Yulizay Rada: “El teatro ha sido sanador”

Esta joven actriz y artesana ha hecho de la creación artística su herramienta de militancia feminista para ayudar a las mujeres a empoderarse

Por María Eugenia Acero@andesenfrungen / Fotografía Jesús Castillo

—¿Cómo se define Yulizay?

—Yo me defino como una mujer creadora, productiva, solidaria y reflexiva. No tengo hijos y actualmente tengo un compañero. Estoy dando clases de teatro para la etapa básica en el colegio José Ignacio Cabrujas. Además, soy integrante de la Brigada Feminista Latinoamericana y pertenezco al Encuentro de Teatro Popular Latinoamericano. Tengo 36 años.

—¿Cuáles son tus áreas de creación? ¿Cómo ha sido tu experiencia creativa?

—Mi principal área es el teatro. Desde pequeña estuve en un proyecto llamado NAVE. Ahí desarrollamos dos musicales: Oliverio Migajita y Se llama Simón. Seguí desarrollándome en el área cuando salí del liceo para estudiar Educación mención Artes Escénicas en el Instituto Pedagógico de Caracas; paralela a esta carrera hice clases con la Escuela Nacional César Rengifo, donde estudié mención actuación. Tuve otra gran escuela que fue el grupo de teatro Ateneo Casa del Arcoíris y AIIVE. En Tepola que es el encuentro donde estoy haciendo parte de la organización de la actividad. Luego, me empecé a vincular con la Brigada Feminista Latinoamericana, donde estamos haciendo montajes con temática de género.

—¿Con cuál de tus vocaciones te identificas más?

—Mi madre es artesana y ella me ha enseñado parte de su conocimiento respecto al tejido. En realidad fue mi madre quien me metió a hacer teatro y artesanía. Cuando yo era chica, ella le hacía los vestuarios a la gente del teatro. Siempre estuvimos vinculadas con gente del arte y de la artesanía. He investigado en otras áreas, pero en lo que he profundizado más ha sido en el tejido. Trabajé un buen tiempo con los artesanos de Miranda, en el Centro Cultural San Benito. Allí hay una tienda artesanal del Colectivo Pariaguán, donde reciben piezas artesanales; yo me vinculé con ellos cuando vivía allá. Aquí en Caracas estuve relacionada con la Asamblea de Artesanos.  También estoy activa en la Casa Cultural Aquiles Nazoa. Ahorita hago mis piezas artesanales por encargo.

—¿Cuál ha sido tu aporte con tu quehacer?

—Una de las cosas que a mí me ha gustado es socializar el conocimiento que poco a poco he venido adquiriendo, además de organizarme para eso con las personas que estén vinculadas al área, para que tengan el mismo objetivo.

—¿Cómo llegaste al feminismo?

—La mayoría de mi familia está conformada por puras mujeres. Nosotras somos cuatro hermanas. Creo que el reencontrarme con mi familia femenina me hizo entender las desigualdades que hay en el sistema capitalista; confrontarme con la realidad me hizo accionar. Cuando uno visualiza la situación, reflexiona y acciona con eso. Como mi área ha sido el teatro y la artesanía, he llevado el conocimiento y he visibilizado la realidad respecto a la desigualdad, el racismo, la xenofobia y el machismo.

—¿Cómo ha sido tu experiencia con el teatro?

—El teatro ha sido sanador. Ha sido un compañero, una bandera de lucha, mi forma de comunicación. Por el teatro es que yo me muevo y ha sido mi forma de vincularme. Aunque la militancia para mí ha sido importante, he convertido el teatro como forma de militar.

—¿Tenemos cultura de teatro?

—Sí, hay público de teatro; hay gente que va al teatro. Que no sea la misma cantidad que va al cine es diferente. Gracias a la apertura de los espacios públicos, el teatro se masificó. Una pregunta que siempre ha existido respecto al teatro es: ¿qué va a pasar con el teatro de calle? El teatro de sala tiene una estructura y unos requerimientos ya concebidos. En cambio, el teatro de calle es diferente. Tiene todos los requerimientos, pero hay poca gente de teatro de calle trabajando. En las reuniones que hemos hecho, desde que yo estoy haciendo teatro, se ha dado ese debate. El teatro nace de un espacio abierto, de un ritual. Hay que fortalecer esa nueva vanguardia de hacedores de teatro para que tomen las calles como espacios de expresión. No sólo se trata del espacio físico, sino que se tomen los espacios públicos. Aunque se ha fortalecido el teatro en las barriadas, el teatro de calle es el que llega a las comunidades, adonde no llega el teatro convencional.

—Cuéntanos tu experiencia con la Brigada Feminista Latinoamericana

—Ha sido enriquecedora por la forma en la que hemos estado trabajando. Tratamos de mantener la colectividad en los procesos de creación y de investigación. Tocar el tema de la violencia y la igualdad de género es completamente reflexivo. Una tiene que autoanalizarse y ver dónde está plasmada esa violencia, para partir de lo vivencial. He estado vinculada directamente en la creación teatral y una de las características del teatro es que podemos crear cualquier tipo de personaje. Cuando uno empieza a construir ese personaje u obra de teatro, se empieza a narrar la cotidianidad de nuestras mujeres; las que son reprimidas, nuestras niñas. El sistema patriarcal golpea muy fuerte a las mujeres porque tenemos que hacer muchas cosas a la vez: ser madres, hijas, esposas, etcétera. En el proceso de investigación y creación se visibiliza también hacia adentro, no hacia afuera. Eso es lo que uno quiere cuando el público te ve: que se genere una reflexión para que ese público vaya a sus casas a plantearse cosas; lo mismo sucede con nosotros cuando se dan esos momentos. Nosotras hemos hecho varios montajes, entre esos: Subasta de vaginas, de creación colectiva. En ese montaje, ambientado en un bar, nosotras tratamos varios tipos de violencia. Ese montaje es fuerte. Naturalizamos la violencia de tal forma que permitimos que exista en nuestras vidas. La naturalizamos porque culturalmente nos enseñaron a obedecer y a ser sumisas; aún seguimos manteniendo una sociedad costumbrista y machista, a pesar de que se ha trabajado por potenciar y visibilizar a la mujer, falta mucho por hacer. Chávez hizo un buen trabajo devolviéndonos la voz y el poder a las mujeres.

—¿Qué logros has conquistado en tu militancia?

—Personalmente, empoderarme de mi ser y aceptarme como soy. En lo familiar he mejorado mis relaciones femeninas en la familia.

—¿Qué te falta por lograr?

—¡Mucho, mucho, mucho! (risas). Uno no quisiera ver tantas injusticias.

—¿Cómo ves el feminismo en Venezuela?

—Siento que ahorita el feminismo en Venezuela es una gran mano de apoyo a las mujeres.

—¿Qué mensaje deseas darle a la comunidad de Épale CCS?

—Sólo juntos y juntas lograremos lo que queramos.

Yulizay en la obra La Santa Panocha

ÉPALE 379