POR STAYFREE / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

ÉPALE311- SHIVA KRISHNNADe pequeño me gustaba en demasía el arte. Mi papá, de quien he aprendido a adorar su nombre, es Jóvito Eduardo. Es uno de los salseros más cabillas del mundo, por eso se le conoce como el “Sonero de Chacao”. Yo nací porque mis padres, por allá, a finales de los 70, se enamoraron de chamos. La excusa para mi atropellado nacimiento fue la siguiente: mi papá le daría una clase de cuatro a mi mamá, una niña que ya mostraba su naturaleza de mujer aguerrida, como todas las féminas de mi familia. Y, ¡zas!, la clase de cuatro terminó en un embarazo precoz, ¡vaya lío! Mi papá estaba en segundo año de bachillerato cuando yo nací, y se las jugó todas por “el dulce querube”, es decir, por mí. Mi mamá también hizo lo mismo. Cuentan que mis abuelas se pelearon por la locura de los jóvenes padres, con la clásica de ese hijo no es de mi hijo. La locura terminaba en mis lloriqueos de recién nacido en la novel Maternidad de Petare. Mis abuelas se volvieron a pelear.

Recuerdo que, de niño, amaba un libro de artística de mi papá. Ahí descubrí la sensualidad del arte y su grandeza, tanto sensorial como mórbida, a veces. Esto me invitó a la lectura de las tragedias griegas, como La Ilíada, los síndromes de Edipo y Electra, Medea. Siempre me fascinó la historia de las Amazonas y cómo su reina Hipólita sucumbió al robo de Heracles, quien le quitó su cinturón; de cómo Aquiles luchó contra Pentesilea y la mató con su lanza, pero en el preciso momento en que moría Pentesilea se enamoró de Aquiles, y se encontraron los ojos de dos guerreros que se merecían el uno al otro. Cómo disfruté ver el Panteón de la Acrópolis en el Museo Británico. Fue un orgasmo total ver esas estatuas. Por más que recordé todas estas tramas y maquinaciones, que me fascinaban, sabía que todos en las tragedias griegas eran unos hijos de puta que se cogían todos, bisexuales y lo que viniera, tanto hombres como mujeres; hasta Hermafrodita, el extraño hijo del dios Hermes y la diosa Afrodita. Sin embargo, en la actualidad la guerra de los sexos es candela, una pugna por quien es el mejor en todo, que a veces termina en grandes coñazas y otras en la cama. Sin embargo, me molesta mucho ese desconocimiento por el otro, y uno se ve inmerso. En Venezuela la mujer está reprotegida y es loable, puesto que centurias de abusos dieron un triunfo por sus derechos; pero las homenajeadas han tomado ahora el abuso contra los hombres, cualquiera sea su tendencia sexual. A mí me va que ambos, macho y hembra, tengan la misma protección. Aunado a esto, que se comprometan cada uno a velar por el otro y culear cuando sea. La India da la respuesta: el dios Shiva quería conocer el lado femenino de Krishna y este se le presentó tal cual, y se unieron en uno solo. Tantra: espiritualidad sexual pura. ¡Vuélvanse locas!

ÉPALE 311

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