Yarumi González: creadora y emprendedora

Artivista, comunicadora, poeta y militante. Fue protagonista del III Encuentro de Mujeres Creadoras “en escena” y mantiene una presencia contundente en la escena artística venezolana, sin perder el pulso de la realidad-país

                                                            Por Marlon Zambrano@marlonzambrano                                                                Fotografías Jesús Castillo y Antonio Chinea@Axnonim

Yarumi González Nadales es promotora cultural, bailarina, actriz, artivista. Así la describen algunas sinopsis. Ella misma se define: “Soy una mujer venezolana, hija de profesores, de cierta forma siempre vinculada al ámbito educativo y académico. Estudié danza en la Universidad Nacional Experimental de las Artes. Me reconozco como bailarina, como escritora y poeta en mis mejores momentos”.

Quién sabe cuáles son los mejores momentos de una creadora, atravesada por la urbe, por las urgencias de la pandemia, por el temor (o no) al coronavirus.

Durante el III Encuentro de Mujeres Creadoras “En Escena”, que se realizó en Caracas del 1° al 8 de marzo pasado, antes de que sobreviniera la emergencia nacional por la pandemia, exhibió, posiblemente, uno de esos momentos: participó con dos obras de teatro; Tropical, creación de Igual a Uno Teatro, bajo la dirección del maestro Gregorio Magdaleno; y El tronco de un olivo, de Teatro Ceres, dirigido por Jericó Montilla.

Con esa impronta recorrió previamente parte de España, en 2019, donde triunfó en el sentido laxo de la expresión. Participó con Tropical, en el Festival Iberoamericano de Teatro Contemporáneo de Almagro y en la XXX Muestra de Teatro Latinoamericano de la Universidad de León, además de funciones en la Asociación Cultural Comediarte de Barcelona.

“Fue una experiencia brutal, gratificante y exigente por todo el ‘trabajo’ que implicó desde su gestación. Digo trabajo, entre comillas, porque esta palabra representa un sentido especial para la agrupación. Como agrupación entendemos que el proceso de creación es una totalidad que engloba y contiene tanto lo estrictamente escénico, como los insondables procesos interiores y la relaciones, tensiones y desafíos que presenta el contexto social. Por eso el viaje a España también fue un viaje por dentro para todas nosotras y nosotros, un escenario de autoconocimiento y hay muchas cosas que ni pueden explicarse”.

Durante esa experiencia, recuerda, surgió magia en cada rincón, la solidaridad fue infinita, “tanto nuestra gente en Venezuela como en otras partes del mundo”.

“Estando allá fluyeron más y más cosas, participamos en una residencia artística, tuve la oportunidad de ir a Euskal Herria (País Vasco) y a Málaga, tener encuentros con distintos colectivos que trabajan por la organización popular, la autogestión artística y la justicia social”.

Aprovechó, por entonces, para ser entrevistada para Cubavisión desde las vascongadas, donde conversó sobre Terra TV, un proyecto de televisora que acompaña procesos de organización campesina y urbana en Venezuela, para visibilizar el tejido social que se gesta en el marco de la Revolución Bolivariana, donde milita.

“En Terra TV fui una estudiante más, fue tremendo aprendizaje, me enamoré de la imagen y pude beber un sorbo de la riqueza y complejidad que implica hacer cine desde una visión popular, desde la educación popular. Poder ‘aprender haciendo’ y tener contacto con comunidades campesinas, donde se ve de cerca ese sentimiento y práctica de la resistencia amorosa. Agradezco mucho esa experiencia y estoy segura de que, desde allí, se está haciendo algo significativo para el movimiento popular”.

—Estás en una etapa de producción y emprendimiento, donde se elabora queso de cabra y artículos artesanales para enfrentar la rudeza de la cuarentena. ¿Cómo compaginas ese espacio de supervivencia con el de la creación?

—Para mí el arte es la vida y, más allá de lo que aparentemente es “arte”, creo que en todo lo que hacemos puede habitar un sentido de belleza, de conocimiento y de liberación. Estoy ahorita apoyando y aprendiendo de la familia @lechivita. La iniciativa vino por la necesidad de autogestión, por querer sembrar mis alimentos y aportar para mi familia extendida. Esta cuarentena ha sido un golpe duro y, como pueblo, como seres humanos, ingeniaremos salidas propias. En el espacio estoy aprendiendo y enamorándome de los animales (cabras, ovejas, perros, caballos), viendo que cada uno tiene carácter, tiene una presencia única y sentimientos. El trabajo es una fuente de poesía, hay que aprender a ver.

—¿Sientes, como mujer creadora, que están dados los espacios en Venezuela para que una artista y activista exprese su trabajo, tenga voz propia y sea escuchada?

—Los espacios se hacen, se luchan, no están dados por generación espontánea. Hay muchos espacios que por la jodida situación económica, por la desarticulación entre movimientos populares, por agotamiento, hemos cedido. Es algo angustiante. Sin embargo, todas y todos estamos tratando de dar lo mejor a pesar de nuestras limitaciones, incluso, a pesar de nuestras miserias humanas y a pesar de todas las contradicciones y la triste falta de autocrítica que podemos ver dentro del Gobierno.

—Artivista, militante, comunicadora, bailarina: ¿es una complejidad de miradas que constituyen la posible construcción de la mujer revolucionaria?

—Así es, sobre todo las mujeres nos estamos asumiendo en nuestras diferentes, pero integradas, facetas, reconociendo nuestros deseos, viendo la importancia que tiene empoderarse del deseo como motor de vida. Entiendo que emprender en colectivo es una posibilidad de liberarnos y que en todo lo que hacemos hay un hilo conductor: unas necesidades y también unos anhelos implícitos.

Yarumi: sentido de belleza, de conocimento y de liberación

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