PICHON DE ORO

 

POR REINALDO GONZÁLEZ D./@ODLANIERØØ/FOTOGRAFÍAS ARCHIVO ÉPALE CCS

Es difícil saber si Aníbal Nazoa, visionario como lo fue, presintió la existencia de esta sección cuando hacía su programa radial La palabra de hoy. Lo cierto es que nos dejó definiciones fundamentales para orientar la ardua labor de estos pichones de sibarita.

“Se llama así (sibaritas) a las personas acostumbradas a vivir en medio del lujo y los placeres, para quienes la vida es puro regalo y se pueden aflojar el cinturón mientras los demás se lo deben apretar cada vez más. El sibarita se distingue por sus gustos refinados y la vasta cultura de que hace gala cuando de degustar los más ricos manjares y licores se trata”.

Pero para que no se nos subieran los humos —hay mucho desclasado y nuevo rico suelto por ahí—, también nos habló del término “pichón”, aplicado “cariñosa y nunca despectivamente a los estudiantes y en sentido general a las personas que todavía no han terminado su formación profesional”. Eso somos: aprendices del placer de comer y de compartir la experiencia, y así lo asumimos, conscientes de que cada crónica aparecida en este espacio es el retrato que hace una persona muy específica de un lugar muy específico en un momento muy específico, no una sentencia inapelable que busque consagrar o pisotear los esfuerzos gastronómicos que conviven en nuestra ciudad.

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