Yurbin Aguilar: No hay mujer en el mundo que no haya sido objeto de violencia

Yurbin Aguilar trascendió la violencia misógina en rebeldía y, desde su trinchera, acompaña a mujeres violentadas a que recompongan sus piezas y empiecen una nueva vida

Por María Eugenia Acero Colomine • @Andesenfrungen / Fotografía Michael Mata

Para el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer el equipo de ÉpaleCCS decidió, de manera unánime, entrevistar a una mujer que hubiera sido víctima de un episodio de agresión. Lamentablemente, la convocatoria no tuvo resonancia, a pesar de haber ofrecido cambiar los nombres de la posible entrevistada o no mostrar su rostro. Quedamos con la sensación de que es un gran tabú en Venezuela mostrar de frente las heridas que deja la violencia machista. A pesar de los avances, sigue pareciendo bochornoso exponer una realidad que golpea doblemente, no sólo por lo cruel, sino por lo absurdamente cotidiana.

Así que, en equipo, decidimos consultar a una militante especialista en violencia de género, que nos compartiera su experiencia. Yurbin Aguilar, psicólogo clínico y magíster en Estudios de la Mujer, ha participado en diversos programas del Centro de Estudios de la Mujer y una de las autoras del libro Araña y Waika palabras y dibujos, recientemente presentado por la Librería Digital de la Fundación para la Comunicación Popular CCS. Yurbin es una guerrera feminista que ha llevado su militancia a lo más profundo de su congruencia, por trabajar directamente con mujeres maltratadas y, además, hacer trabajo de investigación y formación desde un feminismo analítico y crítico ante la violencia patriarcal.

—¿Cuáles han sido los retos más fuertes en la lucha por la protección a la mujer?
—Aún sigue siendo un reto fracturar el mundo simbólico de la dominación patriarcal que naturaliza la opresión de las mujeres, la inferiorización de todo lo considerado femenino y la violencia estructural que se requiere para someter y reducir a las mujeres a la condición de objeto de uso y complacencia.
Ese mundo simbólico lleva a la inadecuada implementación de leyes, políticas y programas de protección y de defensa de los derechos de las mujeres.

—¿Cómo ves a Venezuela en el tema de violencia de género en relación con otros países?
—Todos los países tenemos avances, estancamiento y retrocesos en materia de prevención, atención e investigación ante la violencia de género y, en general, en todo lo que tiene que ver con los derechos humanos.

Esto se debe a la hegemonía cultural de dominación (capitalista, racista y patriarcal), ya que no tiene como centro sino los privilegios e intereses de quienes se han apropiado del poder usado para la dominación.

Como esa es la estructura imperante se permiten algunos avances para que funcionen como propaganda, pero la esencia deshumanizada y egodistónica impera.

La Venezuela revolucionaria no escapa al peso de la historia ni de la cultura imperante, aunque se hacen avances formales: institucionalidad, leyes, proyectos, programas y misiones.

—¿Cuáles han sido los mayores logros que se han conquistado en este tema?
—La ley orgánica, la institucionalidad especial en el área legal, un mayor posicionamiento del cuestionamiento de esta violencia en los espacios públicos.

—¿Cómo ves a la mujer venezolana hoy en día?
—Somos las mujeres venezolanas, no la mujer. En esa diversidad de condiciones y posibilidades tenemos, por lo menos, dos grandes grupos: las citadinas y las de las áreas rurales. Las citadinas tienen mayor información y posibilidad de participación pública, lo que nos empodera a unas y a otras las pone en mayor riesgo, porque los maltratadores recurren a mayores niveles de violencia para evitar la autodeterminación de la mujer que consideran su propiedad, “mi mujer”.

En las zonas rurales e indígenas las mujeres y los hombres están más atrapados en los roles tradicionales de género, en las jerarquías de género y en la violencia que se requiere para mantener la opresión

Así, también tenemos diversidades de ser mujer transversalizadas por las clases sociales, las preferencias sexuales y rasgos raciales.
Desde esa diversidad veo a las mujeres venezolanas experimentando diversas formas de expresión de la opresión de género, en diferentes niveles de resistencia, cuestionamiento y transformación individual (y algunas colectivamente) de esa opresión estructural.

—¿Has llegado a sufrir algún evento de violencia en ti o alguien cercano? De haber sido así, ¿cómo lo superaste?
—No hay una mujer en el mundo que no haya sido objeto de alguna forma de violencia de género es su vida.

La forma de superarlo, en mi caso, pasó, y pasa, por la rebeldía; luego, por la formación y el análisis personal. A lo que se le ha ido sumando el socializar, formar, orientar y atender a hermanas que atraviesan por violencia basada en genero; por el activismo y la investigación ante violencia basada en género (VBG )

—¿Qué opinas de la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LODMVLV)?
—La LODMVLV es un instrumento jurídico de avanzada y lo sigue siendo, a pesar del tiempo que tiene desde su formulación y modificación. Esto es de señalar, ya que toda obra humana es transformable dado los cambios socioculturales que se producen.

Creo que en estos momentos el problema de la Ley no es su formulación, sino la interpretación y aplicación que de ella hacen las instituciones, sus funcionarias y funcionarios inmersos acríticamente en el mundo simbólico de la dominación patriarcal. Lo que les lleva a una acción equivocada, que responde no al espíritu de la Ley, sino al conservadurismo de creencias (mitos) y valores patriarcales (la mujer es una falsa, exagerada, culpable hasta que se demuestre lo contrario; exagera lo ocurrido para quedarse con los bienes. El agresor: un pobre y enfermo hombre que fue llevado al borde por la conducta desobediente de esa mala mujer, que se resiste a cumplir el rol que le corresponde; hombre que no sabía lo que hacía, pues el dolor, o el alcohol u otro elemento lo cegó, etc.).

—¿Qué mensaje deseas darle a la comunidad de ÉpaleCCS?
—Todas y todos, por razones históricas y universales, estamos convocados y convocadas a la transformación, a trascender la barbarie opresiva para nuestra humanización. Humanización que pasa por superar el considerar a las otras personas en su diversidad como inferiores y, desde allí, abusar de ellas.

Resistirse a nuestra humanización, persistir tercamente en el individualismo, el ventajismo y los abusos de la dominación, es alejar el bien colectivo, que es lo que asegura la vida en el planeta. Entonces, a las lectoras y lectores de ÉpaleCCS les invito a trabajar consciente y autocríticamente en su propia humanización y la del colectivo de pertenencia.

ÉPALE 392