Zurdos del mundo, uníos

Por Marlon Zambrano @marlonzambrano / Ilustración Erasmo Sánchez

Hay una épica del zurdo un poco ostentosa: que si Dios es zurdo, que si lo fueron Einstein, Aristóteles, Beethoven, Juana de Arco, Kafka, Da Vinci, Maradona, Morgan Freeman, o sea.

Se dice que el zurdo es más inteligente, tiene mayor sensibilidad, una capacidad innata para el pensamiento holístico porque domina el hemisferio cerebral derecho, etcétera.

Todo eso se ha mediatizado profusamente en los últimos tiempos, en una cruzada reivindicativa de la condición que por siglos resultó más bien un problema grave. Antes, ser zurdo era casi pecado venial. Se era siniestro, raro, diferente, más bien diabólico, lo cual te hacía propenso al rechazo social y la carga punitiva que te sometía al escarnio y el castigo, incluso con la muerte, si no eras capaz de cambiar a tiempo y arrepentirte públicamente de cojear de esa mano.

No sólo se es zurdo biológico, se es también en lo idelógico: el izquierdoso, progre, rebelde, insurgente, alzao, el zurdo por fuerza emocional e intelectual.

El siniestro consentido, Hugo Chávez: un zurdo físico, espiritual y dialéctico, con la mano con la que vino a cambiarlo todo, quien miraba el asunto desde otra prespectiva; cuando los derechos decían que todo andaba bien hasta que el izquierdoso se dio cuenta de que, al contrario, todo estaba muy mal.

Chávez contó muchas veces que el hecho de ser zurdo fue definitivo para su escalada en el horizonte de la política venezolana. Por sus dificultades para seguir pichando a lo zurdo, debido a una lesión del manguito rotador, debió pasarse al bate, donde resultó un fenómeno que le garantizó su acceso a la Academia Militar.

Le dijo a Ignacio Ramonet: “Si yo no hubiera podido batear en buenas condiciones —cuando lo mío era pichar— no entro en la Academia. Ser zurdo también me ayudó; porque Héctor Benítez me anotó en su cuadernito: ‘Estamos buscando a un bateador zurdo. Así que lo vamos a recomendar; preséntese aquí en ocho días’. Si por alguna casualidad yo no hubiese sido zurdo y hubiera fallado los tres batazos, me sacan. No hubiese ingresado en la Academia. No sería lo que soy y no estaríamos hablando de Revolución Bolivariana”.

Cada 13 de agosto se celebra el Día Internacional del Zurdo, una fecha en la que se busca el reconocimiento frente a un mundo que le desprecia por sospechoso, o simplemente se la pone más difícil en lo concreto.

Los artilugios de la modernidad no van con uno el zurdo: el abrelatas y los pupitres del salón están hechos para diestros; las tijeras, los cuadernos. El reloj es para derechos, según una norma no escrita que todos pretenden cumplir a rajatabla, menos la alcaldesa de Caracas, Erika Farías, quien para solucionar el dilema se monta un reloj por cada muñeca, por rebelde, es decir, por zurda.

Apenas un cuarto de la población nace zurda, aunque se cree que si no existieran presiones culturales, el número de zurdos sería mayor a escala mundial.

El zurdario de Ned Flanders (el de Los Simpsons) fracasó, pero por la cizaña de Homero.

Lo gritaba el otro día otro militante de la causa, Enrique Hernández, no el poeta, sino el fotógrafo, aunque también es poeta: “El zurdo sufre”; otra zurda, María Acero Colomine, y quien escribe, zurdo hasta los huesos, volteamos a la vez como si sintiéramos consuelo cuando nos juntamos.

ÉPALE 385

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