117 años de aplausos

Este once de junio el Teatro Nacional, celebra un nuevo aniversario, brindándole vida cultural a la capital

                        Por María Eugenia Acero Colomine • @mariacolomine                               Fotografías Alexis Deniz • @denizfotografia

Uno de los monumentos que le dan vida y esplendor a la capital es el Teatro Nacional de Caracas. Esta construcción, de modelo afrancesado, ha recibido a toda clase de agrupaciones artísticas que se han desplegado para regalarnos arte, cultura y conocimiento. El rincón donde se asienta el Teatro Nacional, también es un refugio que embellece la avenida Lecuna y los predios de la iglesia Santa Teresa, de Miracielos a Cipreses, a una cuadra de la estación Teatros del Metro.

El techo del teatro representa a la principales artes

El Teatro Nacional, es un símbolo importante de la cultura de nuestra ciudad. Desde su construcción en 1904, a manos del arquitecto Alejandro Chataing, ha sido testigo del acontecer artístico caraqueño por 117 años. Su delicada arquitectura ha podido resistir los embates del tiempo, ofreciéndole al público y a los artistas, un viaje en el tiempo a una época pasada llena de elegancia y esplendor. El Teatro Nacional fue inaugurado el 11 de junio de 1905 con una hermosa gala de zarzuela, y con una programación que en poco tiempo le quitaría gran protagonismo al Teatro Municipal, no sólo en zarzuela, sino también en ballet y ópera.

La construcción de este teatro data del 1904, durante el gobierno del general Cipriano Castro. Su diseño fue encomendado al arquitecto Alejandro Chataing, en colaboración con el arquitecto J.M. Rosales Bosques, y los ingenieros E. Ocanto y Rafael S. Sordo.

La ornamentación del teatro estuvo a cargo del ebanista maestro Jiménez. El modelaje de la boca de escena con sus figuras alegóricas, es obra del artista Musbú Jacquín. Al pintor Antonio Herrera Toro, le fue encomendada la elaboración de la superficie pictórica del plafón, obra académica en la que están representadas cuatro musas, Terpsícore, Euterpe, Melpómene y Talía: la danza, la música, la tragedia y la comedia, respectivamente.

El color anaranjado de la fachada ha despertado polémica

El edificio del Teatro Nacional, ha sido sometido a diversas etapas de restauración y remodelación, en los años 1949, 1967, 1992 y 2005. Esta última se culminó para su reinauguración en 2010. Y en la misma se eliminó el techado de entrada (originalmente en rejería y cristalería art nouveau), y se sustituyó el color crema por un color naranja en sus paredes externas, lo cual ha dejado un sinsabor a los estudios del patrimonio, y la arquitectura histórica de Venezuela.

Ha sido escenario de grandes eventos y acontecimientos culturales. Fue declarado Monumento Nacional, según Gaceta Oficial: Nº 31.678 del 16 de febrero de 1979. El Teatro Nacional tiene una capacidad de 664 puestos en total, que se distribuyen en los dos pisos del espacio. Hay localidades laterales y a lo alto, resguardadas por pequeños balcones que le dan un toque decorativo elegante. Dicen los empleados del teatro, que en ocasiones se aparecen los fantasmas de una novia y una niña por las instalaciones: “Es que dicen que el teatro fue construido sobre un cementerio”, comenta Audry, una de las productoras del recinto.

Vista y fachada principal de Teatro Nacional en 1905

Algo de historia

De acuerdo con el Centro de Investigación y Documentación de Historia Local Alejandro Hernández de la parroquia San Agustín, bajo la coordinación del profesor, historiador y cronista, Agapito Hernández, el Teatro Nacional surge como un deseo desesperado por tener un espacio para las tablas.

En los primeros años del presente siglo y durante el gobierno del General Cipriano Castro, se decretó la construcción de un nuevo teatro para Caracas, en virtud, de que hacía falta para que autores y actores venezolanos encontrasen el medio adecuado para exhibir sus habilidades, y expresar el fruto de su inteligencia, según el Decreto del Ejecutivo, que lleva fecha 23 de junio de 1904. Este nuevo coliseo se denominó Teatro Nacional, con intención, seguramente, de acentuar su origen y propósito nacionalista.

El Teatro Nacional surge como un deseo desesperado por tener un espacio en Caracas para las tablas y la labor teatral

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Parece ser, según consta en las crónicas de la época, que agotados todos los esfuerzos de Don Cipriano Castro para adquirir el Teatro Caracas, mediante repetidas ofertas, hechas a sus dueños, señores Boccardo y Ramella, dispuso la edificación de la nueva sala. Tomaron parte en la construcción del edificio el arquitecto Alejandro Chataing, autor de los planos y a quien se le encomendó la ejecución y dirección de la obra; el afamado pintor Antonio Herrera Toro, el escultor español Ángel Cabré y el maestro ebanista venezolano Jesús María Jiménez. Se construyó el edificio, cuyo estilo fue definido como correspondiente a la arquitectura moderna francesa, sobre un terreno adquirido en veinte mil bolívares, con una superficie total de un mil trescientos diez metros cuadrados distribuidos así: vestíbulo; y el escenario, cuatrocientos ochenta y cinco metros cuadrados.

El Teatro Nacional surgió cuando el Teatro Municipal llevaba un cuarto de siglo de existencia. El Teatro Caracas tenía veinte años de construido. Es de recordar que este desaparece en 1919, debido a un incendio que lo devoró; estaba situado entre las esquinas de Veroes a Ibarra. Vale la pena tener presente a los músicos que integraban la orquesta que actuó en la función inaugural, figuraban los profesores: Vicente Martucci, Francisco de Paula Magdaleno, Manuel Lagonell, Pedro Arcilago, Leopoldo Montero, Pedro Izquierdo y otros.

Casa del teatro

Las butacas, 664, le dan vida al Teatro Nacional

La actriz y dramaturga Jericó Montilla fue responsable del Teatro Nacional, y nos comparte su experiencia: “El Teatro Nacional es una de las edificaciones patrimoniales más importantes de nuestra ciudad. Ha sido una de las casas naturales para el desarrollo del teatro como tal, a diferencia del Teatro Municipal, que por mucho tiempo se inclinó más hacia la ópera y el ballet. El Teatro Nacional, desde los años ochenta para acá, fue la casa de la Compañía Nacional de Teatro. Uno de los objetivos que tuvimos desde 2018 fue otorgar coproducción de los teatros municipales a compañía estables. Yo siendo parte de la directiva del Circo Nacional de Venezuela, se me otorga la concesión para encargarme de la programación y la dirección general del teatro. Era una iniciativa súper acertada, que rememora lo que el maestro Ugo Ulive hacía. Una de las luchas es que la Compañía Nacional de Teatro vuelva a su espacio natural. Todavía tenemos que seguir luchando para que sea así”.

“El teatro estuvo cerrado por casi dos años por la pandemia, pero logramos recibir a las agrupaciones de cualquier tipo para que se hicieran temporadas de teatro, danza, circo y conciertos. También abrimos el espacio para que las agrupaciones ensayaran”.

“También reabrimos el programa Mi escuela va al teatro, antes de la pandemia. Las escuelas aledañas de la parroquia asistían a una obra, y también a conocer las instalaciones, y la historia del teatro con un guía. Así, los niños se apropiaban de la instalaciones, y el teatro se abría a la comunidad”.

Para enfrentarse a un espacio como ese, se requiere de atención exclusiva, que el Estado invierta con un presupuesto anual, se requiere un máximo de promoción y difusión

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El Teatro Nacional se prepara para el Festival Internacional de Teatro

“Tuvimos una cantidad de proyectos formativos y talleres, no solo de teatro sino danza, circo, todo tipo de baile: danza folklórica, moderna. Existió un proyecto piloto de la Escuela de Teatro Juvenil Aura Rivas, que tuvo que pararse con la pandemia, donde habían casi treinta estudiantes entre quince y veintidós años. Con ellos hicimos muestras creativas en diferentes espacios de nuestra ciudad. Hubo una afluencia de público bastante importante, teniendo en cuenta nuestra debilidad en cuanto a la promoción y difusión de nuestros espectáculos”.

“Es una gran responsabilidad dirigir un teatro patrimonial de una ciudad capital, con recursos limitados, y con ciertas condiciones que respetar: el espacio no puede sufrir modificación, ser bastante selectivos en la programación. Es un reto dirigir y generar políticas en un espacio como ese. El tema de la pandemia jugó en contra. Para enfrentarse a un espacio como ese, se requiere de atención exclusiva, que el estado invierta con un presupuesto anual, se requiere un máximo de promoción y difusión. El teatro está encaminado a un nuevo período en el que abrió sus puertas al sector cultural”.

Betty Martínez cambió la danza por el manejo de la infraestructura del teatro, donde se desempeña como productora. Afirma con entusiasmo: “Esta es una experiencia que me ha nutrido  mucho a todo nivel, ya que aprendo continuamente. Con cada agrupación que se presenta, yo crezco, ya que todos ponemos de nuestra parte para montar las obras. Ahora nos estamos preparando para el Festival Internacional de Teatro, y estamos optimizando las instalaciones del teatro”.

ÉPALE 464