, medición de temperatura corporal, baño de hipoclorito, etcétera, a fin de hacer menos riesgosos los traslados. Los aeropuertos de todo el país, a donde han llegado los vuelos humanitarios, han redoblado sus condiciones de higiene, incluso se han instalado hospitales de campaña para atender emergencias, todo el tiempo acompañados por profesionales de la salud cubanos y venezolanos.

Durante el viaje, se cumple un protocolo que va desde la aplicación de pruebas rápidas de descarte y chequeo general, que permitan un primer diagnóstico desde el punto de partida. Abordan el avión y retornan al país.

Una vez en suelo patrio, y luego de un período de aislamiento, se les realiza una segunda revisión con una prueba PCR, que arroja resultados más exactos. Tras esto, si la persona da negativo, va a seguir la cuarentena en su población de origen. Si da positivo, pasa a ser hospitalizado.

El Gobierno bolivariano ha actuado acertadamente para evitar un drama mayor entre los connacionales migrados, atrapados por la pandemia

ÉPALE 386