Vuelven los grandes cacaos

Pero esta vez lo hacen, casi, desde el terruño de los productores de toda Venezuela hasta el centro de la capital. Se trata de un establecimiento comercial de nuevo cuño (Noble Chocolates), que aterrizó en el casco histórico de Caracas para ofrecer la variedad multicultural del considerado mejor chocolate del mundo, en sus distintas presentaciones

Por Marlon Zambrano • @marlonzambrano / Fotografías Jesús Castillo

“La variabilidad genética de los cacaos de Venezuela es, probablemente, una de las más grandes del mundo; en una misma finca uno puede encontrar hasta 10 clusters o familias genéticas diferentes que los convierten en un sabor único e inigualable”.

No lo dicen los administradores de Noble Chocolates, frente a la sede de la Sociedad Bolivariana, en la cuadra donde se haya la casa natal del Libertador, en el centro de Caracas. Ni siquiera te lo dicen los empleados, quienes se preguntan entre ellos si alguien los sondea, “¿cómo es que se llama el dueño?”.

Lo dice Moisés Gómez-Miranda, oficial de proyecto de la Organización Internacional del Cacao (ICCO), a la par que lo repite la experta francesa en chocolates finos Chloé Doutre-Roussel: “Venezuela tiene el mejor cacao del mundo”.

Pero como que no lo saben los potenciales compradores que ingresan desde las 8 de la mañana, cuando abren, hasta las 10 de la noche, cuando van cerrando para pasearse por su variadísima estantería, preguntar por los precios, sorprenderse con la variedad y salir disimuladamente, muchas veces con las manos vacías, por una cuestión de economía familiar.

Algunos de los visitantes informales introducen la puya política: “Estos son los chocolates bolivarianos”. Otros especulan: “¿Será verdad que por aquí siguen enterrados los restos del Libertador?”.

Chocolate 100% venezolano, puro —o casi—, con nuevos matices para el paladar

El concepto cultural del precio

Es, como advierte Maykol Salgueiro (gerente de operaciones), un tema cultural del consumidor venezolano: no solo se trata de chocolate totalmente criollo, sino de variedades de cacao que llegan a 100% de pureza (lo que implica menos azúcar), a la que no está acostumbrado el consumidor promedio, quien se habituó a ingerir el popular chocolate meloso y con leche. Además, agrega, se trata de producción “bean to bar” (del grano a la barra), que amerita no solo los nueve pasos básicos de producción del chocolate, sino el costo nacional de empaquetado y transporte. “Lo de los precios es un tema de conocimiento”.

Los precios: un concepto

Sorprende su vocación de anonimato: cuando abrió sus puertas, en octubre del año pasado, no hubo faustos ni fanfarrias. Simplemente, un buen día, donde antes conseguía bisutería y piñatas, la gente encontró un paisaje apetitoso, émulo de la fábrica de chocolates de Willy Wonka, pero a la venezolana.

Se desplegó un ramillete alucinante. Pocos caraqueños suponían la variedad de chocolates Venezuelanmade que se diluyen en la exportación, mientras el mercado interno se conforma con los clásicos (Savoy, por ejemplo) y los productos de importación.

La variedad de procedencias denuncia la multiculturalidad y riqueza de las gamas del cacao venezolano, con orígenes tan disímiles como Mérida, Río Caribe y Paria

Paria reina en sus presentaciones

Más que una chocolatería, Noble Chocolates parece un museo del paladar: la gente llega, hace un recorrido panorámico, ve las piezas como quien observa un Picasso (con distancia y categoría), se hace el selfi, marea con cualquier argumento a los dependientes y sale para extraviarse entre el adoquinado que pisaron Miranda, Ribas o el mismísimo Libertador.

Son más de 23 marcas, y sus variantes —como Santa Clara, Agua Fría, Mantuano, Dacao, +58, Sanders, Franceschi, Paria, El Rey, Cakawa, bombones Noble con sabores que van desde Ponche Crema hasta Mora Catara—, a precios que oscilan entre los 136.000 de un bombón y los 696.000 de una presentación de barra, por no hablar de las promociones en cajas de madera como suvenir para viajeros o frascos de vidrio (que ascienden a millones), para una clientela que aún se llena de asombros, atareada por el ritmo vertiginoso de la inflación, y que no deja de preguntar por los montos en divisa.

La variedad de procedencias denuncia la multiculturalidad y riqueza de las gamas del cacao venezolano, con orígenes tan disímiles como Mérida, Río Caribe y Paria, pasando por Barlovento, Cumboto, Cata y Choroní, y mezclas de gustos tan extravagantes como la sarrapia, el ají picante, la sal marina y la naranja confitada.

De paso, se expende una variedad importante de marcas reconocibles e igual de apetitosas como Galletón, Pirulín, Ríkiti, Ping Pong, Nucita, Flaquito, Marilú, etcétera.

La gente entra como a un museo: pregunta, se ancla frente a una pieza a observar, y continúa

El nuevo Centro

Son 120 m2 en dos niveles: planta baja (con exhibición y venta) y planta alta (donde pronto se instalará una pequeña manufactura de Noble Chocolates), enclavados en la antigua casa del solar de San Jacinto, propiedad del capitán Luis Blanco de Villegas en los días de la Colonia, que terminó convirtiéndose en una inmensa procuraduría de baratijas (sobre todo sus célebres piñatas) y fachadas en ruinas; hasta que el Gobierno Nacional, a través del GDC (Gobierno del Distrito Capital) y la Alcaldía del Municipio Libertador, decidió intervenir para concentrar en el cuadrilátero histórico un espacio con oferta cultural, comercial y de ocio similar a la mayoría de las capitales del mundo.

Prácticamente, Venezuela entera se exhibe a través del chocolate

Es un megaproyecto que, desde 2018, dinamizó la capital con un ritmo vertiginoso de visitantes y consumidores que no solo hacen turismo nacional, sino que le devolvieron el cariz cosmopolita al Centro donde se puede, nuevamente, pasear a la vera de la luz de la luna con seguridad y oferta de servicios.

La propuesta total busca recuperar 13.372 m2 del trazado urbano del centro, proyecto que se extiende a lo largo de 12 manzanas, desde La Hoyada hasta El Calvario

Lo explica Francisco Alvarado, gerente de Restaura YF C.A., empresa encargada de los trabajos de rehabilitación de la infraestructura patrimonial, misma que expropió el Estado venezolano para impulsar el proyecto denominado Revitalización de la Zona de Desarrollo Especial, Cultural, Turístico y Socioeconómico del Casco Histórico de Caracas, con la idea de promocionar a la ciudad desde el punto de vista turístico, histórico, comercial y socioeconómico.

“De aquí salieron todas las empresas y se fueron al Este, abandonando el Casco Histórico. La idea es crear una nueva cultura de servicios, donde las personas puedan empoderarse de los espacios físicos”, puntualiza Alvarado.

Puro bombón

El nuevo tramado viene desde el celebrado Páramo Café (un centro de referencia de la ciudad con un impresionante y permanente ajetreo comercial) y contempla la inminente inauguración de Llueve Flores del Centro (un local para la venta de plantas ornamentales), de nuevo la sombrerería Tudela (con la administración de su histórico dueño, por 57 años, don Juan Torres), Cosecha de Ron (venta de licores), Más Venezuela (suvenires), Casa Dona, Golfeados San Jacinto, Hamburguesería 20-20 y una gran plaza central con piezas museísticas de los vestigios que han ido desenterrando las excavaciones del viejo e inmenso complejo arquitectónico.

La propuesta total busca recuperar 13.372 m2 del trazado urbano del Centro, proyecto que se extiende a lo largo de 12 manzanas, desde La Hoyada hasta El Calvario.

Se integra a los trabajos de reapropiación de la plaza El Venezolano, el Pasaje Linares donde se vivió una experiencia surrealista de la Caracas del siglo XXI, con su techado de paraguas multicolores que incentivó el flujo turístico local de forma impactante y la cuadra contenida entre las esquinas de San Jacinto y Traposos, que incluye las fachadas del Museo Bolivariano, la Sociedad Bolivariana y la Casa Natal del Libertador.

Prácticamente, Venezuela entera se exhibe a través del chocolate

 

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